– LA REALIDAD SIN HUMO – EL TEMA DEL GASTO SOCIAL

Escriben Isaac Rudnik y Rubén Ciani

Es cada vez más difícil analizar con precisión algunos ejes cruciales para nuestra realidad cotidiana. La información que apoya las diferentes posiciones, y que se presenta como certera, en muchos casos no lo es. Suele estar más cerca de ser puro humo que encubre y confunde. Seguimos con esta serie de notas, en este caso tomando el tema de llamado “Gasto Social”.

“Yo no pago mis impuestos para alimentar vagos”, frase de escucha muy usual en nuestro país en los últimos tiempos, en los cuales se debate que hacer con 30% de pobres.

A pesar que ese dato es de por si altamente revelador sobre que deberíamos  hacer, resulta necesario traer experiencias en otros países para correr el humo que sostenido con abundante desinformación, provoca esas manifestaciones verbales.

Un caso paradigmático es la ayuda alimentaria en los Estados Unidos, aun hoy el “ombligo” del sistema capitalista, que se sostiene en un programa, no el único, denominado usualmente farm bill, que cuenta para este destino un presupuesto anual del orden de los 75.0 mil millones de dólares.

El “farm bill”  nace con la crisis del 30,  cuando los precios de los productos agrícolas registran una baja del 50%, empujando hacia la pobreza  a los granjeros de todo el mundo.

Originalmente fue  un programa para sostener a los productores agrícolas, pero luego fue adecuándose (se revisa cada cinco años por  ley del Congreso) a los cambiantes contextos económicos asociados a la evolución del sistema capitalista, hasta incluir en el decenio 1970 los primeros cupones de alimentos  y derivar en el último farm bill, promulgado en el año 2014, con el 79% de su presupuesto destinado a la ayuda alimentaria.

En Argentina, esa crisis mundial impulsó políticas públicas que concluyeron años después con la conformación de la Junta Nacional de Granos, organismo que apoyaba las producciones de los “chacareros” locales y que llegó a mantener stock públicos de trigo para abastecer al consumo interno. Sin embargo, a diferencia de lo sucedido en los Estados Unidos, en  Argentina la Junta fue disuelta en los años noventa y desarticuladas sus principales funciones,  contradictoriamente con el propósito de ser más “capitalistas” que el propio Estados Unidos.

Cabe destacar que esta ayuda alimentaria es administrada por una oficina del USDA, el Ministerio de Agricultura de los Estados Unidos, denominada FNS (Food and Nutrition Sevice), situación que muestra importancia que asume para la  política estadounidense  la nutrición de sus habitantes en el destino de la producción agrícola.

Los programas alimentarios que administra la FNS cubren diferentes objetivos. Existen programas especiales para embarazadas y adultos mayores, programas para nutrición infantil que aseguran el consumo de leche y promueven el consumo de vegetales para evitar la obesidad infantil, programas orientados a las “reservaciones indígenas”, etc. (ver https://www.fns.usda.gov/es/programas-y-servicios)

El programa más grande en la red nacional de seguridad contra el hambre es el SNAP (Supplemental Food Assistance Program) “que  ofrece asistencia nutricional a millones de personas y familias elegibles de bajos ingresos y proporciona beneficios económicos a las comunidades “

El SNAP trabaja con agencias estatales, educadores de nutrición y las organizaciones vecinales (¿nuestras organizaciones sociales?) y religiosas, para asegurar que las personas elegibles para la asistencia nutricional puedan tomar decisiones acerca de cómo solicitar y acceder a los beneficios.

En la Unión Europea (UE), otro de los referentes del mundo capitalista, existe la Política Agrícola Común (PAC), algo similar al farm bill. La PAC fue planteada   en el Tratado de Roma en 1957, que fijo las bases para la futura conformación de la UE,  y conformada 1962.

Los objetivos originales de la PAC eran que los consumidores pudiesen disponer de alimentos de calidad a precios accesibles y los agricultores pudieran ganarse la vida dignamente. En ese contexto, llegó a tener entre sus actividades la de proteger zonas agrícolas pobres y  de escasa competitividad, buscando fortalecer el asentamiento territorial en la zonas agrícolas europeas (Agenda 2000 de la PAC).

Pero además la UE dispone del Fondo de Ayuda Europea para los Más Necesitados (FEAD), que  financia programas en los estados miembros, destinadas a  proporcionar asistencia material a los sectores de menores recursos. El fondo cuenta con un presupuesto anual de 3.800 millones de euros y es administrado por los estados miembros de la UE, según sus objetivos sociales y con la obligación de adicionar un 15% de recursos monetarios.

Las autoridades nacionales pueden encargarse de comprar los alimentos y demás productos y entregarlos a las organizaciones de la sociedad civil (¿Nuestras organizaciones sociales?), o bien entregar a éstas los fondos para que los compren ellas mismas. Las organizaciones asociadas que compran los alimentos o los productos pueden distribuirlos directamente o contar con la ayuda de otras organizaciones.

Cabe destacar que el FEAD no es el único programa asistencial en la UE, ya que los estados miembros pueden tener otros programas; por lo cual, el presupuesto de ayuda puede ser sensiblemente superior; sin considerar la incidencia de la PAC.

En Argentina, podemos afirmar que el presupuesto conjunto de los principales programas asistenciales (AUH, Economía popular) se encuentra en niveles compatibles con los europeos y muy por debajo del administrado por la FNS en los Estados Unidos.

En este marco que muestra a los países capitalistas financiando programas asistenciales con gastos, que como mínimo son similares a los registrados en Argentina, la pregunta que surge es: ¿Por qué lo aceptan los contribuyentes europeos y americanos?.

Dirigir importantes partidas del presupuesto público a resolver las necesidades básicas no satisfechas de los sectores más vulnerables de la sociedad, y compartir su distribución con diversas organizaciones no gubernamentales con inserción en esas problemáticas, no es un invento argentino. Tampoco es en nuestro país donde el mal llamado gasto social ha adquirido la mayor magnitud. En Europa y EEUU estos programas vienen instalados desde la primera parte del siglo pasado.

Esto es lo que se ve cuando se corre el humo de tanto discurso discriminatorio y xenófobo.