El debate que le debemos a la educación argentina

Escriben: Juan V. Fresno 1* y Natalia Martín 2**

En el pasado mes de marzo, en medio de un conflicto por la paritaria docente, el presidente Mauricio Macri presentó los resultados del Operativo Aprender, una evaluación del nivel de conocimientos de Lengua, Matemática, Ciencias Naturales y Ciencias Sociales de estudiantes de 6to grado del nivel primario y del último año del secundario en todo el país. El mandatario calificó los resultados como “dolorosos” y llamó a una “gesta nacional” para lograr una “revolución educativa”, al tiempo que hizo público un proyecto de ley con 108 metas con plazos de 5 y 10 años, llamado Plan Maestro. El tema volvió a ser noticia en abril al lanzarse una plataforma para “aportar ideas” al proyecto y el 26 de mayo cuando se habilitó el Sistema Abierto de consulta Aprender 2016 que pone al alcance del público la información completa del operativo. Pero no se registró en este tiempo un debate amplio sobre los temas que abarca el Plan Maestro, que incluyen: el alcance de la escolaridad a nivel territorial, la innovación y el incremento de la calidad educativa, formación de los docentes, infraestructura y acceso a la tecnología, educación universitaria y educación para el trabajo, monitoreo, seguimiento y financiamiento de la reforma educativa. Para intentar comprender mejor los desafíos que enfrenta el sistema educativo en Argentina, consultamos a profesionales que desde áreas muy diversas se dedican cotidianamente a la tarea de pensar y mejorar los modos en que se educa en nuestro país.

Lo que dice el modo en que evaluamos

El Operativo Aprender responde al formato de las llamadas pruebas estandarizadas, como las pruebas internacionales PISA, que presentan un mismo formulario a estudiantes de distintos ámbitos geográficos y sociales. El Plan Maestro toma estas evaluaciones como referencia para el logro de sus metas: en concreto la meta 6 plantea mejorar los resultados de los alumnos en sendas pruebas para 2021. Nadie niega la importancia de la evaluación para mejorar la educación, pero existen distintos criterios sobre el modo, la finalidad y los resultados de las metodologías que se aplican al momento de hacer un diagnóstico sobre el sistema educativo.
Adrián Moscovich, Director Ejecutivo de las escuelas ORT Argentina, piensa que un aspecto a mejorar “es el tema de la generación de consensos en lo que hace a cuál va a ser el modelo de evaluación, para qué va a servir esa evaluación y qué voy a hacer con los resultados de la evaluación. Nosotros pensamos que el modelo debe ser una evaluación que lleve a la capacitación del docente, que lleve al ajuste de aquello que el docente debe ajustar en la clase, porque el evaluador presenció la clase de ese docente y es un facilitador del docente para aquellos puntos donde se encuentra dificultades y luego sí un proceso de fortalecimiento de la materia o del área específica en la cual se está trabajando.” Julio Nieva Moreno, Director Adjunto de la misma institución, añade que “si uno quiere saber si un alumno aprendió o no, lo
1 Investigador del Instituto de Investigación Social, Económica y Política Ciudadana (ISEPCi). 2 Docente e investigadora.
que tienen que aprender es el delta: el chico, cuando entró a la escuela, sabía esto y cuando salió, sabía esto. El concepto no es solamente ‘están arriba de la línea o debajo de la línea’, sino ‘dónde estaban y dónde están’.”
Desde el punto de vista de Miguel Duhalde, Secretario de Educación de CTERA, “no nos tenemos que someter a parámetros extranjeros, internacionales de evaluación, sino que la evaluación tiene que formar parte del proceso de trabajo pero tiene que tener una íntima relación con el proceso de enseñanza. Lo que se tiene que evaluar es si esos conocimientos que se trataron de enseñar fueron aprendidos o no.”
En Argentina, falta crear una “cultura de la evaluación”, según Carlos Torrendell, Director del Programa de Cooperación y Articulación en la Educación Superior de la Pontificia Universidad Católica Argentina (UCA), y por eso, “tenemos dos problemas simultáneos: por un lado las evaluaciones estandarizadas externas no dicen todo lo que se necesita para mejorar un sistema educativo y por otro lado, encima, la Argentina se aplica de una manera bastante problemática. Por lo tanto tampoco producen datos que sean del todo útiles.”
El debate sobre el operativo abarca también la presentación de los resultados, especialmente sobre la consideración del presidente Macri de que existe una “terrible inequidad entre aquel que puede ir a una escuela privada y aquel que tiene que caer en la escuela pública”. Sobre este punto, Gustavo Galli, docente e investigador que coordinó programas de inclusión nacionales y en provincia de Buenos Aires, dice: “el Ministro y el Presidente presentaron fuertemente la descalificación de la escuela pública en función de una escuela privada que tiene mejor calidad. Eso no es cierto metodológicamente. Hay infinidad de estudios que dicen que en la educación argentina las posibilidades de diferenciar unos grupos con otros tienen que ver con la desigualdad socioeconómica y no con el tipo de gestión.”

