El Papa Francisco: Impulso transformador o contención reaccionaria

En los últimos días se avivó un fuerte debate respecto al papel del Papa Francisco en la realidad política y social del país, la región y el mundo. En la Izquierda Diario, publicación de un sector de la Izquierda, apareció una dura crítica a las afirmaciones de Daniel Menéndez, Coordinador Nacional de Barrios de  Pie, en un reportaje de Página 12 con motivo de la visita del Papa a Chile. Dos días después éste responde en una nota para Tercer Cordón, revista digital de los Movimientos Sociales. 
La polémica alcanza a diversos aspectos de la coyuntura política y social, pero también involucra cuestiones mas amplias, como el rol de la fe y la religión en la vida de los sectores populares. 
Aquí reproducimos las dos notas

(Foto portada: Reuters)

Lunes 15 de enero

POLÉMICA

Barrios de Pie y la defensa de un papa “transformador” que no corresponde a la realidad

En una entrevista publicada ayer, Daniel Menéndez reivindica a Francisco y su discurso “crítico del orden social”. La realidad es bien distinta y más compleja.

Por Eduardo Castilla

@castillaeduardo

La llegada de Francisco a Chile no parece haber despertado el fervor que muchos esperaban entre quienes allí habitan. Una reciente encuesta indica que, para el 50 % de la población del hermano país, la visita carece de importancia sustancial.

En Argentina, junto a los miles de fieles que cruzarán la Cordillera para verlo, se encuentran las corrientes políticas que se identifican con el papa. Entre estas últimas vale la pena detenerse en los llamados movimientos sociales. Allí sus dirigentes y referentes hacen una reivindicación de Francisco en clave “transformadora” o “revolucionaria”. Algo más que alejado de la realidad.

Daniel Menéndez (coordinador nacional del Movimiento Barrios de Pie) expuso ayer su entusiasmo por la figura del papa. Lo hizo en una entrevista con Página/12. Allí, entre otras cuestiones, afirmó que “Francisco insta a organizarse, a frenar la exclusión social actual, y eso molesta mucho”. Además, agregó que el papa pone “sobre la mesa un mensaje crítico al orden social actual”

Señalando sus múltiples viajes e intervenciones a nivel global, Menéndez afirma que “como líder religioso, también tiene y tuvo un rol decisivo en los conflictos que hay en distintas partes del mundo: en la disputa en Europa con los migrantes y el crecimiento de la xenofobia, fue un factor clave en la reducción del embargo de Estados Unidos a Cuba, en el conflicto por la paz en Colombia, en los distintos conflictos al interior de África y también entre Israel y Palestina”.

Demás está decir la “influencia benéfica” del papa en el conflicto entre el Estado genocida de Israel y el pueblo palestino está bastante lejos de notarse. Pero, además, el discurso del referente de Barrios de Pie presenta una realidad que, valga la redundancia, está muy lejos de la realidad. El papado de Francisco está bastante lejos de cualquier cuestionamiento profundo al orden existente.

Razones para un cambio discursivo

Jorge Bergoglio, el hombre que presidió la Compañía Jesuita durante la última dictadura genocida, llegó al Vaticano en 2013. Lo hizo en medio de una fuerte crisis institucional de la Iglesia Católica.

En 2016 escribíamos que “se puede señalar una doble crisis en el origen del papado de Francisco. Una crisis moral donde un conjunto de valores ligados al cristianismo aparecen profundamente golpeados por una multiplicidad de escándalos, en la cual las continuas denuncias contra curas pederastas y sus encubridores (…) Esa crisis moral se traducía en una profunda crisis política de la Iglesia como institución a escala internacional”.

Es a partir de esa crisis que es posible entender el accionar de la jerarquía de la Iglesia Católica. El profuso accionar político a nivel internacional, así como el giro discursivo de la cúpula eclesiástica pueden y deben explicarse desde allí.

Marcelo Larraquy, en su muy recomendable libro Código Francisco (Sudamericana, 2016) señalará que el nuevo papa “al comando de la Iglesia (…) retomó la misión evangelizadora hacia las periferias y trabajó sobre temáticas que la curia había abandonado o mantenido a la distancia: el hambre, las víctimas del tráfico humano y la trata de personas, los refugiados de las guerras y excluidos del mercado”.

Sin embargo, ese “retorno sobre los excluidos” no implicó ningún cambio en lo que hace al cuerpo doctrinario de la Iglesia en su conjunto. El mismo autor afirmará que “el Papa no aspiraba a modificar la doctrina ni tampoco a promover cambios pastorales radicales”.

Su discurso de “puertas abiertas” solo fue parte de “una estrategia para que el mundo laico volviera a mirar a la Iglesia, no ya como un imperio premoderno de costumbres anacrónicas, sino como un actor valioso para ofrecer una mirada pastoral política y social renovada”.

