Golpe a la brasilera. Crisis política y económica, impedimentos y luchas democráticas

Escribe Jean Tible*

Publicado en Horizontes del Sur

Apertura

Paraguay, para muchos brasileños, constituye el otro no-deseado, el inferior, atrasado, subdesarrollado. Un producto paraguayo, en un sentido peyorativo y elitista, es frecuentemente un producto falso, de mala calidad. En una mirada más histórica, la Guerra de la Triple Alianza representa una de las “cajas negras” de la democracia nacional y regional e Itamaraty se coloca como una de las instituciones más refractarias a la apertura de estos y otros archivos. En la linda pieza de teatro Caranguejo overdrive (Aquela Cia. de Teatro), inspirada en el libro Homens e caranguejos de Josué de Castro, un joven soldado negro y pobre retorna traumatizado de la Guerra del Paraguay a una ciudad que no le pertenece más, ya que la región del mangue, en el centro de Rio de Janeiro, donde él vivía y buscaba cangrejos, había sido totalmente transformada, puesta a nivel y “limpiada”. Recuerdo de la sorpresa con el golpe ocurriendo en Paraguay durante el Rio+20, en mayo de 2012, ¿habría sido la firme actitud de Dilma Rousseff, de oposición a esa ruptura democrática, sin saber, premonitoria? El golpe brasileño se inserta en un linaje de “nuevos golpes” (sin intervención de las Fuerzas Armadas), que afectan tanto a América Latina (Honduras, Paraguay, Guatemala; en Bolivia y Venezuela fueron derrotados en la década pasada) como a otros lugares del planeta, (¿Grecia en los últimos años? ¿Reelección de Bush en 2003?). Vamos, en este texto, a recorrer la situación brasileña contemporánea en tres momentos: comprender el golpe en curso; efectuar un brevísimo balance del lulismo; analizar el gobierno provisorio y las perspectivas democráticas de las luchas.

Golpe, entonces

Un golpe parlamentario, mediático, judicial, patronal y civil. Un golpe constitucional, cuyo proceso viene tramitando el Congreso y refrendado (al menos por ahora) por el Supremo Tribunal Federal (STF). Sería el argumento más fuerte de los golpistas. O el más legalista. Pero, ¿qué es realmente invocado contra Dilma? De no conseguir darle un rumbo al país y alguna perspectiva de salida a la crisis. Como lo admitió hace pocos días la líder del gobierno interino en el Senado, Rose de Freitas, “no tuvo ese asunto de las pedaladas, nada de eso. Lo que tuvo fue un país paralizado, sin dirección y sin base ninguna para administrar” [2]. Un tipo de solución parlamentarista en un régimen presidencialista. A medida en que la crisis política y económica se fue alimentando una a la otra, los sectores empresariales que apoyaban a Dilma fueron mudando de posición. La Federación de las Industrias del Estado de São Paulo (FIESP) se constituyó en la triste precursora. Conducidos por Paulo Skaf, afiliado al Partido del Movimiento Democrático Brasilero (PMDB) y candidato derrotado al Gobierno del Estado y a la Prefectura de São Paulo en los últimos años, ese sector fue, no obstante, uno de los más beneficiados por la política económica y fiscal del primer gobierno de Dilma, con exoneraciones tributarias y otras medidas [3]. En aquel momento, Skaf llegó a comprar espacio de publicidad en televisión para elogiar las medidas de Dilma. En el inicio de este año, las defecciones fueron creciendo y, alrededor de marzo, casi todos estaban contra Dilma: diarios y medios, asociaciones empresariales, bancos y grupos económicos, parlamentarios y la opinión pública.

El motivo formal de la apertura del proceso de impeachment fue las llamadas pedaladas y las maniobras fiscales relativamente triviales en el presupuesto, que sus antecesores ejecutaron, que Temer también firmó así como diecisiete de los actuales gobernadores [4] e inclusive el relator en el Senado durante su gobierno en Minas Gerais o, incluso, como el gobierno provisorio está haciendo. En la argumentación golpista, se trataría de un crimen de responsabilidad que justificaría la destitución de la Presidenta. La situación en el momento presente del Estado de Rio de Janeiro indica cómo los criterios son volubles: el Estado, gobernado por el PMDB desde 2006, decretó, en el día 17 de junio, estado de calamidad pública para hacer frente a la bancarrota de un Estado que ya no logra pagar servidores y garantizar servicios esenciales [5]. Se dio, entonces, una pedalada, coordinada con el presidente interino, para poder recibir el socorro financiero de la Unión y garantizar recursos necesarios a la realización de las Olimpíadas.

Se puede ver ese proceso en curso, también, como una auto-defensa de los más corruptos de los políticos de un sistema corrupto. Las grabaciones hechas por Sergio Machado (ex senador y ex presidente de la empresa Transpetro y cuadro del PMDB) divulgadas, no se sabe por quién ni cómo, indican eso de modo extremadamente claro: Romero Jucá, brazo derecho de Temer, quien lo eligió para liderar el PMDB y por algunas semanas su Ministro interino de Planeamiento, indica la estrategia de derrumbar a Dilma para frenar la Operação Lava Jato y salvar el sistema político. Esa conspiración, según Jucá, abarcaría ministros del Supremo Tribunal Federal (STF), los tucanos (Partido da Social Democracia Brasileira, PSDB) y hasta los militares, que estarían monitoreando al Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) [6]. El impeachment se configura, así, como una “estrategia de fuga” de los corruptos [7].

El 17 de abril de 2016 marcará durante un buen tiempo el día del (re)encuentro del pueblo brasileño con sus representantes. Los más variados motivos fueron movilizados (Dios, base electoral, lazos familiares y crisis económica/desempleo) para justificar el voto para el envío al Senado del proceso de impeachment de la Presidenta. Parroquialismo extremo y bajísimo nivel. Casi no se citó el motivo formal (las maniobras fiscales) y todo eso con fuertes toques de machismo y resentimientos contra Dilma, que se habría recusado de tratarlos dignamente, o sea, entrando en sus prácticas habituales. Tal proceso de impeachment fue liderado por el entonces Presidente de la Cámara, Eduardo Cunha, que tiene tres procesos abiertos en su contra en el STF, millones de dólares en cuentas en el exterior y… varios indicados en el gobierno interino. Cunha también fue apadrinado por las grandes empresas y bancos, por el llamado PIB; el megainversor Naji Nahas le ofreció un almuerzo en casa después de su elección para la presidencia de la Cámara de Diputados. Con una eficiente ingeniería político-económica, consiguió financiamiento para muchas y muchas candidaturas, irrigando las campañas con dinero de la corrupción [8]. Cunha recogió en diciembre el pedido de impeachment y lo colocó en agenda. Fue decisivo. A partir de un pedido frágil e inconsistente, dio ritmo rápido al proceso de destitución mientras el de casación de su mandato caminaba lentamente.


«El impeachment se configura, así, como una ‘estrategia de fuga’ de los corruptos.»

A eso se suma un cierto clima “schmittiano”, de suspensión de la ley [9]. Más allá del saludable desnudamiento de los lazos promiscuos entre los ámbitos político y empresarial en Brasil, tales procesos han sido marcados por una serie de excepcionalidades. Abundancia de prisiones preventivas, denuncias premiadas (fiscales incentivaron ciertas denuncias más que otras), pinchaduras irregulares [10] y sus respectivas divulgaciones selectivas por los medios, con ruido proporcional al nivel de proximidad de los involucrados con el PT. La única sede de partido a ser blanco de una operación fue la del PT, y el candidato derrotado de la oposición, Aécio Neves, citado en innumerables denuncias, por ahora se resiste con relativamente poca inquietud, así como prácticamente todos los principales personajes de la política institucional.

