Argentina y Uruguay: encrucijada electoral en dos orillas (primera parte)

Los lazos que unen a uruguayos y argentinos son tantos, que habría que escribir una enciclopedia para mencionarlos todos. La geografía, la historia, la cultura, e incluso la sangre nos unen. Nos separan el Río Uruguay, y (un poco) el fútbol. De no ser por la intervención de la diplomacia británica en 1828, y la claudicación de Rivadavia, hoy seríamos un solo Estado, una misma nación.

Por supuesto que tenemos cosas que nos diferencian. Pero en general no son cuestiones de fondo, que marquen una distinción clara entre ser uno u otro lado del río. De hecho, probablemente no existan en toda Latinoamérica dos pueblos tan indiferenciables para un observador externo, que los nuestros.

Este año, aparte de todas las cosas que nos hermanan, se agrega una curiosa casualidad política: las elecciones nacionales se desarrollarán el mismo día en los dos países, y en ambos, es crucial lo que está en juego de cara al futuro de cada pueblo y de la región.

Quince años de gobiernos frentistas.

En Uruguay lo que se juega es la continuidad del proyecto político progresista iniciado en octubre de 2004, con el primer triunfo del Frente Amplio, la coalición política nacida hace 48 años, que desde entonces ha ganado las siguientes dos elecciones nacionales en 2009 (con el Pepe Mujica) y 2014 (con el regreso de Tabaré Vázquez)

A lo largo de estos quince años de gobiernos frentistas, Uruguay se ha posicionado a la vanguardia de Latinoamérica en todo lo que hace a leyes y planes sociales de avanzada: el Plan Nacional de Emergencia, sucedido por el Plan Nacional de Equidad, el Sistema Nacional Integrado de Cuidados en proceso de implementación, las leyes de concubinato y matrimonio igualitario, la que despenaliza el cultivo y comercio de marihuana, la de interrupción voluntaria del embarazo, y la más reciente ley integral para personas trans.

Lo que tal vez resulte más importante, es que estas conquistas sociales han estado unidas a quince años consecutivos de crecimiento económico, el más extenso en la historia del país, con salarios y jubilaciones que han crecido siempre por sobre la inflación, el desempleo que se mantiene en niveles históricamente bajos, y una inflación controlada. No en vano, Uruguay tiene el salario mínimo más alto de la región, medido en dólares.

Esto se ha logrado con la conocida costumbre uruguaya de perfil bajo y moderación. Gradualismo en serio, no cómo el se proclama de este lado del río. Eso incluye un equipo económico que, si bien ha cambiado, ha mantenido una misma línea, que resulta muy lenta y/o tibia para los sectores más a la izquierda, pero que ha permitido consolidar, no sólo la economía uruguaya, sino también el proyecto político.

Por supuesto, también existen complicaciones y dificultades. La primera de ellas, parece ser el desgaste del partido y gran parte de su elenco, luego de casi tres quinquenios en el poder. Un agotamiento o cansancio que se traduce en las encuestas, que siguen dando al Frente como la opción mayoritaria, pero con menos margen.

No ayuda en nada, o tal vez sea una señal de ese agotamiento, actitudes de soberbia, de falta de autocrítica, e incluso casos de corrupción y malversación de fondos, que si bien son menores en el contexto de otros países de la región, no han dejado de tener un impacto profundo en Uruguay. El caso más sonado fue el que terminó con la renuncia al cargo del ex vicepresidente, Raúl Sendic.

A esto se suman dificultades reales en materia de seguridad pública, uno de los problemas que mayor preocupa a la población. Si bien el aumento en el número de delitos cometidos es una constante desde el comienzo de los años 90’, se ha instalado en la conciencia colectiva, que los gobiernos frentistas han sido campo fértil para la delincuencia, que la policía esta maniatada, y que los delincuentes entran por una puerta y salen por otra. La gente compara como vivía hace 25 o 50 años, pensando que se puede volver el tiempo atrás, y en la comparación “mágica” pierde el actual gobierno. Esto se da en un contexto en el que el salario de los policías y las partidas presupuestales han aumentado sustancialmente.

Como también aumentó sustancialmente el salario de maestros y docentes y el porcentaje del presupuesto destinado a Educación. No obstante, esto no se ha traducido en mejores indicadores de aprendizaje, sino que, por el contrario, especialmente en Montevideo, la educación pública –especialmente en ciertos barrios de Montevideo- , es reproductora de desigualdades y estigmatización sociales que afectan negativamente a las clases sociales con mayor grado de vulneración de derechos.

