ANÁLISIS DE LA SITUACIÓN POLÍTICA Y DE LOS MOVIMIENTOS POPULARES EN LATINOAMÉRICA

Entrevista con Joao Pedro Stédile 

para el libro PENSAR de las editoriales SUDESTADA/LA FOGATA/EL PERRO Y LA RANA

febrero 2017

En una conferencia reciente, García Linera llamó a hacer un “análisis de terminología militar, analizar las fuerzas y escenarios, sin ocultar nada”. Siendo exigentes en la crítica y autocrítica, ¿cuáles cree que fueron las limitaciones o errores más decisivos de los gobiernos que, siendo parte del ciclo progresista de los últimos 15 años en la región, perdieron el gobierno o están en situaciones críticas que pueden dificultar su continuidad?

No debemos mezclar todos los gobiernos progresistas de la región con el mismo análisis. En cada país, las condiciones de la formación socio-económica, la correlación de fuerzas, el comportamiento de la burguesía y los intereses del imperialismo estadounidense, son distintos. Y eso conforma una evolución distinta. Aunque es verdad que hemos vivido un periodo común en Latinoamérica de ascenso por la vía electoral de gobiernos progresistas. En nuestra evaluación de los movimientos populares del ALBA, trabajamos con el contexto, de que hubo una intensa lucha de clases continental entre tres propuestas que se enfrentaban al interior de nuestros países y a nivel continental. De un lado las burguesías locales aliadas y subordinadas al capital estadounidense y a veces europeo, proponiendo modelos neoliberales, como en México, Colombia, Honduras, y Chile, para citar algunos.

Un segundo proyecto era resultante de una composición de clases heterogéneas y resultó en la propuesta del modelo de neodesarrollismo, que proponía el crecimiento económico basado en la industria, pero en alianza con el agronegocio exportador, y repartía renta (no riquezas) con la clase trabajadora. Eso ocurrió en Argentina, Brasil, Uruguay. Y el tercer proyecto, que nosotros llamamos proyecto ALBA, en homenaje al presidente Chávez, que fue su inspirador, que se proponía a ser un modelo antiimperialista, de reformas estructurales de la economía y de integración popular continental. Eso está presente en los gobiernos de Cuba, Venezuela, Ecuador, Nicaragua, Bolivia, y ahora El Salvador, pero en cada país, asume una característica distinta.

No me atrevo a hacer un balance de los errores que hubo en cada uno de esos gobiernos de corte progresista o de los que se proponían construir el proyecto ALBA. En cada país hay circunstancias de correlación de fuerzas y subjetivas de las fuerzas populares distintas, que hace imposible encontrar un sólo análisis para explicar el error de todos.

Pero, como militante del movimiento popular y de la izquierda brasileña, sí tenemos un balance previo a los errores cometidos por nuestros gobiernos, que nos llevaron a la derrota política-electoral, con el golpe de abril de 2016 y después la derrota en las elecciones municipales de octubre.

Primero, hay un contexto histórico en que se ganaron las elecciones presidenciales en 2002, en un escenario de todavía reflujo del movimiento de masas. Y sólo ganamos, porque había una crisis profunda del neoliberalismo, y porque parte de la burguesía se alió a nosotros.

En lo económico, hicimos una apuesta correcta en retomar el crecimiento por la industria, que permitió en ocho años financiar proyectos sociales y distribuir renta. Pero no nos atrevimos a hacer reformas estructurales en la economía. No cortamos los pagos del interés por el gobierno para una deuda interna impagable e inexplicable, que financia un capitalismo nacional rentista, que hoy recibe casi el 40% de todos los recursos del presupuesto federal. No se hizo la reforma tributaria, para cobrar a los más ricos y exentar a los más pobres, que son hoy los que pagan impuestos. No hicimos la reforma agraria, que es una medida económica, para impulsar el mercado interno y liberar las fuerzas productivas del campesinado pobre.

