La piedra en el zapato

Después de transcurrida más de una década y media de una larga y aleccionadora oleada de gobiernos progresistas en América Latina, llegamos a esta instancia con más de un interrogante sobre el camino recorrido y el que nos queda por delante. Interrogantes que se han ido consolidando como piedritas en nuestros zapatos, que nos entorpecen la marcha. Es tiempo impostergable de sacarlos a la superficie, hacerlos visibles, debatir sobre ellos sin concesiones.

En la Argentina estamos en los días finales del último de los tres gobiernos consecutivos que encabezaron Néstor y Cristina Kirchner. Con cuanta continuidad y/o ruptura nos castigará o beneficiará el destino en los próximos cuatro años, nadie lo sabe. Probablemente ni los mismos que están protagonizando el final de este tercer acto, ni los que pugnan por ser intérpretes principales de la próxima función. Ni siquiera tienen certeza de cuál será el título principal, ni el de cada acto de la nueva obra que quieren instalar en el gran escenario.

En el marco regional atravesamos un período de ajuste a la baja de las economías nacionales, influenciadas por un contexto global que está cambiando negativamente para las exportaciones de nuestros países. El descenso de la actividad económica se hace sentir sobre los ingresos de los trabajadores y sectores populares, que pueden perder parte del poder adquisitivo recuperado en los últimos años. Por su lado las derechas políticas locales, que siguen empeñadas en un difícil proceso de renovación, vienen remontando el profundo desprestigio a que habían sido arrastradas por el hundimiento de las políticas neoliberales de la década del noventa.

Los problemas económicos a su vez desnudan los límites políticos de las administraciones que llegaron como parte de la ola de gobiernos post neoliberales, inaugurada por el triunfo de Hugo Chávez en 1998. Límites para producir transformaciones en las estructuras productivas que continúan siendo principalmente proveedoras de materias primas de bajo valor agregado en el mercado mundial. Todo lo cual vuelve a poner la suerte de nuestros desarrollos nacionales a merced de los vaivenes, voluntades y necesidades de las potencias centrales, que ahora han incorporado a China entre sus referentes fundamentales. Esto trajo serios inconvenientes para hacer crecer el empleo bien remunerado y sustentable, en la misma proporción que el incremento que tuvo en este período el Producto Bruto Interno de nuestros países, lo que implica importante continuidad de la desigual distribución del ingreso heredada. Persisten también las barreras para abordar con decisión, los problemas de corrupción al interior de nuestros estados, que también involucran a miembros agregados por las gestiones actuales. Esto viene de la mano de las debilidades en las construcciones políticas identificadas y comprometidas con estos procesos.

Negar que estas dificultades que se vienen agudizando, se potenciaron por importantes desaciertos gubernamentales cometidos en estos años, y defender ciegamente todo lo que se hizo y se sigue haciendo, conduce a reiterar caminos políticos equivocados. Entre otros, el que intenta dividir, tajantemente y sin beneficio de inventario, los campos entre los que están a favor y en contra, colocando entre los “funcionales al regreso del neoliberalismo” a todos los que analizamos estas realidades con una perspectiva crítica y autocrítica, buscando señalar aspectos que creemos que hay que modificar para profundizar estos procesos en un sentido progresista. Tampoco refleja lo que nos sucedió y sucede, la negación lisa y llana de los importantes cambios operados en la región, que en términos generales mejoraron la situación de nuestros pueblos, a la vez que se empeñaron esfuerzos más o menos exitosos por construir modelos pos neoliberales, que buscaron y consiguieron la recuperación conquistas populares cercenadas en las décadas anteriores, y consiguieron nuevos logros en el terreno de los derechos de los trabajadores, los jóvenes, las mujeres. Aunque con limitaciones a la hora de medir sus resultados efectivos, se revalorizó el indispensable rol del estado como instrumento de reasignación de ingresos, que puso freno a la voracidad de los monopolios que operan a través del libre mercado; se instalaron estados plurinacionales que representan la cosmovisión de los pueblos originarios; se dieron importantes pasos adelante en el terreno de la conciencia ambiental, y en el reconocimiento de la diversidad de género y la pluralidad cultural.

