Estas pibas feministas que hablan con E

Desde 2015, del #NiUnaMenos para acá, montones de pibas se sumaron al feminismo y lo están revolucionando. Bienvenides.

 

 

Escribe Laura González Velasco*

Llevan rastas y hacen malabares, se pintan la cara con la consigna Aborto legal, hacen arte con graffitis en el asfalto, juegan al fútbol, se besan, están en Instagram o en snapchat, llevan tatuajes, aros, pelos azules, van coreando un tema de Sara Hebe mientras se suman a la marcha feminista. En los últimos años, pero sobre todo del #NiUnaMenos del 2015 para acá, montones de mujeres muy jóvenes se sumaron al feminismo y lo están revolucionando.

Años atrás las más jóvenes no se sentían demasiado parte del feminismo. Cuando las invitábamos a talleres para discutir la mirada sexista de los medios de comunicación o las desventajas que teníamos las mujeres en nuestras propias organizaciones sociales o políticas donde la cultura machista nos iba relegando para llegar a lugares de poder, nos decían que eso no pasaba en la universidad donde había paridad entre varones y mujeres. Ese espejismo se rompía recién con la maternidad, donde se venía encima la mochila de la cultura patriarcal y casi siempre eran las compañeras las que resignaban su militancia cuando venía un hijo.

Miles de jóvenes participaron por primera vez en este Encuentro Nacional de Mujeres en el Chaco. Muchas de ellas son estudiantes secundarias y universitarias, adolescentes y jóvenes. Nuestras hijas. Del #NiUnaMenos para acá el Encuentro no deja de crecer como parte de una enorme sensibilización social contra los femicidios, violencias y desigualdades contra nosotras las mujeres. Y el Encuentro, las marchas, las movidas feministas no dejan de renovarse y rejuvenecer con las pibas que llegan. Estas mujeres jóvenes traen su cultura, sus reivindicaciones y experiencia de lucha, sus propias ideas de lo que es el feminismo.

Este año las pibas fueron protagonistas de luchas feministas muy potentes. Luchas con nombres de mujer. Me acuerdo de la sentada en el Normal 4 reclamando por la aparición de Layla, víctima de las redes de abuso y trata que operan en la villa del Bajo Flores. Cómo olvidar la marcha por Justicia para Micaela junto a las amigas del pueblo, las compañeras de gimnasia artística o del apoyo escolar. La mirada infinitamente triste de la presidenta del Centro de Estudiantes en la impresionante movilización por el femicidio de Anahí. Los abrazos desgarrados de las compañeras de Emma en la facultad de medicina.

Las pibas no se bancan más ser víctimas. Por eso empiezan a denunciar cada vez con más fuerza acosos, abusos y violaciones de bandas o músicos de rock, en los boliches, en la calle, en las escuelas denunciando situaciones que estaban invisibilizadas, naturalizadas, calladas y escondidas. Se enfrentan con sus profesores o compañeros de curso si hace falta, reclaman a las autoridades y a la justicia. El reclamo estudiantil secundario en la Ciudad de Buenos Aires que tuvo por eje la reforma incorporó como demanda la aplicación de las leyes de Educación Sexual Integral (ESI) a once años de su sanción y la aplicación de un Protocolo ante casos de violencia de género en las escuelas. Nos sorprendieron.

Junto a distintas organizaciones docentes, feministas y de diversidad sexual hicimos este año un encuentro de formación y reflexión de docentes y estudiantes terciarias/os por la ESI, fue masivo. Espacios que crecen y se multiplican como el de ESI y literatura infantil convocando a escritoras, editoriales, educadoras/es, familias que están buscando formar en nuevos paradigmas. Pero fueron las y los estudiantes secundarios los que pusieron a la educación sexual integral en la agenda pública cuando la incorporaron en las banderas de tomas de escuelas y movilizaciones al ministerio de educación.

En el Colegio Yrurtia haciendo un taller de ESI unas pibas valientes me contaron que seguían compartiendo el aula con un pibe que las violó. En la Escuela Técnica Reconquista son casi todos varones y están armando con muchos colores una bandera de la Comisión de Género. En el Colegio Lorca una piba preguntó al panel de debate electoral si cuando hablábamos de mujeres pensábamos en una sola forma de serlo o en las que teníamos vagina. En el Nacional Buenos Aires una piba denunció un abuso y dejó en evidencia que nadie tenía la menor idea de qué hacer. La presidenta del Centro del Pellegrini se plantó ante un periodista: Yo no soy ninguna chiquita.

Estas mujeres jóvenes quieren hablar de micromachismos, se enojan con el humor misógino en las redes, discuten la mirada binaria o heteronormativa. Se rebelan y nos dicen sin piedad “mamá, no seas machista” o “pero vos sos abolicionista o reglamentarista con la prostitución?, definite.” Ponen en jaque a nuestros miedos, prejuicios, conservadurismos, nos enojan, nos hacen estallar frente al espejo y revisar nuestra propia adolescencia.

Este siglo arrancó con la irrupción de los movimientos sociales incomodando al elitismo que muchas veces el feminismo histórico porta. Empezamos a discutir cómo construir un feminismo popular donde la solidaridad y la justicia social estuvieran presentes, donde nuestras compañeras de los barrios populares que paran la olla en el comedor se sintieran parte y fueran protagonistas.

Hoy estas pibas estudiantes secundarias, ningunas chiquitas, nos interpelan para construir un feminismo joven. Y con ellas se renuevan discusiones antiguas y vienen debates de época: cómo pensamos con más apertura y libertad nuestros deseos y sexualidades, las parejas, los géneros en plural. Cómo desmitificar la maternidad y poder elegirla. Qué lugar tienen los varones que quieren ser feministas para pensar y vivir nuevas masculinidades. Cómo transformar una cultura desigual en la que las mujeres vivimos en desventaja. La feminización de la pobreza basada en la sostenida división sexual del trabajo. Las tareas del cuidado y las licencias compartidas. Las leyes buenas y las políticas públicas sin presupuesto. La sororidad. La menstruacción. La paridad. Nuestra voz. Construir poder sin repetir esquemas machistas en la competencia entre mujeres. Un lenguaje no sexista que nombre a toda la diversidad que somos.

Me encantan estas pibas que aprendieron a luchar al lado nuestro pero que hoy nos desafían y vienen a romper nuestros estereotipos feministas.

Bienvenides!

 

*Laura González Velasco

Directora del Área de Educación del ISEPCi. Licenciada en Letras UBA, Profesora para la Enseñanza Primaria; Asesora Parlamentaria del bloque Libres del Sur en el Congreso Nacional; y Miembro titular del Consejo Económico y Socia CABA.