Un ex presidente de la República –Lula– que nunca se recusó a prestar declaración en las más variadas instancias judiciales o en el Ministerio Público (MP), inclusive en los primeros meses de este año, es conducido coercitivamente para testimoniar en marzo, en el Aeropuerto de Congonhas (alimentando una posibilidad de transporte en avión hasta Curitiba que acabó sin concretarse). Se puede leer la transcripción del un tanto bizarro diálogo de Lula con los fiscales [11]. El auge de ese proceso (por ahora) se sitúa en la grabación ilegal (primer error significativo y explícito del juez Sérgio Moro) y su divulgación de una conversación aparentemente anodina entre Dilma y Lula, en un contexto de otras grabaciones de conversaciones del ex presidente, también divulgadas, con la autorización de la Procuraduría General de la República (PGR). Horas después, la conversación fue divulgada y tratada como un crimen. ¿Se habrá subido la popularidad a la cabeza de Moro? Él tenía un mandato para escuchar a Lula, pero este había expirado y, en este caso preciso, se trataba de una conversación con la Presidenta de la República. Y esto en un momento decisivo, ya que Lula estaba asumiendo el Ministerio de la Casa Civil (equivalente a la Jefatura de Gabinete en Argentina), en una última jugada de Dilma para salvar a su gobierno del naufragio total. La escena de las conversaciones de Lula (con Dilma y otros) en varios episodios en el noticiero televisivo más visto del país, tal vez marque uno de los más tristes momentos de cierto periodismo nacional. No por casualidad, Brasil cayó abruptamente en el ranking de libertad de prensa en el mundo elaborado por Reporteros Sin Fronteras; uno de los factores, junto al alto número de muertes de periodistas, fue la cobertura del proceso de impeachment [12].

El Poder Judicial “dejó de actuar exclusivamente según la lógica política indirecta que lo caracteriza (…) para actuar de manera directamente política siempre que cree necesario hacerlo” [13]. Además, el STF ha mostrado una sustentada parcialidad, varios criterios y medidas (impedir la asunción de Lula como ministro de Dilma, entre otras), dependiendo de quién se tratase. Nombres de la tradicional política brasilera y petistas acaban teniendo tratamientos diferentes. Ciertos personajes parecen poseen un poder importante en esta institución, como el ex presidente José Sarney o el actual presidente del Senado, Renan Calheiros. El Supremo Tribunal, también, “se ha manifestado y prejuzgado casos que todavía va a evaluar. Eso ha acontecido con varios ministros, como Gilmar Mendes, Celso de Mello y Carmen Lucia, que se manifestaron diciendo que lo que está sucediendo no es un golpe” [14]. Tal procedimiento hiere las normas de imparcialidad, ya que posiblemente tendrán que juzgar si el proceso todo del impeachment siguió la Constitución y ya estarían haciendo un pre-juzgamiento. Es cierto que el STF fue decisivo, en los últimos años, en conquistas importantes tales como la unión homoafectiva o la garantía de la constitucionalidad de las cuotas raciales (para negros) en las universidades públicas, pero el Poder Judicial y el Ministerio Público fueron unas de las instancias que menos colocaron, en la disputa pública, la necesidad de transición de la dictadura hacia la democracia. Estuvieron, como otros poderes, involucrados con el Golpe cívico-militar de 1964 y con el período dictatorial siguiente, pero su democratización poco estuvo en la agenda en las últimas décadas.


«La escena de las conversaciones de Lula (con Dilma y otros) en varios episodios en el noticiero televisivo más visto del país, tal vez marque uno de los más tristes momentos de cierto periodismo nacional.»

Para algunos, habría tomado cuerpo un partido de la justicia. La prisión en flagrante de Delcidio do Amaral, entonces senador del PT y líder del gobierno de Dilma, confirmada por los propios senadores que después lo anularon, caracteriza un desequilibrio entre los poderes. Se alegó que estaba obstruyendo la Justicia y en ese sentido fue justificada la ocasión. Incluso el alejamiento del archicorrupto Eduardo Cunha de la Presidencia de la Cámara se dio bajo el signo de la excepción. El relator del proceso en el STF, aguardó cuatro meses y solamente después de la apertura del proceso de impeachment en la Cámara entregó su voto. Decretó la separación de un presidente de otro poder, alegando tratarse de una situación extraordinaria y excepcional, tomando, así, una decisión sin asiento constitucional. Una decisión excepcional, dada la excepcionalidad de las circunstancias. Cunha fue separado de la Presidencia y del ejercicio de su mandato, decisión inédita aprobada por unanimidad por el plenario del STF. Mientras tanto, la Constitución dice que un “parlamentario sólo puede ser preso en el acto del crimen impostergable, con confirmación de la Cámara o del Senado” [15]. Tal rito no fue seguido de las garantías constitucionales dejadas de lado: ¿se trata de una nueva jurisprudencia o de una medida excepcional? ¿Alcanzará solamente a Cunha o a todos? Son preguntas importantes, ya que el Congreso posee muchos acusados.

¿Cómo llegamos a este punto, a orillas de la destitución de una Presidenta electa hace menos de dos años por 54 millones de brasileños? El origen inmediato se sitúa en dos planos.

La oposición tenía todo para ganar (desgaste de doce años de gobiernos federales petistas, economía a la baja, inflación principalmente en alimentos, clima pos-protestas de 2013, mediocre primer gobierno de Dilma) en 2014 y no lo logró. Aécio Neves optó por un discurso pre-Lula (retorno a un cierto padrón neoliberal) y la población quería más servicios públicos de calidad, combate a las desigualdades y más participación política y no menos. La oposición, sin embargo, no aceptó el resultado; algunos más exaltados cuestionaron el conteo de votos. ¿Habrá, la derecha moderada, insuflado a una derecha rabiosa? Al no hacer el luto de la derrota, entró en el camino del golpismo. Alcanza recordar la figura ponderada por Fernando Henrique Cardoso: el gobierno de Dilma es legal, pero no legítimo, dijo el ex presidente algunos días después que las urnas expresaran más de 54 millones de votos para la petista [16]. Serra, en el inicio de 2015, va a profetizar su fin [17]. El historial y el continuum golpista de las elites brasileñas fueron activados en ese momento de abstinencia de control del gobierno federal.

Otra parte, fundamental, fue la puerta que Dilma abrió. En la recta final de la campaña, su reelección estaba en real peligro y una movilización decisiva de jóvenes, mujeres y movimientos sociales cambió el juego. Su victoria se dio gracias a una retórica más de izquierda, sobre todo en las críticas a la política económica liberal. Su gobierno, sin embargo, tomó otro camino. Es cierto que la candidata a la reelección no había entregado ni un programa, pero señalizó algunas indicaciones. Si el ajuste era realmente necesario, la pregunta de un gobierno de izquierda sería: ¿quién lo paga? El segundo gobierno de Dilma promovió un aumento de las tasas de interés, un tarifazo de luz y revisiones en el seguro de desempleo y lo hizo sin explicárselas a la población, creando un choque de desconfianza en sus simpatizantes y electores. Dilma aplicó así el programa de los adversarios y rompió el pacto básico lulista de mejoría de la vida del pueblo, sobre todo de los más pobres. Además, el ajuste fiscal creó una dinámica recesiva en la economía, con una expresiva baja de la recaudación y esto contribuyó para la pérdida de la gobernabilidad en el Congreso. Tales factores, sumados a los efectos de la Operación Lava Jato y a los grandes equívocos de articulación política se mostraron explosivos.

Ese enredo fue alimentado por las protestas en las calles. Aún en noviembre de 2014, algunos pocos miles irían para las calles de São Paulo a cuestionar a la recién reelecta presidenta y en el inicio de 2015, con apoyo explícito del periodismo empresarial y los errores graves de la gestión, se van transformando en cientos de millones y millones de manifestantes por Brasil. Las manifestaciones de junio de 2013 posicionaron la centralidad de la política en la calle y las demandas por mejores servicios públicos, lucha a la corrupción, participación política y buen vivir en las ciudades y en el campo. En principio, un terreno propicio para las izquierdas, inclusive la gubernamental. Retomo este punto más abajo, pero esto no sucedió. Estas fuerzas llegaron hasta a mantener una presencia a grosso modo constante en las calles, pero ya en 2015 fue marcado sobre todo por masivas manifestaciones contra Dilma, Lula y el PT. Como ocurre muchas veces, sectores conservadores se inspiraron en los eventos cuestionadores o subversivos: el MBL (Movimiento Brasil Livre) se inspira claramente en el nombre del MPL (Movimiento Passe Livre), una de las chispas de junio de 2013. El VemPraRua se apropia de un grito que era un détournement por las calles de 2013 de una publicidad de una ensambladora de autos hecho para celebrar la Copa de las Confederaciones. Pero se trata de otro público, mucho más viejo, rico, masculino y blanco el que estuvo en esas manifestaciones si lo comparáramos con 2013 [18]. Los frentes Brasil Popular y Povo sem medo organizan contrapuntos a esas manifestaciones en varios momentos, mostrando cierta fuerza de movilización, pero con relativamente poca repercusión en la prensa (a no ser la alternativa).


