Los atentados de Paris: Nuevamente entre dudas y certezas

Hace escasos diez meses, en enero de este año, Francia se conmovía por la sangrienta irrupción de integrantes de Al Qaeda en las oficinas de la revista Charlie Hebdo que dejaba el saldo de 12 personas muertas. Hace dos días Paris fue blanco de varios atentados que se adjudicó el Estado Islámico, con un resultado provisorio de 132 muertos.

En aquella oportunidad decíamos: El atentado a Charlie Hebdo contiene varios componentes que recuerda el atentado a las Torres Gemelas el 11 de setiembre de 2001. Todos los indicios conducen a conjeturar que la preparación de aquél atentado era conocido por la inteligencia norteamericana y lo dejaron correr, para capitalizar las consecuencias posteriores, como efectivamente sucedió: George Bush, lanzó su “ofensiva contra el terror” justificando las invasiones a Afganistán e Irak.  La revista Charlie Hebdo y sus integrantes estaban amenazados de muerte, y las inteligencias europea y francesa conocían que los hermanos Kouachi habían vuelto a Francia después de estar en Yemen e Irak. Es difícil pensar que no sospecharan que lo sucedido podía pasar” 

Aquí reproducimos un reportaje al Juez francés Marc Trévidic, publicado el 25 de setiembre pasado en la revista ParisMatch, y reproducido en el día de ayer por la revista digital Sin Permiso:

“Terrorismo Yihadista en Francia: lo peor está por venir”

Durante diez años, el juez Trévidic ha animado el Polo Judicial Antiterrorista. Obligado a renunciar a sus funciones en plena tempestad para acceder al cargo de Vicepresidente del Tribunal de última instancia en Lille, Marc Trévidic tuvo una larga conversación a fines de septiembre con nosotros [ParisMatch] el pasado mes de septiembre. Su grito de alarma acaba de encontrar desgraciadamente un eco el pasado viernes por la noche con una serie de atentados sin precedentes en París. Se reproduce a continuación la [traducción castellana de la] versión íntegra de esa entrevista atrozmente premonitoria.

ParisMatch: ¿Podría hacer usted una estimación ahora mismo [25 de septiembre de 2015] del nivel de los riesgos que corren los franceses?

Marc Trévidic: La amenaza está en su máximo nivel, un nivel nunca alcanzado hasta ahora. Por lo pronto, para el Estado Islámico [EI], nos hemos convertido en el enemigo número uno. Francia es ahora el objetivo principal de un ejército de terroristas que dispone de medios ilimitados. Además, resulta claro que somos particularmente vulnerables a causa de nuestra posición geográfica, de la facilidad para entrar en nuestro territorio que tienen todos los yihadistas de origen europeo, franceses o no, y a causa de la voluntad clara e indesmayablemente expresada por los hombre del EI de atacarnos. Y encima, hay que decirlo: ante la magnitud de la amenaza y la diversidad de formas que ésta puede adoptar, nuestro dispositivo de lucha antiterrorista ha llegado a ser permeable, falible, y ha perdido la eficacia de que antes gozaba. En fin, yo he llegado a la conclusión de que los hombres de Daech [acrónimo del Estado Islámico] tienen la ambición de y los medios necesarios para golpearnos mucho más duramente organizando acciones de gran magnitud, incomparables con las llevadas a cabo hasta ahora. Se lo digo como técnico: los días más sombríos están por llegar. La verdadera guerra que el EI busca desarrollar en nuestro suelo todavía no ha comenzado.

¿A qué se debe una constatación tan alarmista?

Lo que tenemos enfrente es un grupo terrorista de una potencia sin precedentes. Mucho más potente que Al-Qaïda en su mejor época. El EI, que dispone de cerca de 30.000 “soldados” sobre el terreno, ha reclutado más miembros que la organización fundada por Ben Laden en quince años. Francia se enfrenta, en efecto, a una doble amenaza. La del despliegue de lo que yo llamo los “escudos humanos” de la jihad individual, esos hombres que pasan a la acción sin gran formación ni preparación, actuando solos, con mayor o menor éxito, como se ha podido ver en los últimos tiempos. Y la otra amenaza, inconmensurable, que yo temo particularmente: acciones de envergadura preparadas sin duda por el EI, como las llevadas a cabo por Al-Quaïda, a menudo saldadas con carnicerías terroríficas.

