Elecciones presidenciales en 2019. La participación de la Izquierda Nacional y las dificultades en la oposición.

Elecciones presidenciales en 2019

La participación de la Izquierda Nacional 

En estos meses que estamos recorriendo la recta final hacia octubre, es cada vez más evidente que el principal obstáculo para constituir la unidad necesaria para ganarle a Macri es el sostenimiento de la candidatura de Cristina

Desde principios de año se van delineando las huellas sobre los que marchará la disputa político electoral, con punto de llegada en los tres turnos de agosto (PASO), octubre y noviembre (primera y segunda vuelta) de las elecciones presidenciales.

Hace sólo doce meses, en el inicio de 2018, el panorama era netamente favorable al gobierno. Después del triunfo de las legislativas de octubre de medio término, en un contexto favorable signado por un ajuste sin prisa pero sin pausa, aunque combinado con una moderada recuperación económica respecto a un 2016 recesivo, lograba retener consenso político con expectativas de crecimiento en extendidas franjas de la población. Pero en los meses siguientes sobrevinieron los sucesivos temblores financieros, que desnudaron la debilidad – ausencia – de los cimientos del modelo en curso.

A medida que se repitieron los fracasos para sostener un esqueleto que se derrumbaba –incluso con el primer plan del FMI- al gobierno se le fue desflecando la credibilidad en su fortaleza, en las capacidades y habilidades de sus equipos, y varias de sus principales figuras públicas quedaron fuertemente debilitadas ante el conjunto de la población. En la última parte de este 2018 fatídico la administración económica, con el monitoreo diario de los funcionarios del Fondo, congeló la cantidad de moneda en circulación, impuso tasas de interés del orden 60/70% mediante las que sigue aumentando una deuda pública impagable, indujo un feroz descenso de la actividad productiva, y entonces –por fin después de varios meses- logró estabilizar una de las dos variables más inestables de la economía: el precio del dólar. Pero hasta el final del año no consiguió dominar la inflación, que fue la más elevada de las últimas tres décadas.

Cuando a partir de mitad de año emergió el rápido deterioro de Cambiemos, las reacciones en la oposición para promover una alternativa que fuera ocupando los espacios de descontento para con el gobierno y se pusiera en condiciones de ganar en 2019, fueron y siguen siendo lentas y trabajosas.

Las dificultades en la oposición

La derrota de Cristina en las legislativas de 2017 dejó en evidencia sus límites para ser alternativa ganadora a Cambiemos. El armado electoral que promovió en Provincia de Buenos también mostró su incapacidad para ser factor de unidad opositora, especialmente al interior del peronismo. A finales de ese año, ante lo que consideraban una segura reelección del macrismo en las próximas presidenciales, las fuerzas de la oposición iniciaron el 2018 dando tímidos pasos en dirección de reconstruir caminos que les permitieran, en primer lugar, conservar gobernaciones e intendencias. En segundo lugar, cada una de ellas intentaría quedar posicionada después de las presidenciales como la primera fuerza nacional por fuera del oficialismo. En este contexto  las diferentes estrategias –principalmente al interior de los diversos sectores del peronismo- no contemplaban seriamente propuestas de unidad, más allá de las declaraciones para la galería.

Las sucesivas vueltas de tuerca sobre los ingresos de la mayoría de la población y la consiguiente merma de espacio electoral del gobierno, por un lado abrió la expectativa de que pudiera perder en las presidenciales 2019, y por otro, desnudó las dificultades de los sectores políticos opositores para constituir alternativas confiables ante la población. En primer lugar el kirchnerismo recuperó su núcleo duro de militantes y votantes que habían quedado afectados por la tercera derrota consecutiva en la Provincia de Buenos Aires, pero no pudo crecer más allá del tercio de consenso con el que Cristina había perdido en octubre a manos del PRO. No obstante lo cual, ella mantuvo y mantiene vigente su eventual candidatura presidencial. A partir de esto los movimientos al interior del peronismo vienen girando alrededor de alinearse con la ex presidenta, o por el contrario, buscar construir propuestas sin ella que tengan la envergadura suficiente para ganarle a Macri.

Cristina es hasta hoy la candidatura individual más fuerte, pero con elevados niveles de rechazo en las franjas que votaron a Cambiemos en 2015 y 2017, y que hoy no lo apoyarían nuevamente. Esta situación que no se modificó ni aun en los momentos que la crisis económica hizo tambalear al gobierno, obedece a varios causales concurrentes.

