Bolivia: once años con Evo. ¿Cuál es el camino para la continuidad de los cambios?

Escribe Isaac Rudnik

El triunfo de Evo en las elecciones presidenciales de finales de 2005, fue la culminación de un largo proceso de luchas, que habían tomado impulso cinco años antes, en las manifestaciones populares de Cochabamba contra la empresa transnacional proveedora del agua, que fue expulsada del país como consecuencia de esa disputa (la guerra del agua). En las elecciones de 2002, volvió a ganar –muy ajustadamente- el MNR, que había coadministrado el proyecto neoliberal en los 90 con el 20,8% de los votos, pero también irrumpió el MAS encabezado por Evo, alcanzando el 19,4%. En 2003, estalla la “guerra del gas” un proceso de movilizaciones contra la propuesta oficial de vender el gas boliviano a Estados Unidos y México a precios de regalo, a través de un gasoducto que transnacionales inglesas, norteamericanas y españolas, construirían hasta puertos al norte de Chile. En octubre de 2003 dimite y huye a EEUU el presidente Sánchez de Lozada como consecuencia del fracaso de ese escandaloso proyecto de entrega en el que se había comprometido, heredando el sillón su vice Carlos Meza. Este gobierna menos de dos años signados por inestabilidad y turbulencias, durante los cuales los movimientos sociales que encabezan las luchas, instalan dos reclamos políticos fundamentales que de alguna manera sintetizan las experiencias y aspiraciones de los sectores populares: nacionalización de los recursos naturales y asamblea constituyente. Bajo esas dos consignas principales el 18 de diciembre de 2005, Evo Morales ganó las presidenciales con el 54% de los votos, cuando las encuestas más optimistas le auguraban como máximo un 37%.

En un país con una población compuesta mayoritariamente por las etnias quechua y aymara (más del 60% entre las dos) y un 25% de mestizos, la poderosa minoría de origen europeo (alrededor de un 10% de los bolivianos) acostumbrada a detentar el poder económico y político durante siglos, en los años siguientes daría dura batalla, apoyada directamente por EEUU. Evo fue recibido como “uno de los nuestros” (al decir de Marco Aurelio García asesor de Lula en política exterior), por los presidentes la región que en aquellos años ya encabezaban modelos post neoliberales, como Kirchner, Lula, Chávez (Tabaré había ganado en Uruguay en octubre 2005 pero asumió recién en marzo 2006). La nacionalización de los recursos naturales, y particularmente la sanción de una nueva constitución nacional, capaz de reflejar las necesidades y tradiciones de los pueblos originarios que componen la inmensa mayoría de la población boliviana, siguió un camino sinuoso y complicado por la obstinación de las minorías, que opusieron amenazas secesionistas desde el bastión de la derecha anclado en Santa Cruz de la Sierra, intentos golpistas apoyados y coordinados por la embajada norteamericana, pasando por matanzas masivas para imponer el terror, como la masacre de Pando en 2008. El 25 de enero de 2009 el texto de la nueva constitución, fue ratificado en un referéndum por el 62% de los votantes, y promulgado al mes siguiente.

Algunos grupos permanentemente intentaron sacarme del Palacio. Ustedes saben, algunos grupos permanentemente intentaron matarme. Ahora puedo decirles: pueden sacarme del Palacio, pueden matarme, misión cumplida con la refundación de una nueva Bolivia unida…en este día histórico proclamo promulgada la nueva constitución del Estado boliviano, la vigencia del Estado plurinacional, unitario, social y, económicamente, el socialismo comunitario” (Discurso de Evo en la promulgación de la nueva Constitución).

Dejamos en el pasado el Estado colonial, republicano y neoliberal. Asumimos el reto histórico de construir colectivamente el Estado Unitario Social de Derecho Social Plurinacional Comunitario, que integra y articula los propósitos de avanzar hacia una Bolivia democrática, productiva, portadora e inspiradora de la paz, comprometida con el desarrollo integral y con la libre determinación de los pueblos.” (Preámbulo de la Constitución de 2009)).

“Los recursos naturales son de propiedad y dominio directo, indivisible e imprescriptible del pueblo boliviano, y corresponderá al Estado su administración en función del interés colectivo.” (Artículo 349 I. ídem).

Las procesos similares que durante estos años se dieron, tanto en Bolivia como en otros países de la región, son valorados y analizados críticamente bajo diversas perspectivas. Desde los que los caracterizan el modelo económico como “neoestractivismo” que va en camino de profundizar la dependencia bajo el “consenso de los comodities”, hasta los que ensalzan a las figuras de Evo y los demás líderes regionales a niveles difíciles de sostener. Una larga serie de interrogantes nos atraviesan de cara al futuro, a los que seguimos empeñados en sostener y profundizar las transformaciones en beneficio de los sectores populares.