Llegar a todos e innovar para mejorar

En términos de completar el alcance y mejora de la calidad de la educación, las metas del Plan Maestro son ambiciosas: además de asegurar que todos los chicos del país vayan a la escuela desde los 3 años hasta completar los estudios secundarios, también propone aumentar el tiempo de enseñanza por medio de la jornada extendida y reduciendo la pérdida de días de clase y promover metodologías de enseñanza innovadoras.
Sobre los nuevos formatos de enseñanza, Torrendell sostiene que “un buen alumno no es sólo quien aprendió disciplinas sino quien desarrolló una serie de capacidades. Es importante tener conocimientos disciplinares y científicos pero para que sean operativos tienen que estar engarzados en la comunicación, en la inteligencia emocional, en la capacidad para trabajar en equipo, en la ciudadanía efectiva, en tener una perspectiva global.” Sin embargo, el mero planteamiento de metas no garantiza el éxito de la reforma a la que se apunta, porque “para cada meta, es necesario un análisis muy desagregado pero al mismo tiempo interrelacionado porque no se puede pensar todo por separado: digamos cuáles son las políticas y los procesos complejos que se van a llevar adelante para lograr estas metas y cuáles van a ser sus metas más temporalizadas.”
Compartiendo las dudas sobre las posibilidades de concreción de las metas, Duhalde observa que “el plan no establece de ninguna manera cuál es la inversión, cuál es el compromiso del Estado para cumplir con las metas. Estamos de acuerdo con cualificar el sistema pero para nosotros la educación de calidad no tiene que ver con imponer todos los años una prueba estandarizada, para nosotros la educación de calidad se construye cuando se mejoran las condiciones de enseñanza y las condiciones de aprendizaje.”
Galli manifiesta preocupación también por la disponibilidad de programas para apoyar estas iniciativas. “Si este Gobierno discontinúa una serie de políticas socio-educativas que colaboraban a trabajar en una línea más de incorporar las artes la música, el deporte a la escuela, de poder tener la escuela abierta más tiempo, es muy difícil también poder pensar una nueva escuela.”

Desafíos de la educación para el trabajo

La Educación Técnico Profesional (ETP) es el área que se encarga de la educación para el trabajo tanto de adolescentes como de la Formación Profesional (FP) inicial de adultos y de la actualización de trabajadores ya formados. Este subsistema ya cuenta con una ley nacional que lo organiza, la 26.058 de 2005. Por eso, muchas de las metas que plantea el Plan Maestro ya forman parte de la agenda del Instituto Nacional de Educación Tecnológica (INET). Ricardo De Gisi, Coordinador Nacional de Educación Técnica Secundaria, nos contó sobre los desafíos de la educación para el trabajo y los objetivos que se plantean. “Tenemos un problema estructural: cada 10 chicos que entran a la ETP egresan 3 y por eso nuestro objetivo estratégico es incrementar la cobertura de la ETP y mantener y sostener la trayectoria de los estudiantes dentro de la modalidad.”
La respuesta se plantea a través de la innovación, por un lado, de los contenidos, de modo que se dicte “desde el inicio de la trayectoria en la Secundaria Básica el tema de programación, de robótica, de control, de Diseño Digital, por supuesto con el alcance y con la complejidad para un estudiante del Ciclo Básico.” Pero innovación también en el modo en que se estudia. “Entendemos que la metodología proyectual y el trabajo por proyectos generan un proceso de mayor intervención de los estudiantes sobre sus propios aprendizajes. Por otro lado, pensar, repensar, el régimen académico de cursado de los estudiantes. Ya no solamente cursar por año sino por lógica de materia, es decir que se vaya aprobando y acumulando y no que sea el año el que defina la promoción a un año u otro.”
Por otro lado, el Plan Maestro apunta a que todos los estudiantes de la escuela secundaria común tengan experiencias de prácticas profesionalizantes (meta 53) y desde el INET ya están trabajando para llegar a ese objetivo. “Lo que nosotros estamos pensando es cómo ese Sistema Nacional de FP también dialoga con el Sistema de Educación Secundaria y que puedan hacer algunos trayectos de FP en los últimos 2 años para que inicien una trayectoria de profesionalización. Pero siempre pensándolo desde la perspectiva del Sistema Nacional, no como algo discreto y aislado.”
Otro gran desafío tiene que ver con la población adulta. “En nuestro país, el 50% de la Población Económicamente Activa (PEA) no tiene el secundario cumplimentado y no tiene calificación profesional y esto es un problema gravísimo, es un problema estructural. La política pública debería traccionar a estos 9 millones de trabajadores que están en niveles de baja productividad, con bajos salarios, en las condiciones de más vulnerabilidad del mercado de trabajo. Incrementar la calificación profesional es una meta estratégica para nosotros desde el INET.” Para llegar a este objetivo, es clave lograr la acción coordinada de varios organismos del Estado. “Los Ministerios de Desarrollo Social, de Producción y de Trabajo tienen programas que se dedican a la formación para el trabajo. Pero lo mejor que nos podría pasar es que nosotros nos dediquemos a la formación y que ellos se dediquen a la política social y articularnos. Nuestro objetivo meta es constituir un Sistema Nacional de Formación Profesional.”