Los casi cinco años del papado de Francisco han demostrado que ese discurso no se tradujo en ninguna transformación profunda al interior de la milenaria institución.

El mismo discurso papal ha demostrado lo esencialmente reaccionario de la doctrina de la Iglesia Católica en su conjunto. Solo por citar un ejemplo, en febrero de 2015 Francisco había dicho “pensemos en las armas nucleares, en la posibilidad de aniquilar en unos instantes un número muy elevado de los seres humanos. Pensemos también en la manipulación genética, en la manipulación de la vida, o la teoría de género, que no reconoce la orden de la creación. Con esta actitud, el hombre comete un nuevo pecado, que es contra de Dios el Creador”.

La simple comparación entre personas trans y “armas nucleares” lo muestra completamente a trasmano de algunos de los reclamos más extendidos hoy a escala global. Esas peleas contra la moralidad oficial y las leyes restrictivas enfrentan también a la Iglesia Católica. Solo lo que ocurre en Chile sirve a modo de ejemplo de esa situación.

Los excluidos y el orden vigente

Menéndez afirma que a los excluidos Francisco “los entiende como sujetos de transformación, como el germen de la modificación del orden vigente”.

Aquí la realidad también resulta distinta. La preocupación papal por los pobres tiene lugar en tanto actúa como una barrera de contención a cualquier acción independiente de los explotados.

En Código Francisco, Larraquy -hablando de los años 90- escribirá sobre Bergoglio, “si en los años setenta había evitado (…) la integración de sacerdotes en comunidades de base en barrios o villas por temor a la radicalización política, ahora, cuando ya no existía la militancia revolucionaria, los alentó a permanecer (…) en una opción clara por los humildes”.

No está de más recordar que la persecución y el secuestro que los sacerdotes Orlando Yorio y Francisco Jalics había iniciado cuando el entonces líder de los jesuitas empezó la supresión de las comunidades de base. Las mismas establecían un vínculo estrecho de sectores de la Iglesia con los habitantes de las barriadas más pobres.

Como ya señalamos, “en los años ‘70, cuando la radicalización política de masas era extendida, Bergoglio hizo lo imposible por apartar a los jesuitas de esas tendencias. Veinte años después, luego de la derrota de ese ascenso revolucionario y ante la creciente crisis social, la Iglesia buscó ubicarse como parte de los factores de contención”.

Reivindicar valores “anti-sistema” en la figura de Francisco está bastante lejos de la realidad. El jefe de la Iglesia Católica, con otro discurso, lleva adelante la misma práctica de conservar el orden existente que viene teniendo lugar hace 2.000 años.

Publicado en http://www.laizquierdadiario.com

DEBATE con La Izquierda Diario

Por: Daniel Menéndez

Días atrás el diario Página 12 me realizó una entrevista en la que señalo que el papa Francisco insta a los pobres a organizarse, y que eso molesta a los sectores de poder. La Izquierda Diario criticó esta visión afirmando que “Reivindicar valores “anti-sistema” en la figura de Francisco está bastante lejos de la realidad”.  También sostienen que “El jefe de la Iglesia Católica, con otro discurso, lleva adelante la misma práctica de conservar el orden existente que viene teniendo lugar hace 2.000 años”.

Desde nuestro punto de vista, decir que la Iglesia hizo lo mismo durante dos mil años, sin señalar las complejidades al interior de la institución, es por lo pronto un tanto superficial, dado las diferentes etapas que ha atravesado, con un sinfín de contradicciones y posiciones ambiguas, inherentes a una institución milenaria que ha reflejado tensiones entre la jerarquía institucional y sus bases practicantes. Entendemos que no se trata de un simple cambio de discurso el hecho de que la Iglesia retome como mensaje central la opción por los pobres y adopte un mensaje sobre los excluidos.

En la actualidad el papa Francisco le hace una crítica al capitalismo transnacional, a la adoración al dios dinero, a las consecuencias de la cultura del descarte y a no considerar el trabajo como una mercancía. Además ve a los excluidos no como meros sujetos receptores de caridad y dádivas, sino como sujetos de transformación de este orden social que genera exclusión. Esos enunciados son congruentes con nuestras prácticas cotidianas ¿cómo no estar esperanzados en que muchos sectores de la iglesia comprendan los serios y dramáticos problemas actuales de nuestro país y les brinde atención y apoyo?

Para nosotros la pobreza no es una virtud, sino que es un drama. Como problema estructural requiere respuestas multidimensionales que acompañen y potencien los procesos socio -culturales que ese sector ha sabido forjar como reflejo a un pasado agresivo que deja marcas en sus cuerpos y una perspectiva futura casi siempre efímera. Claro, esa organización colectiva lejos está de tener respuestas en una vasta biblioteca que los comprende como fenómeno pero no siempre interpreta sus necesidades, elemento sustancial para construir una salida al flagelo de la pobreza.