«El segundo gobierno de Dilma promovió un aumento de las tasas de interés, un tarifazo de luz y revisiones en el seguro de desempleo y lo hizo sin explicárselas a la población, creando un choque de desconfianza en sus simpatizantes y electores.»

Otra dimensión importante de ese proceso se sitúa en el plano internacional, que sí se expresa en una disputa de narrativas. Poco antes de la votación de abril, Dilma pronunció un discurso en la ONU por la firma del Acuerdo de París. En los últimos segundos de este, habló brevemente de la grave situación de Brasil y de la confianza de que el pueblo no permitiría retrocesos. Los artículos de Glenn Greenwald [19] y editoriales críticos del Financial Times, New York Times y algunos otros repercutieron bastante. El diario Estado de S. Paulo llegó a amenazar (¿veladamente?) a Greenwald. La obsesión del gobierno provisorio con la imagen en el exterior, como bien recuerda Celso Amorim, rememora la habitual obsesión con su imagen de los regímenes autoritarios, revelando un tipo de acto fallido [20].

El Gobierno provisorio antes y después intentó legitimarse internacionalmente, como en el evento organizado en Lisboa por la empresa del ministro del STF Gilmar Mendes, reuniendo la fina flor golpista [21]. Y uno de los activos senadores pro-golpe, Aloysio Nunes Ferreira fue, en el day after de la votación en la Cámara de Diputados, a los Estados Unidos, y se encontró con Thomas Shannon, número tres del departamento de Estado estadounidense y ex embajador en Brasil [22]. Hubo, por otro lado, una reacción crítica por parte de los secretarios generales de la OEA, Luis Almagro, y Ernesto Samper, de la Unasur, expresando preocupación con el proceso (inclusive con acciones del Poder Judicial y del Legislativo) y los gobiernos de Bolivia, Ecuador, Cuba y Venezuela, con amenazas no concretadas por ahora de accionar la cláusula democrática.

En varios eventos por el mundo, las disputas dentro de Brasil se hacen presentes: en la sesión del film Aquarius de Kleber Mendonça Filho en el Festival de Cannes con Sonia Braga y otros miembros del equipo [23], en el Premio Pulitzer en que el fotógrafo vencedor Maurício Lima denuncia el golpe en curso [24] o incluso en una reunión de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). En esta última, representantes de los trabajadores y sindicatos de Brasil y otros países protestaron contra un diplomático brasileño que se pronunció (fuera de lo pautado en la reunión, que trataba sobre el convenio 169) para negar que estuviese habiendo algún golpe en Brasil. Fue penado por eso (hablar algo fuera de lo pautado) y su discurso interrumpido [25]. Ocurrieron, incluso, protestas contra el canciller interino José Serra en Paris, Buenos Aires y en Nueva York.

Otro aspecto de esta misma situación se sitúa en las dimensiones geopolíticas de este proceso brasileño. El país, sobre todo en el período Lula, consiguió alcanzar nuevas esferas en el plano internacional, gozando de una influencia inédita: el país no-nuclear más poderoso e inevitable para casi todos los asuntos y negociaciones globales. Ocurrió un giro en el período final del Gobierno de Lula con la Lei de Partilha, aprobada después del descubrimiento de los campos de petróleo del pré-sal [26], en el sentido de un mayor control del Estado brasileño y de Petrobras sobre esas nuevas reservas (propiedad de la Unión y con participación obligatoria de Petrobras del 50% en su exploración), vistas por el entonces presidente Lula como un “pasaporte hacia el futuro”. Se trata de un sector sensible desde el punto de vista geopolítico y que, hasta algunas décadas atrás, era dominado por las llamadas siete hermanas, siempre apoyadas por los respectivos gobiernos nacionales (Reino Unido, Estados Unidos, Holanda) – todo capitalismo es capitalismo de Estado… Eso se modifica a partir de 1960 con la fundación de la OPEP y un ascenso, en las décadas siguientes, de otros países y sus nuevas “siete hermanas”, todas estatales, de Rusia, Arabia Saudita, China, Brasil, Venezuela y Malasia [27].

Vale recordar, en este contexto, el escándalo de 2013 de la Agencia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos (NSA, por sus siglas en inglés) cuando Edward Snowden reveló que habían sido pinchados los teléfonos del Gabinete de Dilma, de algunos ministros, del avión presidencial, de las misiones diplomáticas brasileñas incluyendo las de la ONU y de Petrobras [28]. Los cables del Departamento de Estado indican el interés estadounidense en el petróleo y en el pré-sal y una serie de lazos particulares entre sectores políticos brasileros y la Embajada americana. Serra, Jucá y Michel Temer (todos actores clave del golpe en curso) se mostraron como fuentes de la Embajada americana en Brasilia, revelados por Wikileaks. En el caso tal vez más sintomático, el actual canciller interino y entonces candidato a la presidencia Serra, decía que cambiaría la Lei de Partilha volviéndola más abierta a las empresas extranjeras en caso que ganara en las elecciones presidenciales de 2010 contra Dilma [29].

Esta revelación del espionaje practicado por la NSA llevó a la cancelación de la visita de Estado programada a los Estados Unidos. Dilma Rousseff, posiblemente en uno de sus mejores momentos en la presidencia, hizo posteriormente un contundente discurso en la ONU caracterizando al espionaje no como un combate al terrorismo o por seguridad y sí por intereses económicos y estratégicos. Brasil propone, en ese contexto, junto con Alemania, una regulación mundial de Internet, sacándola de la alzada estadounidense y buscando impedir que ella se transforme en un medio de espionaje, sabotaje y ataques a las infraestructuras de otros países [30]. A partir de ahí, Dilma apoya y el Congreso aprueba un inédito Marco Civil de Internet, incluyendo la idea de derechos digitales y neutralidad de la red, en un proceso de amplia participación popular.


«Vale recordar, en este contexto, el escándalo de 2013 de la Agencia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos (NSA, por sus siglas en inglés) cuando Edward Snowden reveló que habían sido pinchados los teléfonos del Gabinete de Dilma, de algunos ministros, del avión presidencial, de las misiones diplomáticas brasileñas incluyendo las de la ONU y de Petrobras.»

Tal cuestión posee otra vertiente más en la actuación y cooperación internacional del Poder Judicial y del Ministerio Público. Aquí, cuestiones sumamente internas se mezclan a las geopolíticas. ¿Cuáles son las relaciones entre Poder Judicial, proyecto nacional y regional y disputas globales? La Operação Lava Jato posee una clara inspiración en la Mani Pulite italiana, analizada en un artículo del juez Sérgio Moro [31]. Para el periodista Luis Nassif, ambas tendrían una “visión ideológica pro-internacionalización de la economía y criminalizadora de todas las políticas de promoción de la economía interna”. La economía cerrada italiana constituiría un foco de corrupción y su apertura resolvería ese problema, en el contexto de los debates de la Guerra Fría. En el Brasil de los años 2010, eso operaría de modo semejante, lo que explicaría el hecho de que un “grupo de fiscales visitaran los Estados Unidos –comandados por el propio Procurador General de la República- para abastecerse de elementos para que la Justicia y accionistas norteamericanos procesaran a Petrobras”.

Eso se refuerza en lo que toca a Petrobras, ya que si en situaciones anteriores las empresas eran acusadas de corromper autoridades, en este “los propios fiscales transformaron la empresa de víctima en coautora de los fraudes, abogando contra el propio Estado brasilero a favor de los intereses de accionistas norteamericanos”. ¿No sería un non sense que un país autónomo pida la colaboración del Departamento de Justicia estadounidense para investigar a Petrobras y a la constructora Odebrecht? ¿Lo contrario sería posible, esto es, que las autoridades americanas solicitaren a Brasil la investigación de Chevron u otra empresa americana? Además, el hecho de que el “Fiscal de la República en el TCU decrete, por cuenta propia, la inviabilidad del pré-sal. Ahí, no se trata más de reprimir el delito, sino de una actuación nítidamente inspirada por contendientes externos de disputas geopolíticas [32]” que reforzaría esa comprensión; mientras, otro periodista, Janio de Freitas, pregunta el motivo por el que las empresas extranjeras han sido perdonadas por la operación Lava Jato [33].