¿Dispone usted de elementos que indiquen que nos encaminamos a este tipo de accione de envergadura?

Los detenidos que aceptan hablar nos dicen que el EI tiene la intención de golpearnos dura y sistemáticamente. Entiéndame, eso se infiere de nuestras pesquisas e investigaciones: somos el enemigo absoluto, indudablemente. Los hombres del Daech disponen de los medios, del dinero y de la capacidad para adquirir fácilmente tantas armas como quieran a fin de organizar ataques en masa. El terrorismo es una subasta: siempre hay que ir más lejos, doblar la apuesta, golpear más duramente. Y además, hay que conseguir el “premio Goncourt del terrorismo”: yo digo siempre que la referencia base son los atentados del 11 de septiembre de 2001 contra las torres del World Trade Center. Ni por un momento imagino que un hombre como Abou Bakr ­al-Baghdadi y su ejército se contentarán mucho tiempo con operaciones externas de modesta envergadura. Están pensando en algo de mucha mayor magnitud, y el primer objetivo que tienen en mente es nuestro Hexágono.

¿Cómo se ha llegado a este punto? ¿Por qué Francia?

¡Porque somos el objetivo ideal! Tradicionalmente, el adversario número uno del terrorismo yihadista han sido siempre los EEUU, pero los parámetros han cambiado. Los norteamericanos son más inaccesibles. Francia está más al alcance. Está la proximidad geográfica, con distintos relevos en toda Europa; está la facilidad operativa de reenviar de Siria a Francia voluntarios aguerridos, europeos, miembros de la organización, que pueden reingresar legalmente en el espacio Schengen y pasar desapercibidos hasta que entran en acción.

¿Hay también razones políticas, ideológicas?

¡Evidentemente! Francia se ha convertido en el aliado número uno de los EEUU en la guerra contra Daech y sus filiales yihadistas. Combatimos con las armas al lado de los EEUU. Hemos llevado a cabo incursiones aéreas contra el EI en Irak. Ahora, nuestras intervenciones en Siria. Encima, Francia tiene un “pasivo” muy cargado a ojos de los islamistas. Para ellos, se trata siempre de una nación colonial que, a veces, reivindica incluso sus raíces cristianas, que sostiene abiertamente a Israel, que vende armas a los países pretendidamente “infieles y corruptos” del Golfo y del Oriente Próximo. De una nación que oprimiría deliberadamente a su importante comunidad musulmana. Este último argumento constituye un eje de propaganda esencial para el EI. Nuestras fuerzas armadas han intervenido también en Mali para frenar a los islamistas, aunque se trate de islamistas de redes distintas. Digamos, para terminar, que en Francia nos hallamos desde hace años en primera línea de combate contra la “Jihad global”. Durante mucho tiempo nuestro dispositivo antiterrorista nos ha permitido asestar golpes durísimos a los terroristas y a los jihadistas de toda obediencia.

¿Ya no?

No. Las cosas han cambiado. La evidencia está ahí: ya no estamos en condiciones de prevenir como antes los atentados. Ya no se pueden evitar. Hay algo de ineluctable. Claro, se detiene a gente, se desmantelan células, a veces hay golpes de suerte, como se ha visto en acontecimientos recientes; pero la suerte, o el hecho de que los terroristas se encallen en sus modelos operativos, o incluso la gran valentía demostrada por los ciudadanos, son cosas que no pueden durar eternamente. En lo atinente a los medios allegados a la lucha antiterrorista, hay que decir que han llegado a ser claramente insuficientes: y estoy tasando con mucho cuidado mis palabras. Estamos rayando en la indigencia en un momento en que la amenaza terrorista es más grave que nunca antes. Estos dos últimos años he tenido ocasión de constatar por mí mismo que, a veces, ¡no había ya siquiera personal para llevar a cabo las investigaciones judiciales de que precisábamos! Se está, así pues, en mínimos, sin poder llevar a cabo las pesquisas e investigaciones necesarias, sin “centros de atención”, y todo eso a riesgo de dejar de lado amenazas gravísimas. Los políticos adoptan actitudes marciales, pero carecen de visión a largo plazo. Nosotros, los jueces, los policías de la Dirección General de la Seguridad Interior (DGSI), los hombres sobre el terreno, estamos completamente desbordados. Corremos el riesgo de estrellarnos contra un muro.

