El regreso al modelo disciplinar

        El gobierno intenta modificar la Ley de Salud Mental

Escribe, Rosendo Martinez*

Los antecedentes: El orden Psiquiátrico

Michel Foucault describe en su libro Vigilar y Castigar el ascenso de la sociedad disciplinaria destinada a controlar y ejercer el poder sobre los cuerpos. El aislamiento fue el método de organización de los comportamientos que excedían el protocolo de moral y buenas costumbres de la incipiente burguesía europea.

El desarrollo tecnológico de los instrumentos de dominación permitió la formación de una estructura panóptica con el fin de extraer saberes de y sobre estos individuos ya sometidos a la observación y controlados por estos diferentes poderes. La dinámica institucional del manicomio resuelvió la tensión entre orden y conflicto abriendo espacios focalizados que legitiman la construcción de un relato de “normalidad” en el ámbito de lo privado.  La muerte y el castigo dejan de ser un espectáculo (como la hoguera post-feudal) y son reemplazados por espacios cerrados destinados a encauzar “conductas patológicas”.

El llamado “orden psiquiátrico”, según la expresión de Robert Castel, implicaba entender el asilo para” locos” no tanto como un espacio de observación clínica y de producción de conocimiento científico, sino como el instrumento indispensable de una amplia estrategia de disciplinamiento y regulación social.

Las Leyes de Salud Mental

La dominación del modelo psiquiátrico fue el reflejo de una correlación de fuerzas desigual al interior del campo de salud. El parámetro de ordenamiento regulatorio de la actividad respondía a ese paradigma hegemónico, caracterizando a los usuarios como “peligrosos” para el cuerpo social y eliminando la visión de los derechos.
El Estado tutelar, judicializa y reprime a un sector social vulnerable y empobrecido, al mismo tiempo que construye estigmas y prejuicios sociales respecto a las enfermedades de salud mental.

Este modelo atrasado en términos globales fue reemplazado por tres ideas fundamentales: la multidisciplina, la apertura del concepto de salud mental al campo de las adicciones, entre otros, y la regulación externa al Ministerio de Salud.  Justamente el espíritu de la Ley Nacional de Salud Mental es afectar el negocio de las comunidades terapéuticas y las clínicas privadas, instituciones que hicieron de la internación compulsiva una práctica recurrente. La nueva norma establecía un límite de readecuación hacia el 2020, para eliminar del sistema ese tipo de tratamientos y reactualizarlos por formas abiertas y ambulatorias que pongan acento en el tratamiento integral.

La construcción de un nuevo concepto de salud mental originó una serie de debates que se vieron reflejados en el Parlamento durante los años posteriores y en la materialización de una serie de resistencias a determinados artículos por parte de organizaciones vinculadas a paradigma de la guerra contra las drogas y el mercado psiquiátrico.

 El art.4 es posiblemente el que suscitó mayor rechazó por parte de los sectores conservadores. El mismo plantea que “las adicciones deben ser abordadas como parte integrante de las políticas de salud mental. Las personas con uso problemático de drogas, legales e ilegales, tienen todos los derechos y garantías que se establecen en la presente ley en su relación con los servicios de salud”.  Esta visión desnaturaliza la idea del consumidor de sustancias como sujeto de disponibilidad penal y coloca su problemática en el ámbito de la salud mental, modificando la visión punitiva por otra que prioriza los derechos humanos. La estadística indica que las prácticas de internación compulsiva han fracasado. “Según datos de la Sedronar y de la Unidad de Seguimiento de Políticas Públicas en Adicciones, el 70 por ciento de la población de las CT es gente judicializada, sólo el 40 por ciento llega al final de su tratamiento y, de esa cifra, el 65 por ciento reincide” 1- Informe Sedronar 2013.
Una parte no menor de esta población se encuentra en situación de calle o no posee enfermedades de salud mental, lo que demuestra una clara estrategia de control poblacional y una irresponsabilidad absoluta en materia de diagnóstico y tratamiento.

Las modificaciones que intenta establecer el gobierno de Mauricio Macri pretenden reutilizar los conceptos de las sociedades disciplinarias para avanzar en estrategias de control y disciplinamiento. En particular, la aceptación del borrador que circuló en los últimos días por parte de la corporación psiquiátrica alimenta los peores designios. Una modalidad de tratamiento unidisciplinar revierte la tendencia mundial. Al mismo tiempo, la potestad del Mrio. de Salud de intervenir como órgano revisor, elimina toda participación regulatoria multisectorial y limita a la discrecionalidad el ejercicio de las políticas públicas.
No se trata únicamente de reponer decretos ley con tufillo dictarorial. La discusión es más profunda. Las políticas de ajuste necesitan del disciplinamiento tanto como de la participación limitada.
Al fin y al cabo nadie puede asegurar que en el escenario de la Democracia la obra de fondo no tenga música conservadora.

* Rosendo Martínez, Licenciado en Cs. Política, UBA. Asesor del bloque de Libres del Sur, HCDN.