– LA REALIDAD SIN HUMO – EL TEMA DEL DÉFICIT FISCAL

Escriben Isaac Rudnik y Rubén Ciani

Es cada vez más difícil analizar con precisión algunos ejes cruciales para nuestra realidad cotidiana. La información que apoya las diferentes posiciones, y que se presenta como certera, en muchos casos no lo es. Suele estar más cerca de ser puro humo que encubre y confunde. Empezamos una serie de notas, en la que vamos a ir aportando datos duros que sirvan para razonar basados en información veraz.

Uno de los temas que obsesionan a los pensadores neoliberales cuando analizan la evolución de la economía argentina en los medios locales de comunicación, es el déficit fiscal. En estos días la cuestión volvió a cobrar protagonismo, a través de los renovados esfuerzos del gobierno por achicarlo reduciendo el gasto, primero a costa de los jubilados, y ahora mediante un recorte a los trabajadores de la economía popular. Algunos, miden como fracaso argentino el haber tenido una mínima cantidad de años en la historia del país, de funcionamiento económico con equilibrio o superávit fiscal.

Sin embargo, los datos mundiales referidos al tema muestran que la mayoría de los países conviven con déficit fiscal, independientemente de su ideología.  Esta situación se puede verificar a partir de la diferencia aritmética  entre los datos de ingreso y gastos fiscales, medidos en términos del Producto Bruto Interno, disponibles en las estadísticas de Fondo Monetario Internacional (FMI).

Esta diferencia en términos porcentuales del PBI, está representada en el gráfico siguiente, en donde se presenta como Resultado Fiscal (Déficit en valores negativos / superávit en valores positivos) para el promedio simple del resto de los 189 países considerados en los datos del FMI y para Argentina, en el período 1993/2015

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A partir de la visualización del gráfico y el análisis desagregado de los datos subyacentes, se pueden elaborar algunas conclusiones relevantes:

– La tendencia observada por el resultado fiscal de Argentina, copia en buena parte del período a la registrada para el resto de los países. Es decir que las magnitudes de los déficits fiscal que registró Argentina, están encuadradas dentro de los márgenes globales.

– No sólo se observa que su evolución fiscal no se aleja de la registrada en el concierto mundial, sino que los años de superávit fiscal son más que los registrados en el resto de los países, medidos como el promedio simple del conjunto. Mientras que Argentina muestra 6 años de superávit (todo los años del período kirchnerista) y 18 años de déficit, para el resto estos datos son de 3 y 21 respectivamente.

– Asimismo, es altamente sorprendente la observación de la evolución del resultado fiscal por país y su vinculación con su estructura socioeconómica. Por el lado de países calificados como “desarrollados”, el déficit fiscal se presenta como una constante, al menos en el nuevo siglo. En el caso de las cinco economías nacionales más grandes de occidente (Estados Unidos, Alemania, Reino Unido, Francia e Italia), observa déficit fiscal en todo el período 2000/2015, con sólo algunos años de superávit fiscal en Alemania.

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– En oposición, en el conjunto de los 20 países con mayor cantidad de años con superávit fiscal participa solo un país “desarrollado”, Noruega que ocupa el primer lugar. El conjunto se completa con un grupo heterogéneo de economías en el cual se incluyen emblemas del capitalismo de los noventa como Corea de Sur; productores de petróleo como Emiratos Árabes, Kuwait, Omán, Qatar y Libia, a los que la disponibilidad de oro negro les permite mantener una estructura económica, social y cultural diferente a occidente; y otros países “en vías desarrollo”, con fuertes desequilibrios en su estructura social, como República del Congo; Leshoto y Paraguay.

– Complementariamente, en la evaluación del conjunto de 20 países con mayor superávit fiscal en un año se buena parte de la lista de los países anteriormente mencionados, pero con la diferencia que se observa una estructura más homogénea al analizar el ordenamiento de los mismos. En los primeros puestos están ubicados además de los productores petroleros, un conjunto de pequeños países isleños como Santo Tome, Timor, Tuvalu y  Macao muchos de ellos paraísos turísticos o “fiscales”.

Una primera conclusión del análisis presentado, es que déficit fiscal y desarrollo no parecen ser variables antagónicas. Parecería razonable considerar al déficit, en base a esta evidencia empírica, como un instrumento de política económica. No sólo por lo empírico, sino en base a la racionalidad. Los estados realizan un presupuesto para gastarlo; no obtienen ganancias, como la empresa privadas, para repartir beneficios entre sus socios, y disponen en la actualidad de un alto financiamiento externo e interno al que pueden acceder.

Tampoco se puede concluir que el déficit fiscal es esencialmente  un elemento virtuoso para el desarrollo económico y social de los países. El presente artículo de ningún modo tiene ese objetivo.

Ciertamente, la política fiscal se tiene que basar en la racionalidad del gasto y en la progresividad de los impuestos, conceptos que la democracia argentina instalada a partir de 1983 nunca asumió y es una deuda de la estructura política tradicional. Pero también debemos recordar, que el déficit fiscal del país estuvo marcado , entre otros factores, por una deuda externa con una legitimidad altamente cuestionada, heredada de la dictadura y aumentada en forma exponencial por opresión financiera que en los años 80 genero la “década perdida” para los naciones latinoamericanas.

En realidad lo que debaten algunos neoliberales, cuando aluden al déficit en la Argentina, es quienes son sus beneficiarios, ya sea vía el traslado directo de ingresos (planes sociales, etc.) o la distribución del financiamiento.

El presente en nuestro país observa 30% de pobres, 10% de desocupación, mayor diferencia de ingresos entre clases  y una estructura impositiva claramente regresiva, IVA al consumo y ganancias a los trabajadores.  En este marco, promover la baja del gasto público como elemento excluyente para la contención de déficit, (como recomendó el FMI para el recorte a los jubilados) parece más asociado a un interés de los sectores más poderosos que a la racionalidad político-económica. Una economía con alto desempleo y salarios flexibles a la baja, con una estructura impositiva regresiva, suele constituirse en el mundo ideal para los grandes empresarios, y esto es lo que queda visible cuando corremos el humo que interponen los ideólogos neoliberales.