Y el dispositivo “Centinela”, que moviliza a miles de hombres para proteger lugares simbólicos, enclaves sensibles, ¿no es eficaz?

Ese dispositivo protege ciertos lugares, tranquiliza a la población. Pero, de hecho, lo que hace es desplazar la amenaza. No evitará jamás que hombres resueltos pasen a la acción aquí o allá. Si les parece demasiado complicado dirigirse a un objetivo sometido a vigilancia, encontrarán otro. Un cine, un centro comercial, una concentración popular… CentinelaVigipirata… no podemos prescindir de esos dispositivos; la población no lo entendería. Pero, en lo fundamental, no resuelven nada. No evitarán que los hombres del EI, el día que decidan pasar a una velocidad superior, cometan atentados de gran magnitud. En tanto que nosotros somos incapaces de ponernos a la altura del ascenso constante de su poderío. La cosa no ofrece duda: el grupo terrorista se halla actualmente en disposición de armar las estructuras, de tejer las redes y de formar los hombres necesarios para concebir planes de atentados masivos. Preparan el terreno para poder golpear duramente.

¿Qué pensar, entonces, de la nueva estrategia francesa? Los primeros bombardeos aéreos franceses han golpeado a Daech en suelo sirio. Francia invoca un “derecho de legítima defensa” y dice apuntar a los terroristas en sus bases…

Proceder a bombardeos y golpes “extrajudiciales” monta tanto como calcar el modelo norteamericano. Hace años que los EEUU eliminan a jefes, estrategas o reclutadores en Yemen, en Afganistán, en Somalia, pero sin lograr nunca debilitar a los grupos que son su objetivo. ¡Eso no ha funcionado nunca! Yo no creo que la estrategia francesa esté bien fundada. ¿Es de creer que se pueda desestabilizar a Daech y atravesarse en sus objetivos eliminando a jefes y personal “operativo” avistados? ¿Hay jefes de tanta importancia que no puedan ser reemplazados a tiempo por otros hombres? Nada es menos seguro. De todas, todas, nos tienen “en el punto de mira”, y desde este punto de vista, nada cambiará. Esto podría incluso tener el efecto contrario del pretendido: creará “vocaciones”. Si, por ventura, hubiera determinados objetivos suficientemente sobresalientes y el brazo de la justicia no fuera lo bastante largo, yo podría tal vez inclinarme a pensar que un pequeño misil podría cumplir la tarea… Pero, claramente, no hay nada en esa estrategia que permita invertir el curso de una guerra contra un ejército de terroristas, y ganarla.

¿Tiene Francia capacidad para enfrentarse a Daech?

Los medios de que disponen los jueces a cargo del antiterrorismo son hoy por hoy insuficientes. Podría incluso decirse que indigentes. El número de investigadores, señaladamente, es de todo punto insuficiente para hacer frente a las amenazas. Los expertos judiciales de la DGSI están desbordados. Carecemos de los medios humanos para reunir pruebas, para neutralizar a los terroristas. Aquí, en Francia, un estado de Derecho, no se puede uno poner a lanzar drones para eliminar a simples sospechosos. La fuerza del sistema francés se ha basado durante 30 años en la preeminencia de los jueces, en su capacidad para fijar estrategias, para anticipar y golpear preventivamente en el mejor momento, en sinergia con los servicios de información e inteligencia. En la estela de los acontecimientos del pasado 7 de enero, los asesinatos de Charlie Hebdo y del supermercado cosher, el poder ha decidido aprobar una ley que da todo el poder a los servicios de información al margen del poder judicial. Olvidando una cosa elemental: en Francia, son los jueces quienes deciden arrestar, o no, a la gente, ponerla bajo vigilancia, mantenerla detenida. Todo lo que se decida sobre la sola base de los servicios de información, al margen del control del juez, carece de valor legal. Y el peligro cuando los servicios reinformación tienen vía expedita es que la intervención llegue demasiado tarde… Nuestro sistema ha sido muy eficaz durante años porque se intervenía con mucha anticipación, y en perfecta sintonía con los agentes de la DST [Dirección de Vigilancia del Territorio]. Se reunían pruebas, y desde el momento en que alguien amenazaba con pasar a la acción, al día siguiente, a las 6 de la mañana, se le echaba el guante. Jamás, jamás, pudo una persona judicialmente vigilada pasar a la acción. ¡Jamás! No se puede decir ahora lo mismo de esos jihadistas afiliados al EI: todos o casi todos habían sido objeto de vigilancia –con una ficha “S”—, pero eso no ha impedido que actuaran…

¿Por qué, pues, se hizo esa ley?