En lo político, no hicimos una reforma, que tendría que ser por la vía constituyente, para impulsar un nuevo modelo democrático mas participativo, bajo hegemonía de las mayorías. Y no se propuso a hacer cambios en el poder judicial. Tampoco tuvimos el coraje de impulsar una reforma que pudiera democratizar la difusión y utilización de los medios de comunicación de masas.

En lo ideológico, aunque no es tarea de los gobiernos, pero ellos podrían haber ayudado, deberíamos haber impulsado programas de formación política masiva para elevar el nivel de educación político cultural de las masas.

Así, durante los 14 años de gobiernos progresistas en el Ejecutivo; la burguesía siguió hegemónica en la economía, en el Congreso Nacional, en el poder judicial y en el control de los medios masivos de comunicación. O sea, ellos mantuvieron el control del poder político, y una correlación de fuerzas bajo su absoluto control.

Y todo eso se hizo porque estuvimos presos de una visión estratégica de conciliación de clases y no de lucha de clases. Y quien duerme con el enemigo, como decimos, amanece embarazado de la derrota!

La relación Estado-movimientos populares ha estado en discusión en las últimas décadas, ¿qué balance cree que arrojan, al respecto, las experiencias que pudieron darse dentro de los gobiernos protagonistas de este ciclo progresista?

De nuevo, no me atrevo a hacer un balance general del continente. Lo que puedo hablar es de nuestro país, y más específicamente de los movimientos populares de Brasil, donde actuamos. Nosotros procuramos como MST actuar siempre bajo el principio de autonomía del movimiento en relación a los partidos, y mucho más en relación a los gobiernos y al Estado, que sigue siendo burgués. Pero, lamentablemente, esa no fue la práctica de todos los movimientos, y hemos percibido que sobretodo el movimiento sindical, por su naturaleza corporativa, muchas veces se ilusionaba con las promesas de gobiernos amigos. El mismo Lula siempre ha dicho, el rol de un movimiento popular es hacer presión de masas, sino el gobierno no funciona. O también metafóricamente Frei Betto, que estuvo en el gobierno aconsejaba:” el gobierno es como una olla de cocinar frijol, solo funciona bajo presión (del pueblo)”.

Claro, tuvimos el contexto de un período en que las masas satisfechas con las migajas, no se propuso movilizarse, y entonces nos faltó la presión de masas.

En el campo, intentamos con millares de familias que fueron a hacer tomas de tierras, pero aún allí fue insuficiente para romper la alianza del gobierno con el agronegocio y acelerar la reforma agraria.

También pudimos hacer un balance crítico, que muchos dirigentes populares ilusionados por el espacio institucional, se fueron de los movimientos y ocuparon espacios en el Parlamento y en el gobierno. Y eso quitó experiencia acumulada a los movimientos, que no tenían cuadros suficientes para conducir la lucha de clases.

Y por último, también de parte de la mayoría de los movimientos populares se abandonó la formación política, clásica, de conocer a los pensadores clásicos, que son los que nos ayudan a conocer la correlación de fuerzas, la historia de la lucha de clases, y a alimentar nuestra ideología clasista de la necesidad de un proyecto autónomo de la clase trabajadora.

O sea en esa relación gobierno-Estado-movimientos populares, el error principal fue de los movimientos, el estado siguió siendo burgués, y los gobiernos atados en sus programas sociales y de redistribución de renta. Pero los movimientos populares debemos retomar nuestra autonomía, nuestra independencia de clase, entender que sólo la lucha de masas altera la correlación de fuerzas en la sociedad y en la gestión del Estado, sea por quien sea. Sólo la lucha eleva el nivel de consciencia de las masas. Y, al interior de los movimientos, dedicarse a la formación de cuadros y de militantes, que es la columna vertebral de cualquier proceso organizativo de clase.