A eso se suman las cuestiones de defensa. La ofensiva contra las constructoras convulsiona también a Electronuclear y el Almirante Othon, considerado uno de los principales nombres del programa nuclear brasileño, fundador del Programa de Desarrollo del Ciclo del Combustible Nuclear y de la Propulsión Nuclear para submarinos y antiguo director del Ipen (Instituto de Investigaciones Energéticas y Nucleares). Esta investigación, que acabó en la prisión temporaria de Othon, habría comenzado “a partir de informaciones pasadas al PGR por el Departamento de Justicia norteamericano. Nada que minimice la gravedad de las acusaciones, pero sí una demostración inequívoca de que los Estados Unidos pasaron a incluir la cooperación internacional en sus estrategias geopolíticas” [34]. Se sabe que Moro fue electo como una de las personas más importantes del mundo por la revista Time el año pasado, lo que alimenta percepciones más conspirativas. Más que alimentar tales lecturas, lo más pertinente aquí tal vez sea percibir cómo el Poder Judicial y el Ministerio Público carecen de cualquier perspectiva geopolítica. Los Estados Unidos obviamente la poseen y la ejercen. Tal vez esta debilidad sea uno de los límites decisivos del “poder brasilero”. Ningún país de ese porte puede ignorar tales cuestiones, que lo digan los lazos del gobierno norteamericano con Hollywood o la política china de Internet. Y esto ocurre en medio de una ofensiva estadounidense acerca del tema de la corrupción, observada, por ejemplo, en el escándalo de la FIFA y en la actuación de fiscalías norteamericanas en el asunto.

Como lo expresado por Celso Amorim, “muchos problemas son endógenos, nacionales, pero también hay una correlación entre el espionaje y algunas investigaciones. Hablo de la utilización de la investigación judicial, porque un Poder Judicial independiente es importante sobre todo si actúa de manera neutral”. En ese sentido, continúa Amorim, “me preocupa un Brasil con su empresa petrolera debilitada, con su energía nuclear en jaque y con fragilidades mayores en las empresas de construcción de obras públicas o en los instrumentos de promoción de exportaciones” [35]. Es toda una política (interna y tal vez principalmente externa) que es atacada: el Banco Mundial de Desarrollo Económico y Social (BNDES), las inversiones en el puerto de Mariel en Cuba, los negocios en el continente africano. Mientras algunos movimientos sociales clamaban por transparencia e iniciaban el debate sobre posibles condicionantes sociales y ambientales en la actuación de las empresas brasileñas en el exterior, los fiscales parecen seguir la vía de criminalizar tales acciones de promoción comercial y financiamiento a las exportaciones, una de las características fuertes de la nueva política externa del período Lula.

Eso no significa que el golpe haya sido gestado en los Estados Unidos ni permite un paralelo con la Operación Brother Sam de 1964 en la cual la acción estadounidense fue decisiva [36]. El golpe viene de adentro, pero sectores norteamericanos contribuyeron para desestabilizar el “capitalismo brasileño”, en su modelo Lula de distribución de renta y algunas osadías externas en dos de sus sectores estratégicos: Petrobras y constructoras. Eso también ocurrió en el financiamiento y apoyo de “nuevos grupos” conservadores (por parte de los hermanos Koch, con intereses en el área del petróleo) y a la oposición [37]. Ese “modelo brasileño” fue atacado y no consiguió sustentarse, al no conseguir o saber articular un proceso geopolítico más consistente. De ese modo, Brasil no puede o no consiguió construir fundamentos para mantener su condición de nueva potencia regional, miembro del BRICS, pacificador en la cuestión nuclear iraní, propulsor de la integración regional y modelo de políticas sociales para los países del Sur. Su autonomía moderada, articulada a otras tentativas en la región, hizo agua.

Lulismo en debate

El golpe en curso coloca la necesidad de reforzar los debates y comprensiones colectivas del fenómeno del lulismo [38]. Un balance colectivo fundamental, por hacer, de los gobiernos federales petistas, sus dinámicas, consecuencias y límites.

El punto que me parece más importante del lulismo fue una especie de revolución simbólica. Nuevas subjetividades ganan fuerza y comienzan a tomar cuerpo. El lulismo produjo o contribuyó para una expansión de las posibilidades de vida, de las perspectivas de lucha, de los horizontes existenciales. Las políticas sociales (Bolsa Familia, cotas raciais, expansión de la universidad pública), las micro-políticas económicas (crédito rural; para los pobres y trabajadores), la nueva política cultural del do-in antropológico [39], los nuevos vínculos con el mundo (Brasil ya no aceptando su lugar marcado y subordinado en el concierto global y fomentando las relaciones Sur-Sur, la integración regional y la creación de nuevas alianzas con Unasur, Celac, BRICS, IBAS y el continente africano) fueron catalizadores y parte de esos cambios de fondo. Invenciones políticas por todos lados, como el inicio de las reparaciones raciales en el país campeón mundial de la esclavitud. El auge de ese proceso lulista se sitúa en el período final del gobierno de Lula. Brasil, con su presidente con el 90% de popularidad personal y de su gobierno en el 80%, gana la sede de las Olimpíadas y de la Copa Mundial de Fútbol y concreta con éxito un acuerdo con Irán acerca de la política nuclear del cual todos los países más poderosos eran escépticos.

Ese auge, a su vez, mostró sus (fuertes) limitaciones. En el plano internacional, Brasil saltó a una inédita posición. Se abrió, sin embargo, una significativa brecha entre su retórica -por ejemplo, de una nueva geografía comercial- y sus posibilidades concretas en las relaciones, por ejemplo, con el continente africano; o en sustentar –en varios sentidos- una verdadera integración regional sudamericana. Esto se reforzó con la pérdida de la intensidad en el período de Dilma, con la salida de la performática dupla Lula-Celso Amorim, auxiliados por Samuel Pinheiro Guimarães y Marco Aurélio Garcia, y la entrada de figuras más burocráticas, sea en la Presidencia, sean los sucesivos ministros Antonio Patriota, Luis Figueiredo y Mauro Vieira. El comportamiento de los dos últimos al respecto del golpe sólo refuerza los equívocos de esa elección. Y cuando anotó un gol en el marcador –en el caso iraní- fue vetado por todas las potencias: de los Estados Unidos a Francia pasando por Rusia y China. Lo mismo podría ser dicho al respecto del concepto de responsabilidad al proteger la nueva regulación de internet, ambas extremadamente loables y pertinentes pero careciendo de poder de implementación o hasta incluso de mayor debate.


«El lulismo produjo o contribuyó para una expansión de las posibilidades de vida, de las perspectivas de lucha, de los horizontes existenciales.»

Además, la apuesta mayor en los megaeventos y en las megaobras, en un tipo de Brasil grande también mostró sus profundos equívocos. ¡Belo Monte! Eso se refuerza con Dilma en el comando. El primer Gobierno de Dilma es de continuidad, pero al mismo tiempo, se puede decir que corresponde a la baja generalizada del punch político. Cierto experimentalismo político fue dejado de lado y la prioridad dada a la política externa disminuyó considerablemente, como, por ejemplo, el rechazo en particular a participar en el grupo de países que se reunió para intentar poner fin a la guerra civil siria. Hubo, lamentablemente, un rebajamiento en prácticamente todas las áreas, de los derechos humanos a la seguridad, de la política agraria a la ambiental, pasando por la participación popular y por la cultura. Volviendo a una cuestión emblemática, de acuerdo con la Presidenta, la hidroeléctrica de Belo Monte era inevitable y cualquier alternativa a esta, fantasía. En aquel inicio de gobierno, el espíritu animal de los empresarios había sido despertado y se trataba de prolongar y reforzar esto: baja de las tasas de interés, aceleración de las exoneraciones fiscales para fomentar las industrias y baja de las tarifas de energía para empresas y familias. Con la dimisión en serie a varios ministros envueltos en hechos oscuros luego del inicio de su gobierno, la Presidenta se mostraba como antagónica a la tradicional y corrupta política brasileña y había aparentemente encontrado su lugar, certificado por la alta popularidad que mantendrá hasta junio de 2013.