La más importante que sobre determina hasta ponerle obstáculos por ahora insalvables a cualquier propuesta que desde la izquierda y el progresismo surja con pretensiones hegemónicas, es el fracaso de los proyectos progresistas que se instalaron desde principios de siglo en adelante, particularmente en Brasil y Argentina. En Venezuela la agresión externa es brutal y la resistencia popular para defender lo que queda de las conquistas alcanzadas durante los gobiernos de Hugo Chávez alcanza niveles heroicos aun lidiando  con los errores de su propio gobierno actual. En Brasil, aun con golpe mediante y Lula encarcelado injustamente, lo cierto es que la derecha más recalcitrante ganó las elecciones, y la resistencia popular no posee la fuerza necesaria para frenar el programa de ajuste. La ola neoliberal que se instala en los gobiernos del Cono Sur no viene sólo de la mano de golpes de estado o intervenciones externas, sino que en la disputa de sentido común de las mayorías, las ideas de derecha renovadas y no tanto, en algunos casos disfrazadas y otros sin disimulo, conquistaron espacios que hasta hace poco no tenían. Sólo desde 2015 ganaron elecciones Macri (2015 y 2017), Piñera (Chile 2017), Benítez (Paraguay 2018), Bolsonaro (Brasil 2018). Aun así no  hemos tenido hasta ahora evaluaciones críticas y autocríticas de los principales conductores de los modelos progresistas que gobernaron una década y media, sobre si hubo en estos procesos alguna responsabilidad para esta reinstalación de las concepciones más regresivas. Lo que dificulta seriamente la posibilidad de sacar algunas conclusiones sobre lo que se hizo y/o no se hizo, bien o mal, para aprovecharlas en dirección de encarar mejor pertrechados la dura etapa que tenemos en el futuro inmediato.

Particularmente en la Argentina, la cadena de malversaciones, falsificaciones y corrupciones generadas por el kirchnerismo sobre las banderas nacionales, populares y progresistas que impulsaron los gobiernos de la región desde principios de siglo, nos obliga a las fuerzas de la izquierda nacional a recrearlas en condiciones más adversas, sin dejar de tener en cuenta que el sostenimiento empecinado de la candidatura de Cristina, sólo contribuye a dividir y entorpecer la  constitución de la amplitud opositora necesaria para ganarle a Macri.  Por la vía del rechazo a Cristina, se complica el debate sobre las indispensables propuestas de la izquierda nacional para encarar la solución de la crisis actual defendiendo consecuentemente los intereses populares, explicando que lo que se hizo durante sus gobiernos  en realidad fue pregonar consignas que no se llevaban a la práctica coherentemente. Todo lo cual facilita las condiciones para que la derecha prolongue su hegemonía a través de sostener la brecha/polarización contra una candidatura limitada, mientras sigue anunciando desde que asumió en diciembre de 2015 la “llegada de una luz al final del túnel en el próximo semestre”, y manteniendo este camino que en realidad nos conduce a un desastre cada vez mayor.

A pesar que algunos pequeños dirigentes del kirchnerismo clásico y/o del kirchnerismo tardío, tratan de explicitar algún prurito ideológico de parte de Cristina, contra dirigentes o gobernadores  que hoy no están en Unidad Ciudadana, lo cierto es que los operadores de la Jefa llaman una y otra vez a esos “traidores” para ofrecerles incorporarse a su frente.  