El poder ejecutivo quiere disponer de servicios de información todopoderosos totalmente controlados por él. Los jueces especializados y su libertad de acción han sido descartados. Es confortable para un gobierno; muy peligroso para la sociedad. Yo me temo que se recurra cada vez más a esos métodos extrajudiciales, administrativos, sin recursos, arbitrarios. Como han hecho los norteamericanos en Guantánamo. Este camino, en mi opinión, haría el juego a aquellos a quienes combatimos alimentando los sentimientos antioccidentales y antifranceses.

A pesar de su manifiesta barbarie, el EI sigue reclutando, sobre todo en Europa. ¿Cómo se explica eso? 

Hay muchos factores que se hallan en el origen de lo que yo llamo la “democratización de la jihad”. En una situación de crisis económica y moral, su pericia con Internet –que no viene de ayer— les ha permitido expandir su ideología sin que nadie sueñe siquiera en impedirlo en nombre de la libertad. Apuntan a presas fáciles: a gentes que ya no tienen perspectivas, sin sueños, sin rumbo, gentes a las que la sociedad de consumo ha dejado al margen. Pasar a la acción, además, no es tan complicado. Un billete de avión de 200 euros hacia Turquía, y ¡listo!. Quienes parten creen dejar atrás sus “mierdas”, imaginan tener por delante una vida “exaltante”.

También se ve cada vez más en Francia a islamistas radicales conversos…

Es lo que yo llamo el efecto moda. No es para nada racional. La Jihad “se lleva”. Es chocante decirlo así, pero es verdad. Una muchachita aparece en su Facebook con un falso Kalachnikov en mano, y sus compañeritas la imitan… Algo totalmente desconectado de cualquier realidad religiosa, pero una vez dado el paso, se entra en un proceso de fascinación, sin retorno, se entra en el juego, y entonces viene el riesgo de ruptura. No todos parten por las mismas razones; algunos regresan descontentos, algunos combaten, otros, no; algunos se callan, se forman por etapas y se convierten en terroristas potenciales. El fallo esencial de nuestra sociedad es que ofrece un terreno favorable a una ideología que puede fabricar asesinos sin límite.

¿En qué se funda esa ideología?

Los yihadistas se presentan como los únicos defensores verdaderos de un Islam oprimido por Occidente. Es lo que yo no dejaba de oír en los interrogatorios y audiencias. Evocan las guerras de Irak, el conflicto israelí-palestino, seleccionan los argumentos para legitimar su acción.

¿Estamos al abrigo de una campaña de atentados en nuestro territorio?

No. Si se toma el ejemplo de los hermanos Kouachi, los autores del tiroteo de Charlie Hebdo, estaban, por lo que se conoce, “en camino” de una campaña de atentados. Se frustró porque, en un accidente automovilístico, uno de los hermanos perdió su documento de identidad. Eso fue lo que permitió identificarlos y lanzar una caza al hombre que se saldó con la muerte de los dos terroristas, abatidos por el GIGN [Grupo de Intervención de la Gendarmería Nacional]. Los Kouachi no salieron a una operación suicida. Si hubieran podido, habrían seguido golpeando. Como Nemmouche, el asesino del judío de Bruselas, como Merah… El año pasado, yo hice neutralizar a una red de yihadistas muy peligrosos que querían crear un comando de diez “Merah” autónomos, operando simultáneamente en el conjunto del territorio. La idea de que un día tendremos que afrontar una o varias campañas de atentados de gran magnitud no puede descartarse. Quienes nos atacan quieren hacernos el mayor daño posible. Y hacerlo duraderamente. Se preparan para eso. Los franceses van a tener que habituarse, no a la amenaza de atentados, sino a la realidad de los atentados que, en mi opinión, llegarán ineluctablemente. No hay que cubrirse el rostro o mirar para otro lado. Estamos ya en el ojo del huracán. Lo peor está por llegar.

Para profundizar en el tema, recomendamos la nota La emergencia del Estado Islámico de Pierre-Jean Luizard, pubilcada en el sitio Sin Permiso.