Las apuestas muy cuestionables de crear campeones nacionales y megaempresas con dinero de los bancos públicos para fomentarlas y darles proyección internacional no vienen del Gobierno Dilma. Su fiasco, sea en las telecomunicaciones (recuperación judicial de la empresa Oi), la concentración en el mercado de carnes (JBS Friboi y su primer lugar mundial como procesadora de alimentos) o la falencia del Grupo X de Eike Batista, empresario de éxito y símbolo (también) de la era Lula, muestran que estas cuestiones fueron gestadas antes. Se puede decir que las tensiones entre un Brasil uno y un Brasil múltiple en el período Lula se resolvieron en el período Dilma: las políticas menores (cultura, reforma agraria, apoyo a las comunidades, cuestiones indígenas, derechos humanos) se deterioraron. La propia elección de Dilma como candidata hirió las buenas tradiciones petistas y los procesos democráticos de elección colectiva. Y eso gana otro grado con la irrupción de junio de 2013. Un levantamiento múltiple y ambiguo contra la corrupción, la trágica vida en las grandes ciudades, la baja calidad de los servicios públicos, la violencia policial y los límites de la democracia representativa comprada por las grandes empresas. Un deseo de participación democrática de alta intensidad. Dilma y el campo petista llegaron a recibir algunos manifestantes, propusieron algunas respuestas (el programa Más Médicos, la propuesta de una constituyente exclusiva para una reforma del sistema político, royalties del pré-sal para educación) pero nunca se dispusieron a dialogar para implementarlas, involucrarse, y tampoco desarmaron el aparato represivo (responsabilidad antes de todo de los Estados en la Federación brasilera, pero…).

La cuestión de la corrupción es igualmente bastante significativa para la comprensión de estos últimos años. Al mismo tiempo, los gobiernos petistas fortalecieron de forma inédita las instituciones de control y fiscalización (Policía Federal, Controladoria-General, PGR, Ley de acceso a la información), inclusive aumentando de forma significativa su autonomía, y se embarcaron con gusto en la política tradicional brasileña y sus canales de financiamiento. Se crió un cortocircuito. Y, en por lo menos dos oportunidades, sea en la transición de Fernando Henrique Cardoso para Lula, sea en el caso de Banestado, la elección fue preservar el sistema político, sofocando los escándalos de corrupción graves. Tal opción puede ser más comprensible si pensamos en la opción del PT de “jugar el juego”, pero eso va justamente si juega contra el PT más adelante, y aún acentuado por la selectividad: el último en llegar será tachado de corrupto mayor. Además de eso, el hecho de que el PT hasta hoy no ha explicado a sus militantes, simpatizantes y electores el escándalo del mensalão y mantiene la corrosión en curso de esa importante institución de la izquierda mundial; la corrupción como uno de los marcos de las ambigüedades petistas y un hecho decisivo de su naufragio en curso. Las elecciones municipales de octubre indicarán la capacidad de resiliencia o no del PT.

Entre el auge ya citado del lulismo y junio de 2013 se produce una abrupta transición del “todos están felices” hacia un “nadie está satisfecho”. Junio abre un espacio para la radicalización democrática que no fue aprovechado. La imposible continuación del lulismo y su magia de dar a los pobres sin sacarles a los ricos. Tanto, por un lado, en relación a las condiciones internacionales, ya que el mundo todavía no salió de la crisis económica y financiera global iniciada en 2008 y el estancamiento del precio de las commodities afecta una parte importante de la cuota de exportación brasileña. Y nacionales, por otro lado, con la conjunción argumental del conflicto redistributivo, la abstinencia de gobernar por parte de las elites políticas tradicionales y su activación del golpismo y el “quiero más” de los de abajo y de la izquierda, “vieja” y “nueva”. Dilma intentó en su gobierno hacer frente a esos desafíos de la imposible continuidad del lulismo, pero probablemente movilizó a los actores equivocados y tomó los caminos erróneos. El país mantuvo el empleo y la renta hasta la elección de 2014, lo que permitió la cuarta victoria electoral seguida, pero los cambios políticos post 2010 y reforzados después de 2014 fragilizaron ese proceso de redistribución de la renta.

Gobierno temerario y perspectivas

El Gobierno interino de Michel Temer representa el retorno al Estado por los que nunca se fueron completamente. En el período de los gobiernos petistas, los “dueños del poder” permanecieron, pero –y esa constituía una novedad-, estos coexistían y, en parte, eran liderados por los nuevos sectores que expresan el ciclo de luchas iniciado en el fin de los años ‘70 e inicios de la década de 1980, cuyo marco son las huelgas de los trabajadores de São Paulo y de la región del ABC, junto con una efervescencia de los movimientos campesinos, feminista, negro y de las florestas, entre otros. La principal faceta del gobierno provisorio (y un cambio en relación a los anteriores, tanto de Lula como de Dilma) es no tener esa otra parte, descolonizadora en términos históricos y de luchas, siendo así un gobierno de las tradicionales oligarquías.


«El país mantuvo el empleo y la renta hasta la elección de 2014, lo que permitió la cuarta victoria electoral seguida, pero los cambios políticos post 2010 y reforzados después de 2014 fragilizaron ese proceso de redistribución de la renta.»

Se trata también de una cierta vuelta en el tiempo, en varias dimensiones. A los neoliberales años ’90 si pensamos en los anuncios de corte de gastos sociales y ansias privatizadoras. El equipo económico es liderado por Henrique Meirelles, con carrera en el Bank of Boston, elegido como diputado federal por el PSDB en 2002 y presidente del Banco Central en el Gobierno Lula, ahora Ministro de Hacienda interino. Sus principales propuestas para el país son las de establecer una contención estructural del gasto público, fin de la política de valorización del salario mínimo y una reforma de las pensiones. Meirelles, junto al presidente provisorio del Banco Central, Ilan Goldfain, y todos los directores recién nombrados son orgánicos del mercado financiero y del rentismo, y actuaron antes en los bancos Itaú, Bradesco y Opportunity, y en su mayoría pasaron por la PUC-Río, famosa escuela neoliberal, denotando una completa ausencia de diversidad de perspectivas (ni siquiera de ligazón a otros sectores económicos u otras filiaciones académicas) [40]. Y, fundamental decir y repetir, sin legitimidad de las urnas. Difícilmente un candidato con ese programa sería elegido. A pesar de los neoliberales del equipo económico, el gobierno como un todo, es irresponsable desde el punto de vista fiscal, lo que mostraría una vez más el inmenso casuismo de sacar a Dilma del gobierno por las llamadas pedaladas; de acuerdo con la economista Laura Carvalho, “los términos de la renegociación de la deuda de los Estados, la licencia para gastar concedida a los ministerios de base y la aprobación de los reajustes para el funcionalismo hicieron con que la generosidad de los economistas tenidos como más serios pasaran de ese lugar al escepticismo. Lo mismo no vale para muchos analistas en el mercado, que, digamos de pasada, todavía muestran tolerancia inédita con la situación fiscal en degradación” [41]. O aún, el hecho de que el mayor deudor de la Unión entre las personas físicas es… director del FIESP [42] o el presidente de la Confederación Nacional de las Industrias vocifera por enésima vez contra las leyes de trabajo (CLT), promulgada y conquistada en la década de 1940.

Tal tonada se refleja también en la política externa. El discurso de posesión del canciller interino y algunos de sus primeros gestos indican una vuelta a una política externa más sumisa, con un resabio de antipetismo. Es curiosa la fijación de una desideologización venida de parte del primer ministro desde 2003 en ser un político profesional y no un cuadro de Itamaraty. Uno de los diplomáticos más influyentes, Rubens Barbosa, va a usar una expresión (“importante corrección del rumbo” [43]) semejante a la del primer gobierno de la dictadura militar iniciada en 1964 para caracterizar los cambios que vendrían en la política externa. Luego en sus primeros días, Serra emite duros comunicados contra los vecinos gobiernos de Cuba, Venezuela y Bolivia. Para mayor extrañeza de una “nueva política externa” de un gobierno interino, Serra indica cierta falta de preparación; tanto en su amenaza de dejar la OMC y decir que “Brasil está listo para tomar nuevos caminos” [44], como al ser cuestionado sobre la NSA y responder: “NSA, ¿qué es eso?” [45]. Entró también en la mira del canciller interino la política de cooperación con países más pobres, definida como “diplomacia de la generosidad” en el sentido evidentemente peyorativo. Son cuestionadas, así, las embajadas abiertas en el continente africano y es exonerado de modo sumario el diplomático Milton Rondó, responsable de la creación de la Coordinación de Acciones Internacionales de Combate al Hambre (CGFOME) que, a partir de 2003, estructuró políticas de solidaridad, defendiendo el derecho humano a la alimentación, en diálogo con actores de la sociedad civil y movimientos sociales e inspirando políticas públicas innovadoras, como el Programa de Adquisición de alimentos [46]. Serra intenta trazar una estrategia que ya mostró sus fuertes límites: volver al “buen comportamiento” en relación a los Estados Unidos, lo que para un país como Brasil no tiene sentido: la rebeldía abre espacios, como ejemplos históricos recientes indican.