En esta región donde la ofensiva neoliberal de los noventa fue particularmente dura, pudimos enfrentarla alcanzando éxitos importantes, transformando los iniciales desconciertos en aciertos sustanciales, porque aun en las condiciones de mayor debilidad política y social del Siglo XX para los trabajadores y los sectores populares, fuimos capaces de unir fuerzas en la lucha, a pesar que en muchos aspectos podíamos tener interpretaciones diferentes de lo que estaba sucediendo, y de lo que había que hacer para encontrar la luz al final del túnel. Expresiones de esa unidad en la diversidad que supimos conseguir fueron entre otras, el Foro de San Pablo, el Foro Social Mundial y la Campaña Continental contra el ALCA.

Los que hoy empezamos con esta publicación, fuimos, somos y seremos parte de estos procesos y nos sentimos orgullosos de haber realizado los mayores esfuerzos para aportar desde nuestras posibilidades.

Llegamos hasta aquí con muchos interrogantes y convencimientos acumulados, con variadas dudas y algunas certezas. Pero no estamos en condiciones de detenernos para hacer los balances necesarios, tenemos que hacerlos sobre la marcha.

Seguimos caminando aún con piedras en los zapatos, que molestan al andar. Lo que pretendemos aquí, es sacarlas afuera, hacerlas visibles, convertirlas en preguntas, y si es posible ensayar respuestas que seguramente serán parcial o totalmente equivocadas. Y no estamos haciendo un ejercicio de falsa humildad, sino que creemos que necesitamos abarcar una diversidad de aspectos de la realidad desde un amplio espectro de ideas y concepciones, abordadas desde múltiples disciplinas. Ideas que coincidan y otras que polemicen entre sí, concepciones que marchen por caminos paralelos, que en algún momento puedan cruzarse o quizás no. Queremos escuchar y aprender todo lo que podamos, incorporar argumentaciones y propuestas fundamentadas que escapen a la cultura movilera, a las rápidas e ingeniosas respuestas que buscan hacerse conocidas en sus cinco minutos de fama.

La realidad viene cambiando rápidamente, pero contiene elementos del tiempo pasado que es indispensable conocer, analizar, visibilizar en su continuidad actual.

El presente siempre es negación y confirmación de los que nos pasó. Quizás por eso no es fácil aprehenderlo en toda su complejidad. Por eso hay que tomarlo pensando que allí siempre hay algo o alguien que trata de engañarnos, que nos oculta, que nos tiende trampas para que no podamos entenderlo nunca en todos sus pliegues. Pero sabemos que si no llegamos a conocerlo en profundidad, en definitiva no podremos cambiarlo. Por eso volvemos una y otra vez, a tratar de sacarnos las piedras de los zapatos que nos impiden marchar con la fuerza necesaria para superar los más duros obstáculos que tenemos por delante.

Y desde estos límites queremos mirar lo que sucede y tratamos de ver lo que nos va a pasar en nuestros países, para buscar caminos que nos permitan romper las losas que nos siguen empujando a vivir en los bordes. Nos parece inútil la polémica entre los sordos que reducen las discusiones a si es poco o mucho el camino que se recorrió desde principios de siglo. Es imposible que los debates aporten ideas que fructifiquen en nuevos y superadores posicionamientos si pensamos que todo o casi todo lo realizado desde principios de siglo a la fecha por los gobiernos de la región está bien, o todo o casi todo está mal. Los debates en clave de antagonismos entre populismo o república; democracia o autoritarismo; ortodoxia o heterodoxia; capitalismo (¿andino u otro?), o socialismo (¿del siglo XXI o comunitario?); extractivismo o ambientalismo colonial, etc., sin rastrear los contenidos que emergen de las experiencias de las últimas dos décadas, ubicadas en un contexto global que no ha dejado de transformarse en este mismo período, corre el serio riesgo de ser una discusión sin resultados que puedan mejorar lo que venimos realizando.

Es indispensable que el pensamiento crítico que asumamos recorra nuestro camino colectivo, para desarrollar las construcciones teóricas con las que intentamos entender nuestra propia práctica.

La Piedra en el Zapato. Octubre 2015.