¿El fin de las Escuelas Especiales?

El Plan Maestro recoge una aseveración de especialistas que dicen que la mayoría de los alumnos de la Escuelas Especial son chicos derivados innecesariamente con un diagnóstico impreciso (página 11), aunque no queda clara cuál es la investigación que se usa como fuente. Con esa base, el proyecto plantea para la próxima década el objetivo de dirigir los alumnos y profesores desde las escuelas especiales al régimen de inclusión en las escuelas comunes. Sobre este tema, Torrendell considera que “es positiva la integración en la educación común de chicos que tengan distintos tipos de discapacidades. Creemos que ese es un desafío y hay que lograrlo. Pero en general habría un consenso de que tampoco es posible anular absolutamente la Educación Especial. En la Escuela Común no va a poder desarrollarse un buen proceso de inclusión si no hay profesionales preparados para ello, como ha quedado demostrado hasta ahora, porque hay muchos docentes sufriendo porque quieren lograr una inclusión en su aula pero no están preparados ni saben cómo hacerlo y eso produce una gran frustración para el docente, para el grupo de alumnos, para los padres tanto del chico como para los chicos que están en el aula con él. Entonces me parece que eso tiene que ser una política muy concreta y muy pensada que estamos de acuerdo pero ahí justo más que nunca el proceso es clave porque se puede producir mucho daño.”
Para Andrés Reale, Director del Instituto Génesis y creador de la Fundación Juancho Reale, “la inclusión tiene que ser como el helado artesanal, uno a uno, no masivamente. Yo he recorrido países, he ido exclusivamente para ver discapacidad, he visto cosas maravillosas, pero la inclusión masiva fracasó. Fracasó en Italia, fracasó en España, porque todo lo que es masivo, es fundamentalista. Yo creo que hay una escuela para cada chico. Tenemos que buscar para ese chico cuál es la escuela más adecuada. Hay chicos que necesitan la escuela de Educación Especial por sus características y hay padres que vienen del fracaso de la inclusión actual. Quiere decir que las escuelas de Educación Especial estamos viviendo del fracaso escolar de las escuelas comunes.” Este tipo de legislación que impulsa la inclusión masiva, “está redactado por asociaciones de padres que tienen un discurso y de eso no se apartan. Una mamá de un chico discapacitado en la Legislatura, el anteaño pasado dijo: “Aunque no aprenda, yo quiero que mi hijo tenga el guardapolvo blanco de la escuela común.” La realidad de hoy es que es
imposible sacar a todos los pibes de las Escuelas Especiales y meterlos en la escuela común. Imposible.”