Aún más preocupante es que el actual proceso se presenta con toque del régimen militar. Antes de asumir el Ministerio de Justicia, el entonces Secretario de Seguridad del Estado de São Paulo, Alexandre de Moraes, se refiere a las protestas del Movimento dos Trabalhadores Sem Teto (MTST) como “actos de guerrilla” [47]. Hace, después, una serie de amenazas e intenta innovar tristemente al despejar estudiantes (que ocupaban el centro administrativo de las escuelas técnicas) sin mandato de reintegro de posesión. Una política que pretende privilegiar la represión a la esfera de los derechos. El presidente en ejercicio posee la misma sintonía: golpea la mesa, dice saber tratar con bandidos por haber sido Secretario de Seguridad de São Paulo y al responder a las acusaciones de su compañero de partido Sergio Machado parece más un caudillo en un pronunciamiento hueco: en su descalificación del ahora opositor, en las palabras de explicación extremadamente vagas y en las apelaciones a la armonía, todo eso en un lenguaje anticuado [48] y teniendo como fondo un nuevo logo de gobierno “conservador y retrógrado” en términos de diseño y que todavía por equívoco usó la bandera del período de la dictadura militar [49]. Orden y progreso es el lema del gobierno, ¿la doctrina de la seguridad nacional de vuelta? En suma, una revancha, en sentido benjaminiano [50], de los tétricos vencedores de la historia brasilera, simbolizados por el nuevo ministro de Gabinete de Seguridad Institucional, Sérgio Etchgoyen y su lenguaje golpista y autoritario: el abuelo se oponía a los militares nacionalistas y ayudó a presionar fatalmente a Getúlio Vargas en 1954, el padre participó activamente de la deposición de João Goulart en 1964 y trabajó en el gabinete de Médici en el período más brutal de la dictadura y ahora el hijo honra la familia, ayer atacando a la Comisión Nacional de la Verdad y hoy asumiendo un puesto de confianza de Temer [51].


«Serra intenta trazar una estrategia que ya mostró sus fuertes límites: volver al “buen comportamiento” en relación a los Estados Unidos, lo que para un país como Brasil no tiene sentido: la rebeldía abre espacios, como ejemplos históricos recientes indican.»

A ese cuadro, podemos sumar el fin de los ministerios que representan conquistas colectivas desde la redemocratización y que se reforzaron en el período petista: desarrollo agrario, mujeres, igualdad racial, ciencia y tecnología y cultura (con su extinción luego revertida). Un ministerio con ninguna mujer (la primera vez desde el gobierno de la dictadura Geisel en los años ’70) y ningún negro, mayorías en la sociedad brasilera. Si en el Gobierno de Dilma, parte de las políticas innovadoras fueron dejadas de lado, ahora se trata de un desmonte casi completo. Una secuencia de horrores: un militar defensor de la guerra a las drogas y de militarización para menores en la política de drogas; tentativa de nombrar un general en la política indígena; una secretaria de política para las mujeres contra cualquier forma de aborto e investigada por desvío de dinero público; personas ligadas a las empresas en varios sectores como el de la salud; señales de revisión de la creación de áreas indígenas; Marco Civil de Internet; desapropiaciones de tierra y programas habitacionales. Además, Temer demitió al presidente de la Empresa Brasilera de Comunicación que tenía estabilidad por ley y el STF lo repuso en su puesto. Una ola de retrocesos, cuya frutilla del postre es la de buscar retirar la obligatoriedad para Petrobras como operadora del pré-sal.

Y uno de los motes para la expulsión de Dilma (la corrupción), se revela como caricaturesca en el gobierno interino: tres ministros ya cayeron por corrupción y otro siguen a pesar de serias denuncias. El líder del gobierno en la Cámara es acusado en tres acciones penales y procesos, incluyendo uno de tentativa de homicidio. A la base parlamentaria de la situación retiró la urgencia del paquete anticorrupción que estaba tramitando y que envolvía medidas como la criminalización del “caja dos” y la tipificación del crimen de enriquecimiento ilícito. Un mandato provisorio y temerario [52]. Termino este texto a mediados de Julio. No se sabe lo que va a acontecer y cuál será el resultado de la votación en el Senado, que está prevista para la segunda mitad de agosto. Si el gobierno provisorio se va a tornar definitivo, al conseguir dos tercios de los votos de los senadores y la confirmación del impeachment de Dilma Rousseff. Y si en ese caso conseguirá estabilizarse mínimamente hasta 2018. O si Dilma conseguirá los votos de los pocos senadores que le faltan para garantizar un tercio y volver. Este escenario parece bien poco probable. Las protestas continúan, pero disminuyeron; pueden tal vez retomar fuerza con las Olimpíadas o con nuevas revelaciones del Lava Jato. ¿Conseguirá la izquierda organizar una huelga general? Si el segundo mandato de Dilma fue desastroso, se puede decir que su salida (¿provisoria?) fue literalmente por la puerta de adelante, con un discurso en el Palacio con los ministros y otro con Lula y movimientos en el frente del Planalto.

¿Cuáles son las perspectivas políticas democráticas y de las luchas en este contexto? ¿Estaremos viviendo un “que se vayan todos” (con otras modulaciones, diferente del “clásico” argentino del 2001)? Tal vez el principal punto sea la erosión en curso, y acentuada, del sistema político. Antes de la votación de abril, el 60% defendía la renuncia de Dilma y Temer y casi el 80% del entonces presidente de la Cámara, Cunha [53]. Una consulta acerca del presidente del Senado debe estar en ese piso. Tras un apagón de tres meses sin encuestas (!), las más recientes parecen confirmar ese rechazo generalizado [54], incluso la recientemente divulgada del Instituto Datafolha (del mismo grupo del diario Folha de S. Paulo), cuyo título inicial parecía fortalecer a Temer, pero por un equívoco grave de manipulación; 62% de los brasileños quieren nuevas elecciones y poquísimas personas defienden a Temer [55]. Además, de los casi 600 parlamentarios, más de la mitad está siendo investigada por corrupción y las delações premiadas citarían políticos importantes de todos los partidos (aunque el foco tienda a permanecer en el PT).

Una cuestión para la izquierda sería qué hacer en caso –plausible- de colapso total del sistema político. Otra sería si ella va a ser capaz de dinamizar y galvanizar la insatisfacción social que debe aumentar a partir de la austeridad, ajuste fiscal y políticas neoliberales. Eso vale para los dos polos de la izquierda, tanto el “institucional” como el “autónomo”. El PT no supo ganar; contribuyó decisivamente para los cambios en Brasil, pero no fue capaz de radicalizar las conquistas ni cuando las calles apuntaron hacia eso (Junio 2013). Infelizmente eso vale también para el otro polo. El MPL, una de sus expresiones, incendió Brasil, puso en discusión un tema fundamental para la clase trabajadora (transporte urbano), consiguió su inclusión como derecho social en la Constitución, ayudó en la eclosión de un nuevo imaginario político radical, pero no logró articular la lucha contra las cercas del transporte con los otros campos: la comunicación, la gestión del agua escasa, la economía y los tributos… Es interesante percibir cómo ambos polos, el institucional y el autónomo, vencieron, pero tal vez no supieron ganar.

La resistencia al golpe fue superior al que suponían o esperaban sus propulsores, pero insuficiente para pararlo. No lo impidió, pero golpeó al golpe. Consiguió explicitar que un sector minoritario pero expresivo expresase en alto y buen sonido la ilegitimidad del gobierno interino. No logró, eso sí, cautivar a la nueva generación; “después del golpe de abril de 2016, es comprensible que permanezcan al margen de una disputa que se da en el campo del Orden. Decir (como la izquierda) que fue un Golpe de Estado les es indiferente. Decir (como la Derecha) que no fue, también” [56]. Paralela y concomitantemente a esta lucha contra el golpe, una nueva generación se viene organizando en una llave más autónoma, en una serie de movilizaciones: ocupaciones de escuelas en varios estados, marcha de la marihuana, ocupaciones de los aparatos culturales contra la extinción del Ministerio de Cultura, cryptorave, mujeres y LGBT contra la cultura del abuso, hinchadas organizadas contra O Globo. Subversiones múltiples reforzándose y conectándose, siendo parte de un ciclo global que se expresa en las kurdas, en el Black Lives Matter, en Oaxaca y muchas otras partes del planeta.

