No existen impuestos al trabajo. Hay aportes patronales para las prestaciones sociales

Escribe: Rubén Ciani*

En la actual coyuntura de recesión y despidos, vuelve el debate para reducir el “impuesto al trabajo”.

Sin embargo, en los 90 en un contexto de elevado crecimiento, luego de la disminución de las contribuciones patronales, el incremento del empleo total fue muy bajo y más débil aún el del empleo formal.

La referencia “impuestos al trabajo” es un eufemismo con el cual se nombra en Argentina a las contribuciones y aportes patronales para las prestaciones sociales, esencialmente jubilaciones y pensiones.

Si bien ambos, impuestos y contribuciones, son tributos, la diferencia es que los impuestos son cargas públicas sin contraprestación directa. Por ejemplo en el Impuesto a las Ganancias, su recaudación se deriva a las rentas generales que el Estado utiliza para proveer bienes públicos, como el Sistema Judicial o el sistema de Salud Pública, que es consumida por toda la sociedad en conjunto.

En cambio, las contribuciones se derivan a beneficios especiales individualizados, como es el caso de la jubilación. Es éste,  las empresas aportan un porcentaje que está en relación al costo laboral de cada uno de sus trabajadores. El destino de esa contribución es una Caja Previsional (actualmente administrada por el ANSES), que asignará a cada trabajador, en su pasividad laboral, una remuneración acorde con los ingresos salariales en su periodo de actividad laboral.

Ese sería el mecanismo y el objetivo teórico del sistema previsional,  donde se derivan las contribuciones patronales, conjuntamente con los aportes obligatorios que también realizan los trabajadores.

De aquellos conceptos teóricos, se pueden establecer dos definiciones para la contribución patronal: a) Es parte del costo laboral imputado en la actividad económica, por el contrario  no es pérdida de beneficio empresario como  si lo es el impuesto; b) Es salario diferido para el trabajador, se puede categorizar como un ahorro presente para su consumo futuro.

Si bien es cierto, que la situación fáctica del sistema previsional de base solidaria, que rige en Argentina, se encuentra lejos de su funcionamiento conceptual; también es real que es objetivo de los sectores concentrados es desfinanciarlo y en su óptimo primario, su sustitución  por un régimen de fondos particulares.

En general se esgrime como causa positiva para alcanzar aquel optimo primario, que su “costo” afecta negativamente al empleo formal, limitando la demanda de trabajo o incentivando el empleo informal, como lo muestra  la nota explicativa de la ley de reforma previsional elevada al Congreso por el gobierno de Macri, cuando dice:   “… el sistema tributario y de protección social imperante hasta la fecha no ha logrado generar empleo de calidad aún en períodos de crecimiento económico. Esto se ha reflejado en altos niveles de informalidad laboral, en la sub – declaración de remuneraciones y en una reducida creación de empleo registrado. … uno de los problemas principales que encuentran las empresas en nuestro país a la hora de contratar trabajadores es el elevado costo laboral que implican las cargas sociales, que en Argentina… muy por encima del promedio de América Latina” (Mensaje de elevación MEN-2017-126-A PN-PTE, pg. 2115/11/2017).

Sin embargo, los datos históricos no apoyan esa afirmación: “Cavallo quien en 1993 redujera las contribuciones en un 50% esgrimiendo los mismos argumentos virtuosos que hoy presenta el macrismo. Argumentos que como ya dijéramos no solo no se cumplieron, sino que instalaron una bomba de tiempo que destruyó las cuentas públicas, dando curso a una espiral de endeudamiento que nos llevó a la crisis externa del año 2001” (Lozano, IPPYP, 2017).

Concordante con la aseveración previa, los datos de empleo muestran un camino diferente al promovido: “En los 90, y luego de la disminución de las contribuciones patronales y en un contexto de elevado crecimiento, el incremento del empleo total fue muy bajo (reducida elasticidad) y más débil aún el del empleo formal. Por el contrario, la informalidad laboral se incrementó sostenidamente durante esa década. En particular…entre 1991 y 2004 la informalidad entre los asalariados del sector privado (excluyendo servicio doméstico) del Gran Buenos Aires se incrementó en aproximadamente 6 puntos porcentuales (p.p.) mientras que las contribuciones eran 10.5 p.p. inferiores” (Beccaria, Maurizio, 2017).

Este fracaso de la reforma previsional de los noventa, que redujo sensiblemente las contribuciones patronales, sin generar una estabilización del empleo en el país, es uno de las causas que dan vida al eufemismo de “impuesto al trabajo”, utilizado por el neoliberalismo del siglo XXI.

En la actualidad, aparece una nueva propuesta que no se asocia al empleo, sino al ingreso de los trabajadores. Esta impulsa la reducción de impuesto al trabajo y su reparto entre los trabajadores.

No queda claro  el mecanismo de transferencia, pero se pueden diseñar algunos escenarios sobre el mismo y definir sus consecuencias:

  1. Transferir la reducción de las contribuciones patronales (CP) como parte del salario a los trabajadores. En una primera instancia, el costo laboral permanecería invariable para el empresario y el trabajador incrementaría su salario con ahorro futuro. Queda como interrogante, como aseguramos que ese ahorro no se transforme en parte de un salario que luego disminuya en términos reales.
  2. Transferir la reducción de las Contribuciones Patronales como una asignación especial del trabajador, independiente del salario. El costo laboral para el empresario permanecería invariable; mientras el trabajador aseguraría que dicha asignación se mantenga en términos salariales.

En ambos casos, quedan implícitos grandes riesgos para los trabajadores. En la opción a, como queda expresado, el aumento salarial puede ser absorbido en el tiempo, siendo solo una estrategia de baja del costo laboral. En la opción b puede ser el preludio de una nueva implementación de las AFJP, que como sabemos además de eliminar el tono solidario y equitativo del actual sistema previsional, tiene como contrapartida en gran negocio financiero.

En la primera opción, aumentaría el déficit del ANSES. Es posible, que el aumento del consumo que implica el reparto presente de los ahorros previsionales del trabajador, genere mayores ingresos impositivos para mantener equilibrado el ANSES.  Sin embargo, el esquema solo cierra con el mantenimiento de un sistema regresivo de impuestos como el actual, que se basa en el IVA que pagan los trabajadores para reponer su fuerza de trabajo.

En suma, con el término impuesto se quiere bajar las contribuciones patronales para la jubilación, algo que ya sucedió en Argentina con malos resultados. La novedad de distribución entre los trabajadores, nada tiene que ver con una política progresista, porque lo que estamos haciendo es disminuir sus ahorros. No queda claro si esta disminución se traslada en el futuro a una baja real del costo laboral y a la reimplantación solapada del régimen de AFJP.

*Rubén Ciani, Licenciado en Economía. Investigador del ISEPCi

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