A muchos sectores de derecha les molesta el discurso antiliberal que enuncia Francisco, al gobierno de Macri que a través de sus obispos le marque los costos sociales.

Aquellos que a diario damos lucha en el barrio conocemos con cierta precisión los problemas que allí suceden y la lamentable evolución de los mismos a lo largo de los años: marginalidad, violencia familiar, narcotráfico, trata, crecimiento de problemas ambientales.
Donde el Estado ha dejado signos de ausencia casi permanente, compartimos con distintas instituciones religiosas la lucha por poner esos problemas en la agenda social y darle solución a los mismos. Posiblemente nos diferencie de la izquierda tradicional los métodos y el carácter de dicha solución. Lo que para algunos es solo un fenómeno a otros les cuesta la vida. Allí es donde tenemos que achicar distancias.

Leemos con mucho interés todo lo que dice Francisco, sus pronunciamientos sobre la crisis económica y sobre la deuda externa. Tenemos puntos comunes en la cuestión de la justicia social y preocupaciones similares sobre la crisis económica internacional. Miramos con atención sus reflexiones, principalmente sobre los países de América Latina. Es una mirada constructiva y solidaria en torno a estos problemas que sufren nuestros pueblos.

Creemos necesario un acercamiento con sectores de la Iglesia pero también con pastores evangélicos, en definitiva actores sociales que tienen voluntad de transformación, al igual que otras organizaciones. Dada las características de la etapa es necesario priorizar coincidencias, no creemos que haya espacio para nuevas divergencias.

Son muchos los territorios en donde las organizaciones sociales encuentran como aliados a los curas párrocos o a los pastores evangélicos. Semanas atrás estuve en la villa IAPI de Quilmes donde ambas iglesias realizan una enorme tarea en la contención de los pibes para que no sean víctimas de los narcos. La realidad de los barrios más postergados, villas y asentamientos presenta un cuadro complejo: hambre, miseria y narcotráfico. Quien conozca esta realidad de cerca o la atraviese, sabe que no hay margen para restar actores por diferencias menores sino por el contrario, hay que sumar voluntades y generar adhesión en otros sectores sociales.

El propio derrotero histórico social de los barrios nos muestra que hay un elemento que debe ser tenidos en cuenta, ya que hace a la cultura e identidad de los barrios más postergados: la fe. Por eso entendemos que una posición religiosa que vaya al reencuentro con lo mejor de la historia del cristianismo es contradictoria con los intereses y planes que tienen muchos sectores de poder para nuestro país. Desde los teólogos de la liberación, que han sido abanderados de ese acercamiento de la Iglesia a los pobres, hasta la tarea que realizan los curas villeros, hay un camino de coherencia con el cual tenemos coincidencias.

De hecho, si son los sectores de la derecha los que cuestionan este discurso, es porque sin lugar a dudas Francisco abre un debate que aporta en la construcción de un imaginario social que ubica a los humildes como actor transformador.
No observar las contradicciones y complejidades hace que sectores de izquierda terminen criticando al Papa de la misma forma que lo hace la derecha y allí es imposible que no sobrevuelen los fantasmas de la cúpula eclesiástica que tuvo un rol preponderante en la Revolución Libertadora de 1955 con participación de un sector de la izquierda de nuestro país o que el papa Juan Pablo II fue un activo participe de la caída del Muro de Berlín algo que muchos sectores de la izquierda argentina vitorearon.

Si todo fuera tan lineal como los compañeros plantean no se entendería como en plena guerra fría, Juan XXIII medió para atemperar los ánimos y evitó así un conflicto militar que pudo devenir en una guerra devastadora. A partir de esa dramática experiencia, el Papa redacta luego la encíclica “Pacem in Terris” sobre la paz mundial. Años después se da la participación política de católicos en partidos de izquierda y movimientos sociales en América Latina, y el auge de la teología de la liberación. Incluso Fidel Castro dijo alguna vez que el cristianismo tenía 10 mil veces más coincidencias con el comunismo que con el capitalismo.

Intentando comprender la historia en pos de transformar el presente que arroja a más de 13 millones de compatriotas bajo la línea de la pobreza, caminaremos juntos a aquellos sectores sociales, religiosos y políticos que busquen una alternativa.

Desde esas premisas entendemos que Francisco juega un rol fundamental en la crítica al sistema actual, en el aliento a nuevas formas de organización y en la construcción con esperanza de modelos de sociedad que incluyan a los excluidos.

Por eso no podemos ser neutrales ni indiferentes, y creemos que los movimientos sociales deben acompañar cualquier avance dentro de las instituciones religiosas que mejoren las condiciones de vida de los que menos tienen.

Saludos fraternales.

 

Publicado en http://www.tercercordon.com.ar