El ACOSO SEXUAL EN EL TRABAJO

Si bien toma mayor repercusión cuando sucede en el ámbito del espectáculo, el acoso sexual en el trabajo es sufrido por una gran cantidad de mujeres a diario; y nuestro sistema jurídico no le brinda a la mujer víctima de acoso ninguna solución útil.

Escribe Julieta Delpech*

“El violador no es un ser anómalo, solitario, raro. En él irrumpen valores que están en toda la sociedad. Es el actor protagonista de una acción que es de toda la sociedad, una acción moralizadora de la mujer (…) Es un sujeto vulnerable que se rinde a un mandato de masculinidad que le exige un gesto extremo, aniquilador de otro ser para poder verse como un hombre, sentirse potente”
Rita Segato
Hace un tiempo estalló un escándalo en el mundo del espectáculo de Hollywood a partir de las terribles denuncias de violación y abuso sexual por parte del reconocido productor Harvey Weinstein a diferentes actrices y empleadas. La primera en denunciar que Harvey la violó fue la actriz Rose McGowan y hasta ahora le siguieron al menos 82 mujeres que fueron abusadas o violadas por el productor.
Un mes después tuvimos nuestra réplica sudamericana. Ari Paluch fue denunciado por Ariana, la microfonista de su programa de tv, por haberle dado una palmada en la cola. El hecho estuvo filmado por cámaras de seguridad del canal pero el periodista nos aclaró a todxs que el quiso “chocar los cinco” con su empleada y se confundió la mano de Ariana con sus glúteos. A los pocos días se sumaron al menos tres denuncias más de ex compañeras de trabajo de Ari Paluch que fueron acosadas y hasta abusadas sexualmente por él.
Si bien toma mayor repercusión cuando sucede en el ámbito del espectáculo, el acoso sexual en el trabajo es sufrido por una gran cantidad de mujeres a diario. Según la Oficina de Asesoramiento sobre Violencia Laboral se reciben al menos dos llamadas por día de mujeres que denuncian haber sido acosadas sexualmente en el trabajo.
Que el patriarcado, como sistema social, es la causa por la cual un varón se siente con el derecho a abusar sexualmente de una mujer ya sea en el trabajo, en la calle o dentro de su propio círculo familiar ya lo hemos aprehendido. Pero ese sistema social abarcador de todas las relaciones sociales tiene su correlato necesario tanto en el sistema jurídico, como legislativo, en las fuerzas de seguridad, en el sistema educativo, de salud, etc que son los encargados de asegurar la reproducción del sistema patriarcal.
En el caso del acoso sexual en el trabajo nuestro sistema jurídico se encuentra perfectamente aceitado de forma tal que no brinde a la mujer víctima de acoso ninguna solución útil, inculcándole subliminalmente que debe tolerar el acoso tal como lo hace la sociedad en su conjunto. Veamos por qué.
La Ley de Contrato de Trabajo que regula las relaciones de trabajo en el ámbito privado no contiene ningún artículo ni apartado que regule los casos de acoso sexual en el trabajo. En el capítulo de “Trabajo de Mujeres” contempla la posibilidad de que una mujer sea discriminada por estar embarazada o por casarse pero parece que las mujeres no viviéramos otras situaciones que valgan la pena reglar que no sean las relacionadas con nuestra “función” de maternidad (pasando por el casamiento previamente). Cuando se pensó a las mujeres en el mundo del trabajo sólo se tuvo en cuenta que posibilidad y la importancia de que se casen y sean madres y por ello éstas situaciones hay que reglamentarlas. Lo demás, las otras situaciones que las mujeres pueden enfrentar en el trabajo por su condición de género no parecen ser tan importantes como para regular sobre ellas.
Tampoco lo hacen los diferentes convenios colectivos de trabajo que negocian los sindicatos con las patronales ¿tendrá algo que ver que en el mundo sindical las mujeres ocupan sólo un 3% de los cargos?
Contamos sí con la Ley 26.485 que establece que son formas de violencia contra las mujeres el acoso sexual y la violencia laboral. Pero esta ley no otorga respuesta alguna frente a una situación de acoso sexual en el trabajo porque no incluye ni un protocolo de actuación, ni un sistema de penalidades frente a los casos de violencia, sólo los define.
Frente a esta carencia de normas que regulen de manera específica los casos de acosos sexual en el trabajo, los/as jueces/as de la justicia del trabajo enmarcan al acoso sexual en el trabajo como una forma más de violencia laboral, sin tener en cuenta las particularidades y la diferencia de los motivos que dan lugar al acoso sexual y que difieren mucho de otro tipo de violencia laboral como podría ser el maltrato. Dice parte de la jurisprudencia mayoritaria que “la violencia en el ámbito laboral puede manifestarse de muchos modos, por ejemplo, a través de tratos discriminatorios, agresiones físicas, hostigamiento de índole sexual, mal trato organizacional, etc.”
Para éste tipo de interpretación es asimilable que un compañero le pegue una trompada a otro a que un jefe acose sexualmente de una empleada. Esta falta de perspectiva de género al momento de evaluar un caso conlleva a no tener en cuenta las particularidades específicas de la violencia de género y hace que las respuestas dadas por la justicia no son satisfactorias ni adecuadas para la mujer que sufre la violencia.
Por ejemplo, al momento de probar el acoso sexual se le exige a la mujer que lo haga a través de los mismos medios probatorios que se utilizan para cualquier otro hecho sin tener en cuenta que el acoso suele ocurrir sin presencia de testigos o que el acosador no suele dejarlo por escrito en algún documento de trabajo.
Frente a la falta de normativa con perspectiva de género que defina que se entiende por acoso sexual en el trabajo, que otorgue una indemnización agravada a la mujer que tuvo que dejar su lugar de trabajo por haber sido víctima de acoso sexual, que establezca medios probatorios acordes con las especificidades que conlleva el acoso sexual, que regule qué conductas podrían llevar adelante las empresas frente a casos de acoso, la justicia va a seguir funcionando como una herramienta de adoctrinamiento hacia la mujer que decide no soportar el acoso y denunciar al acosador. Como dice Duncan Kennedy “…. Es una fantasía pensar que las normas jurídicas formales vigentes prohíben siquiera una pequeña parte de lo que la mayoría de la gente consideraría un abuso sexual injustificable…” (“Abuso sexual y vestimenta sexy”, pag.26).
*Julieta Delpech , abogada, docente en temas de género, asesora del bloque Libres del Sur.