En este contexto la puja al interior de la oposición por conformar la propuesta de mayor envergadura pasa por la disputa de aquellos gobernadores, intendentes, y dirigentes con mayor poder territorial. Salvo aquellos que son parte de Cambiemos, en general en estos años debieron sostener un delicado equilibrio entre una actitud opositora a una política económica nacional que les impuso a sus distritos recortes presupuestarios, congelamiento de la obra pública, y otras cargas que les dificultó a la hora de gobernar, y el sostenimiento de una relación “cordial” necesaria para que les llegara desde el Ejecutivo Nacional el flujo de recursos indispensables. Muchos impulsan desdoblamiento de las elecciones provinciales. O buscando zafar de la pelea Macri/Cristina porque les divide su frente provincial en el que participan componentes de ambos campos, o porque quieren evitar el arrastre de la boleta presidencial, y o porque buscan mayor libertad de acción a la hora de tomar la decisión política respecto a su adhesión a una de las fórmulas presidenciales. A pocos meses de los cierres de listas una buena cantidad de gobernadores decidieron adelantar sus convocatorias, mientras muestran una mayor predisposición a apoyar a una alianza opositora que no encabece Cristina. Por su parte, los emisarios de Unidad Ciudadana recorren las provincias tratando de ganar para su propuesta a dirigentes y gobernadores que acompañaron al kirchnerismo los tres períodos que gobernó la Nación, pero que por ahora no parecen querer sumarse. Muchos de ellos porque no están dispuestos a compartir nuevamente los tortuosos senderos de la conducción cristinista (a pesar que algunos dicen que la ven “más madura”), otros porque evalúan que no es el camino para ganarle a Macri. A pesar que algunos pequeños dirigentes del kirchnerismo clásico y/o del kirchnerismo tardío, tratan de explicitar algún prurito ideológico de parte de Cristina, contra dirigentes o gobernadores  que hoy no están en Unidad Ciudadana, lo cierto es que los operadores de la Jefa llaman una y otra vez a esos “traidores” para ofrecerles incorporarse a su frente.

El objetivo principal es ganarle a Macri

La victoria electoral de Cambiemos en Argentina 2015 fue un enorme triunfo de los liberales en la región. Ya habían administrado este país durante largos períodos, pero siempre se subían al gobierno mediante golpes de estado o escondidos detrás de alguna de las representaciones populares mayoritarias. Esta vez alcanzaron una conquista inédita ya que ganaron la voluntad de las mayorías con una representación propia. No hay que ser muy perspicaz para entender que sino logran reelegir, sino consolidan su continuidad por cuatro años más, la derecha que logró aquél  triunfo histórico, ahora tendría una derrota política de alcance nacional y regional.

La agenda de la Izquierda Nacional y Progresista con propuestas principales para eliminar la pobreza y la indigencia, instaurar el control del comercio exterior y de la entrada y salida de capitales, revisar el acuerdo con el FMI y los compromisos de la deuda pública tomados por este gobierno, implementar una reforma impositiva progresiva, promover el cuidado del ambiente en el uso de nuestros recursos naturales y la utilización de esos recursos para cambiar el modelo productivo, la legalización de la interrupción voluntaria y gratuita del embarazo, la despenalización del consumo, tenencia y cultivo de marihuana para el consumo propio, la instalación de una propuesta de seguridad democrática, entre otros ejes principales, deben ser los puntos relevantes con los que debemos participar en la construcción de una amplia confluencia capaz de ganarle al oficialismo en octubre y noviembre próximos.

 

En estos meses en los que estamos recorriendo la recta final, es cada vez más evidente que el principal obstáculo para constituir la unidad necesaria es el sostenimiento de la candidatura de Cristina. El grupo de operadores  que desde hace meses viene trabajando desde el Instituto Patria tratando de juntar voluntades ha cosechado pocos éxitos hasta ahora. Sólo los que operaron sobre la dirigencia de los Movimientos Sociales que encabezaron las luchas durante todo el gobierno de Macri –que en su mayoría fueron opositores a los gobiernos de Cristina- lograron que una parte muy importante de esa dirigencia hiciera un giro, insospechable hasta hace pocos meses, y se sentara al lado de la ex presidenta llamando a votarla. Mientras que la mayoría de los gobernadores que no son de Cambiemos continúan abonando la posibilidad de consolidar una propuesta opositora sin la ex presidenta.

La agenda de la Izquierda Nacional y Progresista con propuestas principales para eliminar la pobreza y la indigencia, instaurar el control del comercio exterior y de la entrada y salida de capitales, revisar el acuerdo con el FMI y los compromisos de la deuda pública tomados por este gobierno, implementar una reforma impositiva progresiva, promover el cuidado del ambiente en el uso de nuestros recursos naturales y la utilización de esos recursos para cambiar el modelo productivo, la legalización de la interrupción voluntaria y gratuita del embarazo, la despenalización del consumo, tenencia y cultivo de marihuana para el consumo propio, la instalación de una propuesta de seguridad democrática, entre otros ejes principales, deben ser los puntos relevantes con los que debemos participar en la construcción de una amplia confluencia capaz de ganarle al oficialismo en octubre y noviembre próximos.

La Argentina sólo tiene futuro sin Macri y sin Cristina.

 

Isaac Rudnik. Movimiento Libres del Sur