Después del golpe

Escribe Reginaldo Moraes*

A partir de ahora, existe un doble desafío para los progresistas y la izquierda, en el corto y largo plazo. Construir la resistencia, derrotar a los impostores y recomponer el campo progresista.

Este artículo no es todavía un análisis. Es una exposición inicial de los motivos por los cuales la izquierda y el frente progresista requieren de mucho análisis y, principalmente, de acciones que den consecuencia a tales reflexiones.

El Golpe de Estado en agosto de 2016 abre un nuevo período para la lucha política en Brasil. Nada será como antes de mañana o pasado mañana.

Lo que tuvimos en la decisión del Senado fue la confirmación de lo que venían planteando los poderes de hecho hace bastante tiempo. No se trata apenas de interrumpir un mandato. Se trata de cambiar el régimen político, anulando la soberanía popular y sustituyéndola por la “opinión de los hombres de bien”, es decir, por los hombres de bienes. Terminó aquello que se conquistó hace más de 30 años, terminó la elección de los gobernantes por voto directo. No más “directas ya”, ni siquiera aquellas que tuvimos hasta aquí, corrompidas por el dinero de las empresas. Las elecciones sólo valen si tienen el resultado deseado por los hombres de bien(es).

A partir de ahora, existe un doble desafío para los progresistas y la izquierda, en el corto y largo plazo. Construir la resistencia, derrotar a los impostores y recomponer el campo progresista.

En el corto plazo, tiene que resistir a los golpes después del Golpe. Me explico: el Golpe puede ser un choque para muchos de nosotros, más allá de que fuera anunciado. Pero es apenas el inicio y un medio para implantar un programa completo de retrocesos con los que sueñan las fracciones más reaccionarias del capitalismo brasilero y, subrayo, los grandes intereses internacionales, capitaneados por los norteamericanos, una vez más en la historia de América Latina.

Es un golpe antipopular y vende patria. En el corto plazo, por lo tanto, tenemos la necesidad de inestabilizar el gobierno golpista y promover la reconquista de las “directas ya”.

Las tácticas de tortura de los golpistas

Lo primero que debemos percibir, para construir la resistencia al Golpe, es el método de destrucción que los golpistas han utilizado y cómo podemos contra atacar. La escritora Naomi Klein ya alertó sobre eso. Hace por lo menos dos años que estamos bajo un asedio similar al que se aplica a los prisioneros, para que se debilite y “colaboren” con sus torturadores. El prisionero es sometido a aislamiento, para que no sepa lo que dicen sus compañeros, para que dude de sí mismo, de los demás y de sus creencias. Para que su identidad, en definitiva, sea destruida.

Un ataque permanente e incesante de este tipo ha sido orquestado por los partidos de la derecha, por el Poder Judicial y los medios de comunicación. No solo contra el PT, sino también contra los movimientos populares y la izquierda en general. Los fiscales y jueces inventan cualquier bomba, incluso si es ridícula desde el punto de vista legal o jurídico. No importa, su objetivo es ponernos a la defensiva.

Lo mismo ocurre con los medios. Mucho de lo que ellos hacen es para ir más allá de del alcance de la “opinión pública”: es para debilitar nuestra resistencia, desconcentrar y confundir a nuestro campo. Cuando no tenemos redes de comunicación ni siquiera para informarnos a nosotros mismos, quedamos “informados” y “conformados” por aquello que ellos meten en nuestras cabezas.

Lo primero que debemos hacer es resistir el confinamiento: nunca quedarse solo, nunca pensar solo. Para eso es preciso construir nuestra red. No podemos saber lo que hacen y lo que piensan nuestros compañeros y líderes a través de los filtros de ellos, de los medios de ellos.

Después del “choque” del Golpe, viene la aplicación de políticas para intensificar la explotación y someter al país a los intereses imperialistas. La resistencia a tales retrocesos tiene que protegerse contra la tentación de enfrentar obstáculos puntuales sin integrarlos en el enfrentamiento global al nuevo gobierno y el nuevo régimen; el régimen de los nuevos coroneles, que no usan uniformes, aunque sueñan con ellos.

Es muy posible que el nuevo gobierno intente hacer con la resistencia aquello que Hitler pregonaba: cortar a la oposición como un salame y comer feta por feta, separadamente. Explorando nuestra fragmentación y aislamiento, confundiendo y desorientando a nuestra tropa.

Resistir en cada árbol, sin perder de vista el bosque

Los retrocesos son anunciados en todos los campos –en la educación, la cultura, la previsión social, los derechos de los trabajadores, la salud, la vivienda, los programas sociales. En cada uno de ellos, un grupo de afectados tomara la conducción de la resistencia. Pero no pueden aislarse o tener la ilusión de, solos y apenas en esa única trinchera, poder derrotar sin retorno al poder constituido.

Es preciso que en su apoyo vayan todos los demás segmentos de las fuerzas progresistas, lo mismo aquellas que ni siquiera han sido afectados por medidas especificas. Es preciso, en cada confrontación puntual y localizado, establecer claramente el vínculo entre ese ataque parcial y la naturaleza del nuevo gobierno.

Esa no es una lucha fácil, exige tenacidad, constancia y creatividad. Cabeza fría y corazón caliente. Exige alterar profundamente el cuadro de la opinión existente, sacudir la modorra y la indiferencia, sobre todo en las franjas más pobres de la población, que van a acarrear con los mayores costes del golpe. Exige desestabilizar el lado de alla y cristalizar el lado de acá, refundar la izquierda y el frente progresista. Es decir, vincular de inmediato lo estratégico y explorar la dialéctica de las conquistas parciales. Decía un poeta que en situaciones de crisis solemos confundir lo urgente con lo esencial. Tenemos que aprender a combinarlos.

Otro país es posible

Esa reconstrucción de los sueños y de los caminos para viabilizarlos, va a precisar de una bandera, clara y fuerte, comprensible y sensible, al mismo tiempo realista y osada. Ya es posible adelantar algunas estrellas de esa bandera, de esa nueva Carta del Pueblo, porque ya aparecen en luchas anteriores.

1.Una reforma tributaria para reconstruir el país con justicia: menos impuestos para quienes trabajan y producen, cobrar más a quien más tiene.

2. Reforma agraria y urbana: impuesto territorial progresivo, nueva ley de herencia, fin de la sociedad de herederos ociosos.

3. Reforma política: nuevas leyes para la representación, librar a las campañas del dinero de los ricos.

4. “Transparencia” contra las operaciones secretas en el sector público y en las empresas privadas. No se trata apenas de publicar todos los gastos y salarios del sector público, inclusive y sobre todo de jueces y magistrados. Derecho de los trabajadores, en las empresas y órganos públicos, de acceder a información sobre sus operaciones, con la garantía de la elección de comités en las empresas, con mandato protegido. El poder de hecho no está sólo en los gabinetes ejecutivos, en las cámaras legislativas y en los tribunales, está en la producción de la vida cotidiana.

5. Derecho de réplica, regulación de los grandes medios de comunicación, libertad de la información y la cultura del control de los millonarios. Reveer concesiones de radio y TV.

En otro artículo, volveremos a la discusión de las trincheras que perdimos y las maneras de reconstruir el movimiento popular y el frente progresista. La luz es pequeña y el camino es largo.

Reginaldo Moraes es profesor de Unicamp, investigador del Instituto Nacional de Ciencia y Tecnología para Estudios sobre Estados Unidos (INCT-Ineu) y colaborador de la Fundación Perseu Abramo.

Traducción: Ariel Navarro