Los procesos en Venezuela y sobre todo Bolivia, se muestran más resistentes o sólidos que lo que resultaron los gobiernos en Argentina o Brasil. ¿Coincide con la caracterización que diferencia proyectos nacional/revolucionarios, en el primer caso, de proyectos neodesarrollistas/capitalistas, en el caso de los gobiernos mencionados en segunda instancia? ¿Eso diferencia mayor apoyo popular en los primeros casos y falta de apoyo en los segundos?

Bueno, lo que ocurrió en gobiernos de corte neodesarrollista como Argentina y Brasil, ya lo comenté tomando únicamente como ejemplo Brasil, que es lo que vivimos y participamos. Las diferencia de esos procesos con Bolivia y Venezuela, son muchas.   En esos casos, hay sólo una burguesía compradora, mercantil, al contrario de Argentina y Brasil que son burguesías industriales y latifundistas, más fuertes, más consolidadas como burguesías locales y más consolidadas en su alianza con la burguesía internacional de los Estados Unidos y Europa. Así, la administración de un gobierno popular, aunque el Estado sea burgués, se facilita para controlar ese tipo de burguesía que acumula solo en la esfera del comercio y de las importaciones y exportaciones.

Segundo, hay una tradición de luchas populares mayores. Nos es por casualidad, que en esos dos países, los gobiernos ganaron las elecciones en un contexto de desmoralización de los partidos de la derecha, pero también en un ambiente de reascenso del movimiento de masas, en Venezuela y en Bolivia.

Y los dos gobiernos tienen una identidad e interlocución permanente con las organizaciones de masa. El pueblo participa activamente de los procesos, y a veces también los critica. Como fue el caso del aumento del precio de la gasolina en Bolivia que el pueblo fue a la calle, y obligó al gobierno a cambiar la política. O en procesos electorales, cuando ocurren lo que se ha dicho de “voto castigo” a los gobiernos. O sea que las masas tienen consciencia del proyecto, participan en el gobierno, pero no acepta comportamientos o errores de miembros del gobierno, que a veces practican corrupción o se comportan no priorizando las soluciones de los problemas del pueblo.

Y entonces el estimulo a la participación popular por parte de los gobiernos es lo que los salvó.

Si quieren buscar una comparación, el gobierno Dilma trató de defenderse sólo en los espacios institucionales. Nunca se preocupó por apoyar o incentivar la lucha de clases con la movilización de la calle. Los movimientos populares la defendimos solitos, y el resultado esta allí. Sus supuestos aliados institucionales la traicionaron y la derrotaron.

También cuenta para la correlación de fuerzas la existencia en esos dos países de fuerzas armadas o sectores mayoritarios de ellas, que son nacionalistas, bolivarianos, anti-imperialistas, y sus miembros originarios de extracción popular. En el caso de Brasil, tenemos una marina y aeronáutica, conformadas únicamente por gentes originarias de las élites y que ideológicamente se comportan así.

Pero, tanto Venezuela como Bolivia enfrentan problemas estructurales de su economía, para avanzar en proyectos mas avanzados, sean de liberación nacional, sean anti-imperialista y aún más si se pretenden post-capitalistas. Que es el tema que no tienen un parque industrial desarrollado que permite producir a nivel nacional los bienes necesarios para atender las necesidades objetivas de la población, sea de alimentos, vestuario, muebles y utensilios en general.

Y un proceso de industrialización de un economía lleva décadas. Chávez tenia claro de cómo utilizar la renta petrolera para hacer esa inflexión en la economía. Estaba intentando, pero lleva tiempo. Tuvo que empezar por la solución de los problemas sociales y luego avanzo hacia la construcción de una infraestructura básica social, y ahora están en la etapa de formar una nueva industria.

Lo mismo pasa en Bolivia, que es muy dependiente de las economías argentinas y brasileñas y de sus hidrocarburos.