Los estudiantes secundarios constituyen una de esas llamas y al ocupar en el fin del 2015 más de doscientas escuelas públicas en San Pablo contra un plan de reorganización del gobierno estadual del PSDB, ejecutaron uno “de los gestos colectivos más osados en la historia reciente de Brasil, (…) ese movimiento destapó la imaginación política en nuestro País”. De ese modo, “ya no se tolera lo que antes se toleraba, y se pasa a desear lo que antes era impensable. Eso significa que la frontera entre lo intolerable y lo deseable se disloca –y sin que se entienda cómo ni por qué, de pronto parece que todo cambió: nadie acepta más lo que antes parecía inevitable (la escuela disciplinadora, la jerarquía arbitraria, la degradación de las condiciones de enseñanza), y todos exigen lo que antes parecía inimaginable (la inversión de las prioridades entre lo público y lo privado, la primacía de la voz de los estudiantes, la posibilidad de imaginar otra escuela, otra enseñanza, otra juventud, inclusive otra sociedad!)” [57].


«La resistencia al golpe fue superior al que suponían o esperaban sus propulsores, pero insuficiente para pararlo.»

¿Qué trae esta nueva generación? ¿Cuál será su relación con las instituciones? ¿Cómo conectarse y apoyarse mutuamente (inclusive para prepararse para la represión en curso y por venir; con la combinación de la herencia maldita dejada por Dilma en la de la Ley Antiterrorista y el ímpetu represivo del gobierno interino)? ¿Cómo golpear en cuestiones decisivas como el fin del etnocidio, el pago de impuestos por los ricos, el fin del encarcelamiento en masa, del exterminio de la juventud negra y de los asesinatos de luchadores? ¿Cómo crear alianzas nuevas, sorprendentes, pragmáticas y necesarias, composiciones micro-macro, soviets múltiples? ¿Cómo potencializar las actuales subversiones y su nueva imaginación política? ¿Cómo relacionarse con la “vieja generación”? ¿Cuál debería ser el papel de Lula (cuya fuerza todavía es significativa, llegando a liderar las encuestas para 2018 aunque no se sepa si podrá presentarse) y del PT en todo eso? ¿Y el de un movimiento fundamental, como el MTST? Un caldo se viene formando, parte de una imposible constelación; en ese sentido, el golpe en curso, retomando la idea de un tipo de revolución subjetiva, puede tal vez ser pensado como una contra-revolución.

Creación

En la Guerra de Paraguay, el Imperio brasileño convocó a sus súbditos para el combate, los llamados Voluntarios de la Patria. Estos eran en verdad forzados, como en el caso citado en la apertura del texto; los “Voluntarios involuntarios” y en una perspectiva de curso más largo, “los indios fueron y son los primeros Involuntarios de la Patria” [58]. En una reciente reunión con el Frente Parlamentario Agropecuario, el presidente interino habría declarado que “es una cosa muy curiosa, esa cuestión de las tierras indígenas”, colocando que “vamos a intentar solucionar ese problema” [59]. Ya se imagina, fácilmente, cómo… Golpes de ayer y de hoy, percibiendo una “historia golpeada de Brasil” [60].

En 2016, el cantante y compositor Chico Science cumpliría 50 años. Él y sus compañeros, en el inicio de los años ’90, anuncian, con el manguebeat [61], un nuevo momento y tal vez ese nuevo ciclo que se confirmó en las décadas siguientes, de las periferias como actor clave, de los márgenes creativos; no por casualidad, el manifiesto más importante contra el golpe ha venido de esos lados: por una democracia real [62]. Tal vez una revolución lenta. Este manifiesto de las periferias contra el golpe se conectaría, así, con otro manifiesto, “cangrejo con cerebro”, escrito en 1992 por Fred Zero Quatro. Pensando y actuando desde Recife (manguetown), Fred pregunta “¿cómo devolver el ánimo, deslobotomizar y recargar las baterías de la ciudad? ¡Simple! Basta inyectar un poco de energía en el barro y estimular lo que todavía queda de fertilidad en las venas de Recife”. Ese movimiento buscaba “engendrar un circuito energético, capaz de conectar las buenas vibraciones de los mangues con la red mundial de circulación de conceptos pop. Imagen símbolo: una antena parabólica metida en el barro” [63]. El manguebeat retoma al fabuloso y original filósofo Oswald de Andrade, en su lectura-re-lectura de la antropofagia tupi y su idea de bárbaro tecnificado, en un hilo subterráneo y subversivo de la contracultura brasileña.

De vuelta al mangue. El mangue despojado de su imagen negativa de mugre, pobreza, polución, basura, abandonado por el “poder público” hasta ser tapado de tierra y liberado a la especulación inmobiliaria. El mangue como riqueza ecológica, conector de las aguas dulces y saladas, fuente de conocimiento, vida y política. Los cangrejos son habitantes del mangue, se alimentan de los residuos y restos y son fundamentales para el manguezal [64], porque “cavan pozos, formando verdaderos túneles, provocando la ventilación del barro, facilitando la circulación del agua y brindando protección a otros animales. Cuando cavan estos túneles los cangrejos promueven la renovación de nutrientes de capas más profundas de barro, permitiendo la reutilización de estos nutrientes por plantas y otros microorganismos” [65]. El barro subversivo oponiéndose al barro tóxico de una de las mayores tragedias ambientales de la historia de Brasil, ocurrida en la ciudad de Mariana, en Minas Gerais. ¿Serían, en una clave tropical, los cangrejos los topos de Marx, una metáfora de la revolución, al circular imperceptiblemente por debajo de la tierra hasta interrumpir disruptivamente? En la mitología del candomblé, Oxalá intentó crear las personas de madera, aire, agua, fuego, piedra, aceite y vino y no lo lograba. Nanã le dio entonces el barro y las personas fueron modeladas en él [66]. Somos el color del color de la tierra, dice el Subcomandante Marcos en la Plaza del Zócalo al llegar los zapatistas de una larga marcha venida del sudeste mexicano en 2001 [67]. Y la voz de los que cultivan la tierra [68]. El ciclo anterior fue victorioso para la izquierda. ¿Qué nos dará el próximo? Vivimos tiempos de golpe y de plantación; el mangue como imagen de un momento constituyente: ¿sabrá crear la izquierda?


«¿Serían, en una clave tropical, los cangrejos los topos de Marx, una metáfora de la revolución, al circular imperceptiblemente por debajo de la tierra hasta interrumpir disruptivamente?»

*Profesor del Departamento de Ciencia Política de la Universidad de São Paulo. Es autor de Marx Selvagem (São Paulo, Annablume, 2013) y co-organizador de Junho: potência da rua e das redes (Fundação Friedrich Ebert, 2014) y Cartografias da emergência: novas lutas no Brasil (FES, 2015). Contacto: jeantible@usp.br. Traducción: Bruno Levy

 Notas al pie:

[1] Este artículo es parte de una secuencia de artículos en español en los últimos años, de análisis sobre la coyuntura brasilera antes publicados en la revista Nueva Sociedad en tres oportunidades: ¿Una nueva clase media en Brasil? El lulismo como fenómeno político-social. Nuso, Enero-Febrero 2013; Encrucijadas brasileñas: entre protestas, procesos y elecciones. Nuso, Enero-Febrero 2015 y (con Alana Moraes) ¿Fin de fiesta en Brasil? Nuso, Septiembre-Octubre 2015.

[2] Marina Dias. “Líder do governo rejeita pedaladas e defesa de Dilma usará fala em processo”. Folha de S. Paulo, 25/06/2016.

[3] Laura Carvalho. “Quem paga o pato?”. Folha de S. Paulo, 17/12/2015.

[4] Étore Medeiros. “Pelo menos 17 governadores pedalaram impunemente”. El País Brasil, 09/06/16.

[5] Victor Rezende et al. “Rio decreta calamidade pública”. O Estado de S.Paulo, 17/06/16.

[6] Rubens Valente. “Em diálogos gravados, Jucá fala em pacto para deter avanço da Lava Jato”. Folha de S. Paulo, 23/05/2016.

[7] Celso Rocha de Barros. “Jucá entregou o jogo”. Folha de S. Paulo, 30/05/2016.

[8] José Roberto de Toledo. “É o dinheiro, gênio!”. O Estado de S.Paulo, 04/07/16.

[9] Carl Schmitt. Théologie politique. Paris, Gallimard, 1988 [1922].

[10] Sobre esto ver https://grampo.org/.

[11] Disponible en: https://pt.scribd.com/doc/304625836/Depoimento-do-ex-presidente-Lula-a-Lava-Jato

[12] “Imprensa brasileira insufla população para derrubar Dilma’, diz Repórteres Sem Fronteiras”. Revista Brasileiros, 22/04/16.

