Modelo educativo: ¿Qué hay detrás de caerse en la educación pública?

Escribe Ian Ayesa

“La terrible inequidad entre el que puede ir a escuela privada versus aquel que tiene que caer en la escuela pública”. Mauricio Macri.

Sería amable decir que aquella afirmación del Presidente fue un simple fallido. En realidad, describe a la perfección el modelo educativo que propone Cambiemos. Es la lógica de una educación de 2 pisos: los que no pueden acceder a la educación privada se ven obligados a bajar un escalón hacia a una educación pública de segunda calidad.

Esa estructura de pensamiento de fomento de la educación privada y ataque a la pública, tiene un reflejo directo en las insuficientes políticas públicas dirigidas al acceso, permanencia y egreso de las y los estudiantes del sistema público de educación. Las estadísticas indican que estudiar es cada día más caro, llegando incluso a costar un Salario Mínimo Vital y Móvil. 

El Indicador Estudiantil de Precios (IEP), que se realiza desde el 2014, tiene como objetivo estimar el costo de estudiar en la Universidad. Dicho proceso se conforma por tres variables: materiales de estudio, alimentación y transporte. Estas variables son fundamentales para generar una “canasta estudiantil”.

En base al relevamiento realizado en 2017 los datos indican que el costo de estudio por universidad, tomando la carrera de Arquitectura, es el siguiente: UBA $3247, MAR DEL PLATA $2656, LA PLATA $2636, CÓRDOBA $1167. En el caso de la UBA, sumando un costo de $5000 promedio de alquiler, alcanza un gasto que cubre el salario mínimo por completo ($8060). A nivel nacional el promedio de costo de la canasta estudiantil es de $2500.

La FADU (Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo) es la más cara del país cubriendo en un 103% del salario mínimo de $8060. Los datos de FSOC (Facultad de Ciencias Sociales) marcan un costo de $2477, que alcanza en un 92,8% del Salario Mínimo, sumando los gastos de alquiler.

Este cuadro de situación no es nuevo, pero sí viene agravándose a la par de los aumentos de tarifas y del costo de vida. Lejos de buscar un paliativo contra la deserción, las políticas estatales son escasas o ausentes.

El costo del transporte para un estudiante de la UBA, que no cuenta con boleto educativo, representa un 27% del total de la canasta estudiantil. De incluirse a los estudiantes universitario en el boleto educativo, aplicado en la Ciudad para el nivel primario, secundario y terciario, el costo de la canasta estudiantil mensual de la UBA pasaría de $2863 a $2200, para un estudiante que cursa 4 días a la semana.

Mientras, las becas provistas por el Ministerio de Educación de la Nación: $1350 mensuales (PNUB- Universitarias) y $1620 mensuales (PNBU-Bicentenario) sólo alcanzan al 1,6% de los estudiantes universitarios. PROGRESAR de la ANSES, que implica una ayuda de $900 mensuales, en el caso de la UBA, sólo alcanza al 2,1% de los estudiantes.

Según el presupuesto 2017, de 23.019 becados en 2015 se advierte una reducción a 19.334 en 2016 y se estima en 14.350 para este año. Un recorte del 40%. También se recortó en un 40% el PROGRESAR cuyo presupuesto se redujo de 9 mil millones a 5 mil 500 del año pasado para este. Todo sobre cantidades y montos que ya eran más que insuficientes hace tiempo. A esto se suman la suspensión de pagos del progresar en el mes de Mayo.

Las datos antes explicados no deben leerse como meros números, si no interpretarse dentro de un proceso político-educativo que configura un modelo que avanza en transformar la educación de calidad en un bien al que pueda acceder sólo una elite.

Sin embargo, intentan disimular esta postura en su “Plan Maestr@” para el sistema educativo, mostrando fundamentos con los que estarìamos de acuerdo. Por ejemplo, indicando la consolidación de las inequidades de los sistemas educativos anteriores, ya que la mayorìa de lxs graduadxs provienen de escuelas secundarias privadas y que sólo 6 de cada 100 estudiantes provienen del quintil de menores recursos.

La Universidad no es ajena a este debate y esto se evidencia, por ejemplo, con la creación del Sistema Nacional de Reconocimiento Académico de Educación Superior, que bajo el discurso de garantizar la validación de materias entre diferentes universidades y carreras, asigna puntos a las horas que un estudiante dedica a su formación académica. Esto es un calco de lo que sucedió en Europa durante la aplicación del Plan Bolonia, un proyecto de re-privatización de la educación superior para ajustar sus contenidos a los intereses del mercado.

En la tarea de quienes busquen defender la educación pública es fundamental construir un modelo educativo alternativo al de dos pisos que plantea Cambiemos. Es menester, en ese sentido, construir herramientas como el Indicador Estudiantil del Precios que ofician de soporte para los reclamos de la comunidad educativa: boleto gratuito, comedores universitarios, centros de desarrollo infantil, cursada especial para estudiantes que trabajan.