De allí también la visión histórica de Chávez, que en nuestra América la liberación para un modo de producción más avanzado dependería de una integración económica y popular, entre todos los países, de América del Sur, y luego de Latinoamérica. De allí, la idea de la necesidad de construir espacios comunes continentales, en la economía, con liberación del territorio para el intercambio de materias primas, de petróleo, minerales, energía eléctrica. Y la creación de una moneda común, que él propuso que sea el SUCRE. Y en el plano político, el ALBA y la CELAC.

Y en el plano de mercado común, la idea era avanzar del Mercosur para un gran mercado común de UNASUR, para defenderse del los imperios estadounidenses y europeos y sus empresas transnacionales, que disputan precisamente nuestros mercados.

La coordinación ALBA-Movimientos que lo tuvo a usted como miembro de la Secretaría Operativa hasta la última asamblea reciente reúne a movimientos populares de todo el continente, más allá del signo de los gobiernos. ¿Cómo ve a esos movimientos, qué fortalezas destaca, qué debilidades?

En Latinoamérica hemos construido en los últimos años una unidad muy importante entre todos los movimientos populares (en el sentido genérico, que agrupa múltiples formas de organizarse). Y esa unidad la construimos en la lucha concreta, continental, desde los tiempos del enfrentamiento al neoliberalismo. Hicimos la articulación contra el neoliberalismo y las ceremonias colonialistas de los 500 años. Nos organizamos contra el ALCA, y lo vencimos. Luego, en muchos países hubo luchas masivas contra las privatizaciones del agua, contra bases militares, etc.

Ese fue el contexto, que a partir del gobierno Chávez, seguimos con él un diálogo, de como ir concretando y organizando esa articulación. Al principio se pensaba que podría ser junto con los gobiernos progresistas en el marco del ALBA. Pero, luego, de común acuerdo con Chávez, mantuvimos la autonomía de los movimientos y nos conformamos como una articulación independiente. Articulamos a todos los movimientos populares desde Canadá hasta la Patagonia. Tenemos más de mil movimientos populares en el continente. Ya realizamos dos asambleas continentales, una en Brasil y otra reciente (diciembre de 2016) en Bogotá, donde se consolidó una visión política común, una plataforma de luchas comunes y diversas iniciativas colectivas de continente, en términos de comunicación, de formación de cuadros, con diversos esfuerzos de construir escuelas nacionales que a la vez cumplen programas hacia otros países. Tenemos la articulación de los movimientos con Telesur y radiosur; tenemos brigadas internacionalistas comunes, que actúan en Centroamérica, Venezuela, Haití; tenemos la voluntad política de impulsar los programas de alfabetización de adultos, con el método cubano YO SÍ PUEDO; en fin, estamos avanzando.

Pero, tenemos también muchos retos y desafíos. El más importante de ellos, es que necesitamos ahora hacer luchas de masas comunes, en todo el continente, contra los mismos enemigos, las empresas transnacionales. Tenemos enemigos comunes de los movimientos populares en todo el continente, relacionados con las semillas y los agrotóxicos (Monsanto, Bayer, Basf, etc.), tenemos enemigos comunes entre las petroleras y mineras gringas y canadienses que nos explotan en el continente. Enemigos que viene explotar el agua potable. Enemigos que nos imponen gobiernos de mierda.

Y también tenemos el reto de impulsar más formas comunes de comunicaciones, potenciar más el uso de radios, Telesur, periódicos y otras formas culturales de comunicación y formación.

Tenemos el reto de tener en cada país, y en todos, nuestras escuelas de formación política, para elevar el nivel ideológico de nuestra militancia.

Y tenemos una agenda anti-colonial, que debemos priorizar en solidaridad a los argentinos por el tema de las Malvinas, a los portorriqueños, a los hondureños, cubanos y colombianos, con la presencia de bases militares gringas que son enclaves coloniales; la situación olvidada de Belice y Guyana Francesa y la salida al mar para Bolivia.