[13] Marcos Nobre. “1988 + 30”. Novos Estudos, v.35.02, p. 135-149, Julho de 2016.

[14] Marco Weissheimer. “STF está envolvido no processo do golpe, afirma professor da UnB”. Sul21, 29/05/16.

[15] Mario Cesar Carvalho. “Supremo fugiu da regra ao afastar Cunha, diz pesquisadora”. Folha de S. Paulo, 06/05/2016.

[16] Fernando Henrique Cardoso. “Vitória amarga”. O Estado de S.Paulo, 7/12/2014.

[17] Ilimar Franco. “Panorama Político”. O Globo, 29/01/15.

[18] GPOPAI. “Pesquisa manifestação política 16 de agosto de 2015”. Disponible en: https://gpopai.usp.br/pesquisa/160815/

[19] Editorial. “O jogo sujo da desinformação”. O Estado de S.Paulo, 29/05/2016.

[20] Fernando Fuentes. “Ex canciller y ex ministro de Defensa: ‘Lo que pasó con Rousseff tiene que preocupar a todos en el continente’”. La Tercera, 16/05/16.

[21] Mariana Borges. “Em Lisboa, manifestantes protestam contra ‘golpe’ durante evento com José Serra e Gilmar Mendes”. Opera Mundi, 29/03/16.

[22] Mark Weisbrot. “Golpe: a diplomacia cifrada de Washington”. OutrasPalavras, 25/05/16.

[23] Carlos Helí de Almeida. “Sessão de ‘Aquarius’ em Cannes é marcada por protesto contra impeachment; vídeo”. O Globo, 17/05/16.

[24] Redação. “Fotógrafo brasileiro vencedor do Pulitzer denuncia golpe no Brasil durante premiação”. Rede Brasil Atual, 29/04/16.

[25] Lucas Bulgarelli. “Diplomata brasileiro é vaiado e tem fala cortada em Conferência da OIT por negar golpe”. Revista Fórum, 03/06/16.

[26] El término pré-sal se refiere a un área de reservas petrolíferas que se encuentra debajo de una profunda capa de rocas salinas, que a su vez compone una de las varias capas del subsuelo marino.

[27] Ildo Luís Sauer. O pré-sal e a geopolítica e hegemonia do petróleo face às mudanças climáticas e à transição energética, mimeo.

[28] Natalia Viana. “WikiLeaks: NSA espionou assistente pessoal de Dilma e avião presidencial”. Agência Pública, 04/07/15.

[29] Juliana Rocha e Catia Seabra. “Petroleiras foram contra novas regras para pré-sal”. Folha de S. Paulo, 13/12/2010.

[30] Nathalia Passarinho. “Dilma diz na ONU que espionagem fere soberania e direito internacional”. G1, 24/09/13.

[31] Judiciários, n. 26, Brasília: Conselho da Justiça Federal, 2004.

[32] Luis Nassif. “As implicações geopolíticas da Lava Jato”. Jornal GGN, 15/10/15.

[33] Janio de Freitas. “Jatos desiguais”. Folha de S. Paulo, 08/11/2015.

[34] Luis Nassif. op. cit.

[35] Martín Granovsky. “Un ALCA hoy sería un desastre”. Página 12, 03/07/16.

[36] Luiz Alberto Moniz Bandeira. “1964: os generais sob a estratégia americana”. OutrasPalavras, 31/03/14. Ou nos arquivos norte-americanos: http://nsarchive.gwu.edu/NSAEBB/NSAEBB118/index.htm

[37] Marina Amaral. “A nova roupa da direita”. Agência Pública, 23/06/15.

[38] André Singer. Os sentidos do lulismo: reforma gradual e pacto conservador. São Paulo, Companhia das Letras, 2012.

[39] Discurso de posse de Gilberto Gil no Ministério da Cultura disponble en: http://www1.folha.uol.com.br/folha/brasil/ult96u44344.shtml

[40] André Araújo. “A assustadora equipe econômica”. Jornal GGN, 21/06/16

[41] Laura Carvalho. “Céu de mentira”. Folha de S. Paulo, 07/07/2016.

[42] Daniel Bramatti et. al. “Dívida de diretor da FIESP com a União é de 6,9 bi”. O Estado de S.Paulo, 18/07/2016.

[43] Monica Gugliano. “Para Barbosa, Brasil saiu de isolamento crítico”. Valor, 10/06/16.

[44] Andrei Netto. “Serra critica OMC e diz que Brasil está ‘pronto para tomar novos caminhos’”. O Estado de S.Paulo, 02/06/2016.

[45] Eliane Catanhêde. “Governo não tem a opção de fracassar‟, diz José Serra”. O Estado de S.Paulo, 22/05/2016.

[46] Grupo de Reflexão sobre Relações Internacionais. “Condenamos a exoneração do Ministro Milton Rondó (CGFOME) e denunciamos o abandono da política de solidariedade exercida sob o seu comando”. Brasil no Mundo, 17/06/16.

[47] Maria Cristina Fernandes. “Alexandre de Moraes, o pit-bull de Temer”. Valor, 11/05/16.

[48] Disponível em: http://g1.globo.com/globo-news/jornal-globo-news/videos/v/michel-temer-contestaacusacoes-feitas-por-sergio-machado-em-delacao-premiada/5098083/

[49] Paula Reverbel. “Logo do governo Temer usa bandeira dos anos 1960” e Silas Martí. “Marca do governo Temer foi escolhida por Michelzinho, seu filho de 7 anos”. Folha de S. Paulo, 16/05/2016.

[50] Walter Benjamin. “Teses sobre a história” (1940).

[51] Fernando Marcelino. “Governo Temer forma triunvirato da repressão para aplicar programa antipovo”. Brasil de Fato, 17/05/16.

[52] André Singer. “Curto-circuito?”. Folha de S. Paulo, 11/06/2016.

[53] “61% apoiam impeachment de Dilma e 58%, de Temer, diz Datafolha”. G1, 09/04/16.

[54] Marina Rossi. “Aprovação do Governo Temer é de 13% e maioria não vê diferença com Dilma”. El País Brasil, 01/07/16.

[55] Glenn Greenwald e Erick Dau. “Folha comete fraude jornalística com pesquisa manipulada visando alavancar Temer”. The intercept, 20/07/16 e “A fraude jornalística é ainda pior: surgem novas evidências”. The intercept, 21/07/16.

[56] Lincoln Secco. “Secundaristas”. Blog da Boitempo, 24/05/16.

[57] Peter Pál Pelbart. “Tudo o que muda com os secundaristas”. OutrasPalavras, 13/05/16.

[58] Eduardo Viveiros de Castro. “Os Involuntários da Pátria”. Aula pública durante o ato Abril Indígena, Cinelândia, Rio de Janeiro, 20/04/16.

[59] Janio de Freitas. “Estrelas em cena”. Folha de S. Paulo, 14/07/2016.

[60] Douglas Belchior. “A história golpeada do Brasil”. Blog Negro Belchior, 07/05/16.

[61] Con este término se menciona en Brasil a lo que en Argentina llamamos molinete: el dispositivo de giro sobre un eje que permite o niega el acceso a, generalmente, transportes públicos (en el caso argentino, comúnmente utilizado en subterráneos y trenes).

[62] Manifesto “Periferias contra o golpe”. Disponible en: http://goo.gl/forms/ZK6G0QS1xY

[63] Fred Zero Quatro. “Caranguejos com cérebro” (1992). Disponible en:

[64] Ecosistema de transición entre el ambiente terrestre y marino, de zonas húmedas típicas de regiones tropicales y subtropicales. Al igual que el mangue, está asociado a bahías y desembocaduras de ríos y/o mares.

[65] Djalma Agripino de Melo Filho. “Mangue, homens e caranguejos em Josué de Castro: significados e ressonâncias”. Hist. cienc. Saude-Manguinhos, vol.10 no.2. Rio de Janeiro, Maio-Agosto de 2003.

[66] Reginaldo Prandi. Mitologias dos orixás. São Paulo, Companhia das Letras, 2000.

[67] Palavras del EZLN el día 11 de marzo de 2001 em el Zócalo de la Ciudad de México. Disponível em: http://submarcos.org/zocalo.html

[68] Debate entre Sônia Guajajara, Zé Celso e Guilherme Boulos. Teatro Oficina, São Paulo, 06/06/16. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=_rf89zFaNT8