Repensar la formación y la carrera docente

En el Plan Maestro, el docente es la pieza clave para la mejora de la calidad educativa. Por eso, las metas del proyecto apuntan a ampliar la formación de los docentes en Tecnologías de Información y Comunicación (TIC), lenguas extranjeras o de pueblos originarios y formación de posgrado (metas 20, 24, 25, 26). Sobre este último punto, Torrendell comentó que “el que tengan una maestría no los va a hacer mejores docentes probablemente. Lo que te hace un mejor docente es un acompañamiento para la mejora de tu práctica, el desarrollo de, en todo caso, posgrados que estén vinculados con la práctica docente y con el crecimiento del conocimiento disciplinar. Entonces ahí hay un punto que sería débil que es creer que porque alguien hace un posgrado va a trabajar mejor. Eso no necesariamente es así.”
En Argentina, para un educador el único modo de ascender es pasar a un cargo de gestión: del aula a la Dirección y de ahí a la Supervisión. Todos coinciden en la necesidad de reformar ese itinerario pero es un gran desafío. En palabras de De Gisi, “deberíamos pensar otros roles, otras figuras, no hacerlo tan vertical sino pensándolo más en carreras más ligadas a la formación y a la enseñanza y otras más ligadas a la gestión y a la administración.”
El Plan Maestro prevé un modo de ascenso que tenga que ver con el acompañamiento pedagógico de parte de los educadores más experimentados a los novatos (meta 26), pero en esta cuestión, la articulación con las organizaciones sindicales es esencial. Duhalde nos aclara: “Esto tendría que ser tratado en el marco de la negociación colectiva y en la paritaria nacional para garantizar que esos nuevos puestos de trabajo y esos modos de ascenso sean justos, igualitarios, públicos y que no generen mecanismos de discriminación dentro del sistema.”
Tan importante como la formación inicial de los nuevos docentes es la formación en ejercicio. Aunque el Plan Maestro se propone para la próxima década “sostener las acciones anuales de formación situada y en servicio para el CIEN POR CIENTO (100%) de los docentes” (meta 24), a muchos educadores les preocupa el cierre de los programas de formación. “Mientras trabajamos, los docentes necesitamos una formación permanente como dimensión constitutiva de nuestros propios puestos de trabajo porque hasta ahora tenés que faltar o no asistir para hacer capacitación. Y eso es lo que se interrumpió cuando en enero se interrumpe el Programa Nacional de Formación Permanente.” acota Duhalde.
El rol de los Directivos y Supervisores como guías pedagógicos es muy relevante en las metas del Plan, pero según Galli, “mientras hayan desaparecido como desaparecen los espacios y las jornadas para hacer un diagnóstico participativo de las escuelas y para pensar las posibles mejoras, mientras que no haya otras instancias de discusión y trabajo colectivo y mientras que se siga recargando la tarea del directivo de tareas administrativas y burocráticas, lejos puede estar de conducir cualquier proceso pedagógico en la escuela.”

Ampliar el debate sobre la educación que queremos

Los especialistas coinciden en que es necesario profundizar el debate hacia adentro del sistema educativo, junto a quienes se dedican profesional y cotidianamente a la tarea de educar. “Para poder opinar sobre educación y para poder sentarse en una mesa a dictar una ley no podés armar una consultora que solamente tiene un basamento político y entonces consiguen ser opinadores pero nunca dictaron clase, nunca gestionaron una escuela, nunca tuvieron reuniones con docentes, no saben lo que es la dificultad de la enseñanza” afirma categórico Moscovich.
Para Galli, el mejor modo de debatir la reforma educativa es “convocando a los trabajadores de la educación, convocando a los gremios que son sus representantes, planteando discusiones en las escuelas.”
“Para nosotros el compromiso por la educación empieza por mejorar las condiciones de la enseñanza y del aprendizaje. Si no se cumple con eso, es ficticio” concluye Duhalde, por su parte.
Afirma Torrendell “yo diría: “Perfecto, aprobemos esta ley” pero me parece que le falta por arriba y por abajo. Por arriba es el para qué, pero un para qué que convoque y que entusiasme a 1 millón y medio de docentes, a 11, 12 millones de alumnos. Siempre son procesos difíciles pero sin una mística y sin un sentido es muy difícil que en educación las cosas cambien. Y por abajo: dónde están esos procesos, esas estrategias bien concretas que van a permitir que, por ejemplo, vos decís: “Aumentemos la tasa de graduación del nivel medio” pero la gente no se gradúa no porque no quiera o porque el colegio lo segregue solamente o porque el trabajo compite con la escuela secundaria o por varios etcéteras, sino que la gente no se gradúa por todas esas cosas que acabo de decir y muchas cosas más que se combinan de distinta forma en cada barrio y cada institución. Entonces si vos no comprendés y no analizás esa complejidad es muy difícil que puedas intervenir. Ahí es que yo le veo que le falta por arriba y por abajo a esas metas una visión más compleja.” Es para lograr esa visión más compleja que hace falta ampliar el debate sobre la educación que queremos para Argentina en los próximos diez años.

 

*1 Investigador del Instituto de Investigación Social, Económica y Política Ciudadana (ISEPCi).

**2 Docente e investigadora.