La mayor innovación en la materia ha sido el Plan Ceibal, que entregando una computadora por alumno de Primaria, busca achicar la brecha en el acceso a tecnologías de la información.

La reforma del sistema de salud, con el Sistema Nacional Integrado de Salud, presenta cuellos de botella difíciles de solucionar, en el acceso a especialistas que brinden turnos en tiempo y forma a los pacientes, y con el subsistema público corriendo de atrás al privado. También hay problemas en la gestión de las cárceles, que son centros de pauperización y degradación humana.

El escenario para junio y octubre de 2019

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En este contexto, el Frente se presenta a las elecciones con cuatro precandidatos, de los cuales, el próximo 30 de junio, quedara uno como el candidato o candidata presidencial. Se trata de Daniel Martínez, un ingeniero que fue hasta hace poco Intendente de Montevideo (algo así como el Jefe de Gobierno de CABA) y previamente había sido Ministro de Industria y Presidente de ANCAP, la petrolera estatal. Integrante del Partido Socialista, las encuestas lo señalan como favorito, con un 40% de intención de voto en la interna frentista. Segunda se ubica Carolina Cosse, también ingeniera, pero del MPP, el sector de Mujica. Es la Ministra de Industria y Energía y antes fue Presidenta de ANTEL, la compañía estatal de telefonía. Más atrás viene Oscar Andrade, sindicalista (del área de la construcción) e integrante del Partido Comunista, que también supo ocupar una banca de Diputado. Por último, Mario Bergara, economista, cuyo cargo más reciente fue como Presidente del Banco Central, pero que ha formado parte del equipo económico de gobierno casi desde el 2005. Se presenta como candidato independiente, es decir, sin un sector propio.

En disputa por la presidencia con el Frente, en una más que probable segunda vuelta, aparece el Partido Nacional, los blancos. De fuerte arraigo en el interior del país, es un partido tradicionalista, americanista, y liberal económicamente. Luis Lacalle Pou, quien ya fuera su candidato en 2014, encabeza la interna blanca. Es Senador, fue Diputado, y es hijo del ex Presidente Luis Lacalle (1990-95) Segundo se ubica Juan Sartori, una de las dos granes sorpresa de esta elección. Se trata de un millonario, o multimillonario, propietario de un equipo de fútbol inglés, que era prácticamente desconocido en el país, donde ni siquiera vivía, hasta hace pocos meses. Con una campaña política alegre y descontracturada, y mucha plata para gastar, parece ser el “Macri” uruguayo. Desplazó al tercer lugar al, también, Senador Jorge Larrañaga, quien fuera candidato a la presidencia en 2004, y luego ha perdido las internas de 2009 y 2014. Cuarto y sin chances se ubica el actual Intendente (Gobernador) de Maldonado, Enrique Antía.

Tercero en las encuestas para octubre aparece el Partido Colorado, el otro partido tradicional uruguayo junto al Nacional. Quien encabeza su interna es el dos veces ex Presidente, Julio María Sanguinetti, a sus 80 años. Segundo se ubica Ernesto Talvi, economista ultra-liberal.

Cuarto, en intención de voto, se ubica Cabildo Abierto, la otra gran sorpresa electoral, por ser un partido de muy reciente formación. Lleva como candidato único a la presidencia al ex General y ex Comandante en Jefe del Ejército, Guido Manini Ríos.  Fue destituido de su cargo por Tabaré Vazquez el pasado 12 de marzo, luego de elevar un informe muy crítico contra el Poder Judicial, por sentencias en casos de violaciones a los Derechos Humanos en la Dictadura; si bien no fue el primero de los choques que tuvo con el Ejecutivo. Para mucha gente su atractivo radica en que es alguien “incontaminado” por la política, que habla claro, y por su profesión militar ven como idóneo para restaurar el orden y la seguridad.

Más atrás, peleando por entrar al Parlamento, vienen el Partido Independiente (de centro/centro izquierda) el Partido de la Gente (derecha) y Asamblea Popular (izquierda radical)

En un escenario de ballotage, quedan pocas dudas que los dirigentes y votantes colorados, de Manini y del Partido de la Gente se volcarían hacia el candidato del Partido Nacional; mientras que es una incógnita saber cómo se repartiría el voto de los votantes del PI y AP