Un recorrido por las culturas populares: Los inicios del Rock Argentino y la generación de los ´60 y ´70

Escribe Juan Manuel Rueda.

“La cultura popular es uno de los escenarios de esta lucha a favor y en contra de una cultura de los poderosos: es también lo que puede ganarse o perderse en esa lucha. Es el ruedo del consentimiento y la resistencia. Es en parte el sitio donde la hegemonía surge y se afianza”

Stuart Hall

“…¿Cuándo se puede hablar de la existencia de una nueva generación? Cuando en la orientación y práctica de un grupo de seres humanos unidos más que por una igual condición de clase por una común experiencia vital, se presentan ciertos elementos homogéneos, frutos de la maduración de nuevos procesos antes ocultos y hoy evidentes por sí mismos. No siempre en la historia se perfila una nueva generación. Pero hay momentos en que un proceso histórico, caracterizado por una pronunciada tendencia a la ruptura revolucionaria, adquiere una fuerza y una urgencia tal que es visto y sentido por una capa de hombres en los que sus diversos orígenes sociales no han logrado transformarse aun en concepciones de clase cristalizadas y contradictorias.

¿Se está produciendo este fenómeno en nuestro país? Creemos que sí. Basta observar con un mínimo de atención una amplia escala de hombres que van de los 25 a los 35 años –reconociendo empero cuando de aproximativo hay en la estimación- para comprender que tienen algo en común. Que los une el mismo deseo de hacer el inventario por su cuenta, que desean ver claro y para ello apelan a la franqueza rechazando la demagogia, la grandilocuencia, las mentiras, el disfraz de una realidad que comienzan a desnudar y a comprender en su dialéctica complejidad. Que más que las palabras les interesan las esencias, los contenidos. Una generación que no reconoce maestros, no por impulsos de simplista negatividad, sino por el hecho real que en nuestro país las clases dominantes han perdido hace tiempo la capacidad de atraer culturalmente a sus jóvenes, mientras el proletariado y su conciencia organizada no logran aun conquistar una hegemonía que se traduzca en una coherente dirección intelectual y moral…”

José Aricó, Pasado y Presente N° 1, Abril 1963.

El fin de la niñez, el principio de la juventud

Primeros pasos del rock nacional (Primera parte)

Lo que viene a continuación es un trabajo en tres partes, que indaga acerca de fenómenos culturales contemporáneos -y del rock como género en particular- enmarcándolos en los procesos políticos, sociales, económicos y culturales en que están inmersos.

Al final de la segunda mitad de la década del 60’ la juventud argentina inaugura una nueva etapa. Esta se caracteriza por tenerla por primera vez como sujeto de cambio de nuestra historia. Las diferentes clases o fracciones de clases se aliaban o confrontaban a través de sus juventudes y al interior de las mismas mediante nuevas representaciones políticas, comenzaban una disputa generacional como nunca antes. Nuestros pibes ya no sólo exigían que se los reconociera como sujetos sino que reclamaban el un rol protagónico.

Esta novedad, obviamente, encuentra su reflejo en la cultura y es el rock el catalizador de la misma, dando origen al género que llamamos rock nacional. No es que no se hiciera rock, pseudo rock o su hermano bobo (pop) antes por nuestros pagos. Sandro y los de Fuego, El Club del Clan y otras yerbas venían arrimando el bochín, pero a fines de esta década surge lo que podemos llamar rock de argentinos pensando en la realidad Argentina y fundamentalmente con ganas de modificar esta realidad.

Es importante destacar que los jóvenes que formaban parte de organizaciones políticas, confrontaron en un primer momento con el rock considerándolo un agente foráneo y volcaron su oído al folclore y a la trova. En realidad, como veremos más adelante, eran muchos de nuestros roqueros los que buscaban representar musicalmente las tendencias revolucionarias de nuestro País a pesar de la resistencia de los militantes. Sobran los ejemplos de ese primer desencuentro, como el de Spinetta subido al acoplado de un camión para festejar el triunfo de Cámpora y expulsado de una agrupación de la Juventud Peronista (J.P) por fumar mariguana o Litto Nebbia casi acusado de ser agente cultural ingles para luego componer “Quien quiere oír que oiga”

Es por allá en los últimos tres o cuatro años de la década del 60’ que nuestra juventud se decide a tomar el cielo por asalto y elige una banda de sonido acorde con semejante épica, en 1966, año de la noche de los bastones largos, Moris con Los Beatniks graba el tema “Rebelde” lo que puede considerarse el primer single de rock nacional registrado. Tamaño nombre para tamaña época. Una vez abierta la puerta esta generación no hizo esperar a su destino: entre el 67’ y el 68’, -año en que en Taco Ralo surgió una nueva experiencia de guerrilla Argentina, precedida por Uturuncos en 1959 y Ejército Guerillero del Pueblo en 1963- Los Gatos, Almendra y Manal (nuestra santa trilogía) irrumpen para que ya nada volviera a ser lo mismo y a partir de entonces se dedicó cachetazo tras cachetazo, a dejar eso en claro. No solo creando adhesiones sino también creando estructura como Mandioca, el primer sello discográfico nacional y la revista Pinap, primera revista de rock Argentina y ocupando geografía como plaza Francia, La perla del once o La cueva.

La siguiente década (1970) cumplía con las expectativas del caso en todos los terrenos. En lo político la sombra del Che y la revolución Cubana se corporizaba en organizaciones guerrilleras, FAR, FAP, PRT-EPR y Montoneros entre otras. Una parte importante de nuestra juventud y de la sociedad dejaba de creer en poner la otra mejilla, y esto se grita agresivamente desde los álbumes de rock. Moris nos regala su disco “30 minutos de vida” con temas como “El oso”, “Ayer nomás” (la versión original, no la de Los Gatos), “Pato trabaja en una carnicería” y “De nada sirve” dejando para siempre un registro del humor de la época. Los Gatos con la que tal vez sea su mejor formación -con Pappo en guitarra- sacan el disco “Rock de la mujer perdida” y mientras que Almendra llegaba a su abrupto final, Manal sacaba su primer LP (el primer disco de blues argentino) titulado “Manal” que contenía entre otros temas nada más y nada menos que “Una casa con diez pinos”, “Avellaneda Blues”, “Avenida Rivadavia” y “Jugo de tomate”. Todas estas obras unificaban un discurso claro y tajante, ya no se trataba de mover las fichas sino de patear de una vez el tablero y enterrar el viejo sistema de valores que regía a esa sociedad en la educación, la familia, la cultura y la política para concretar definitivamente, porque no decirlo así, un trasvasamiento generacional.

Ahora la cosa iba en serio, y por las pampas las piedras estaban rodando, los provincianos como Litto Nebbia, los porteños de sonido refinado como Spinetta, las huestes de cabecitas negras del conurbano bonaerense que seguían a Manal, todos juntos, todos lo mismo, irrumpían, mejor dicho comandaban la escena cotidiana, eran un espejo del estudiante universitario que se hacía una sola carne con el villero, con el joven obrero, eran su historia que ya nadie relataba, que ellos escribían.

(Continúa)