Esperamos que en los próximos años, fruto de la crisis profunda del sistema capitalista en términos económicos, políticos, y de la propia naturaleza del Estado burgués, se genere en nuestro continente un proceso de reascenso del movimiento de masas. Y con el, surgirán nuevas formas de lucha, nuevos liderazgos, nuevos gobiernos y una nueva etapa histórica para el pueblo latinoamericano. Estoy muy optimista y confiado, porque mas allá de nuestras debilidades, de la correlación de fuerzas adversa, tenemos un sistema económico moribundo, que es cierto que no se va morir por sí solo, pero que ya no representa esperanza o posibilidad de progreso social, como fue en el siglo pasado.

El Papa Francisco se abrió al diálogo con los movimientos populares de América Latina y del mundo. Usted lo calificó como un “Papa revolucionario”. ¿Cree que Francisco puede ocupar el lugar que dejó vacante Hugo Chávez para los pueblos de Nuestra América, y más, ser un líder ético y político para quienes impulsan las luchas anticapitalistas en el mundo?

El papa Francisco es un personaje revolucionario, por la postura revolucionaria que viene tomando a partir de los cambios que propone en la iglesia católica y su relación con la sociedad en general.

Desde que asumió, buscó a los movimientos populares, a partir de su confianza y vivencia con los movimientos populares argentinos, y montamos entonces encuentros anuales de movimientos populares de todo el mundo con el Papa. El siempre nos afirmó de que quería hablar con los trabajadores, los que estaban organizados para hacer cambios en sus vidas, sin esquemas burocráticos, de quien les gusta siempre hacer viaje internacionales. No quería movimientos de carácter pastoral. No impuso ningún condicionante de religión, fe, etnia, opción sexual, y así se conformó un espacio con participación básicamente de movimientos que actúan en el mundo del trabajo, de la lucha por la vivienda y en el campo.

Y esos espacios son muy importantes, por que además de la práctica de diálogo, que nunca había ocurrido entre un Papa con dirigentes de movimientos populares de todos continentes, (y eso también es una señal revolucionaria), son espacios para debatir y reflexionar sobre los dilemas de la humanidad, en los marcos de una grave crisis capitalista, política, ética y ambiental.

En el ultimo encuentro en Roma, en noviembre pasado, los temas principales fueron el tema del Estado burgués y la democracia representativa, que está fallida; y por otro lado el tema de los refugiados. Estábamos más de 200 dirigentes de los cinco continentes. Invitamos a pensadores para debatir los temas, allí estuvieron Mujica, Vandana Shiva, entre otros.

Consolidamos diversas propuestas y visiones. Vimos como el Estado burgués no funciona, la democracia burguesa representativa, oriunda de la revolución francesa se acabó. Debemos pensar nuevas formas de ejercicio de la democracia participativa, popular, en la que el pueblo organizado pueda ejercer su poder político y hacer que el Estado funcione a su favor, no en su contra, como es ahora.

Y en su locución final, el Papa nos sorprendió a todos/as, cuando utilizó conceptos radicales, cuando dijo que los verdaderos terroristas en esos tiempos modernos son los Estados. Porque ellos promueven la venta de armas, promueven la discordia entre los pueblos, la disputa de los bienes de la naturaleza y de los mercados. También hizo duras criticas a la posición de los gobiernos europeos, que gastan billones de euros para salvar bancos y esconden los centavos para socorrer a los millones de refugiados que llegan a Europa, expulsados por las armas que los europeos venden en África y Oriente medio.

No se debe comparar a Francisco con Chávez, Fidel, Maduro, Lula. El actúa en un espacio distinto, es un líder religioso. Pero, es revolucionario porque desde un espacio religioso, eclesial, asumió radicalmente la causa del pueblo. Así que en la correlación de fuerzas internacional, él es nuestro aliado y nos va ayudar a concientizar la gente, de quienes son los culpables por la desgracia de la humanidad, que son las empresas transnacionales, el capital financiero y sus gobiernos.