Lo cierto es que después de once años, el 22 de enero, el presidente relanzó su gobierno con cambios en su gabinete, y el planteo de nuevos objetivos, contando en su haber con un 58% de aprobación de la población hacia su gestión, avalado entre otros logros, con un crecimiento sostenido de la economía durante toda la década, de un 5% promedio. Con avances importantes marcados por una política inclusiva que desde la definición de “Estado Plurinacional” permite reflejar sustantivamente la realidad de hombres y mujeres de orígenes étnicos diversos, que ahora están en condiciones de crecer y desarrollarse desde sus raíces libres de mordazas. Ese contexto general, de por sí implica no pocos cambios ni poco profundos. Aunque quizás sea también legítima y necesaria, una evaluación más pormenorizada y detenida de todos y cada uno los campos sobre los que actuaron los sucesivos gobiernos del MAS, es indudable que en Bolivia hay un antes y un después de esta década con Evo.

Hay que tener en cuenta además que entre 2006 y 2017, se sucedieron períodos de características muy diferentes en la realidad regional. Evo ganó sus primeras presidenciales en 2005, cuarenta días después que el ALCA fuera enterrado definitivamente en la cumbre de presidentes de Mar del Plata. Asumió su primer mandato el 22 de enero de 2006, y en marzo Tabaré fue presidente de Uruguay. Ese mismo año, Correa y Daniel Ortega ganaban las elecciones presidenciales en Ecuador y Nicaragua, mientras que en 2008 Fernando Lugo triunfaba en los comicios de Paraguay. Los precios de las materias primas que mayoritariamente se exportan desde la región no dejaban de subir, elevando los ingresos externos de nuestros países. Al decir de Rafael Correa la región vivía un “cambio de época”. En los últimos años “la época” ya no es la misma no sólo porque los cambios se frenaron sino porque adquirieron un sentido inverso. Los valores de las materias primas cayeron en picada imposibilitando la prolongación de los mismos niveles crecimiento económico regional, las turbulencias políticas y sociales en Venezuela que cuestionan los logros y la permanencia del chavismo, la destitución de Dilma y las enormes dificultades del PT en Brasil, la llegada de la derecha al gobierno de la Argentina por la vía electoral, son los hitos principales de lo que García Linera, caracteriza como “un recodo en el camino, un retroceso, que no sabemos que profundidad adquirirá y cuanto tiempo se quedará”. En ese contexto hay que valorar la continuidad y la vigencia del MAS en Bolivia, y las dificultades para mantener “la magia de sus orígenes” (Stefanoni, ver nota siguiente). Nos parece que es por lo menos excesiva la pretensión de que ese gobierno pudiera mantener la misma ofensiva política, que supo sostener en los primeros tiempos, acolchonado por el marco regional favorable, aun en medio de las fuertes confrontaciones contra la derecha golpista que lo enfrentó en aquella etapa.

Hace poco menos de un año, en febrero pasado, Evo sufrió su primer revés electoral nacional desde que llegó al gobierno, al perder el referéndum convocado para avalar una nueva reelección. Hacia fin de 2016 el Congreso del MAS decidió explorar otras alternativas legales para que el actual presidente pueda competir por un nuevo mandato en el 2019. Es un camino que nos presenta enormes dudas que sea el más adecuado para fortalecer el proceso de cambios. La tensión entre la continuidad de la dirección iniciada hace once años, y la indispensable renovación que de paso a representaciones que expresen con fuerza todo lo nuevo que se construyó en este ciclo extraordinario de la historia de Bolivia, anida en los debates del como y los cuandos. Las figuras emblemáticas de esta etapa son un patrimonio colectivo del pueblo boliviano que obviamente deberán seguir jugando un rol sustancial. La pregunta es el lugar que deben ocupar en cada fase del camino, sobre todo el que hay que recorrer de aquí para adelante. Si en 2019, cuando Evo cumpla catorce años en la presidencia, debe continuar otros cinco siendo el administrador principal de la gestión diaria del estado.

Seguramente no hay recetas iguales para todas las situaciones, porque los países, las historias, los pueblos, los dirigentes, aun con muchos aspectos comunes, mantienen diferencias importantes. Simplemente llamamos la atención que algunas experiencias de intentos continuidad irrestricta, no han sido buenas para consolidar “el cambio de época”.

Como norma general creemos que es mejor tomar el riesgo de la renovación en el marco de asumir “el reto histórico de construir colectivamente el Estado Unitario Social de Derecho Social Plurinacional Comunitario…” (preámbulo de la Constitución de Bolivia).