Octubre de 2019, un punto de inflexión en nuestra Historia.

Comentarios sobre la revuelta popular en Chile

Escribe: Héctor Testa Ferreyra (Reproducida de Revista De Frente, Chile)*


Los sucesos de los últimos días en nuestro país se han precipitado con una velocidad y gravedad impensada, que exige de todas las vocaciones democráticas, del pueblo en general, y en especial de la ciudadanía movilizada y las militancias por la transformación social, el máximo de nuestros esfuerzos por tener las mayores claridades posibles. Con esto como objetivo, les comparto una serie de apuntes y reflexiones escritas a la rápida y al andar de estos días que, por cierto, todas y todos hemos vivido con una intensidad extrema. Ya habrán tiempos para mayores detalles y pormenores, por mientras, aquí un punteo acorde a las urgencias de análisis más inmediatas.

1. Algunas palabras sobre la historia y contexto previo. Lo que aquí se vive es una revuelta popular generalizada, que ha puesto en la escena pública y en las calles, la sumatoria total de hastíos, descontentos, malestares, indignaciones, emputecimientos e iras contenidas en años y años de modelo neoliberal y un régimen político, social y económico excluyente, antidemocrático y antipopular. A diferencia de lo que vienen afirmando las elites, la clase política y las referencias públicas (intelectuales, políticas, mediáticas) defensoras del modelo, se trata de un estallido que era totalmente esperable que sucediera, atendida la acumulación incesante y creciente de causas y motivos, aunque, claro, era imposible presagiar sus modos y tiempos. Tanto por cuestiones estructurales al modelo económico y social, como por el cerrazón y carácter excluyente y encapsulado de nuestro régimen político, institucional, constitucional, esto ha provocado una profundísima y muy densa sumatoria de factores, que ahora detona, como suelen pasar estas cosas en la historia, por un asunto puntual y acotado, pero que pudo haber sido por innumerables motivos más y, de hecho, desde hace mucho antes. El “Chile se cansó” da muestras de eso: habrá quienes, “sorprendidos” harán gran esfuerzo por entender lo que sucede, cuando en verdad debieran preguntarse primero el por qué no ha sucedido antes, y cómo y por qué han desoído todas las advertencias que han habido desde hace años de que esto se vendría.

 

2. La progresiva decadencia de este modelo y régimen viene hace años mostrándose de tanto en tanto en la escena nacional: las demandas por educación, salud, previsión, las luchas socioambientales, las demandas regionalistas por descentralización, la causa mapuche, el repudio a la corrupción estatal y privada sistemática y una clase política y empresarial enclaustrada y que ha dado infinitas veces muestras de descaro y desfachatez. La soberbia y arrogancia de las elites, y un espacio público dominado por un oligopolio mediático extremadamente cerrado y controlado por aquellas, ha hecho que esto pille “de sorpresa” a los actores que han controlado el país desde hace 46 años, primero con la unilateralidad extrema de la Dictadura, luego con un régimen pactado semi o cuasi democrático bajo control de una minoría de enorme poder y riquezas. La brecha ya insuperable entre esa minoría y las mayorías sociales del país ha provocado que el desborde popular en curso contenga una radicalidad prácticamente imposible de procesar por la institucionalidad y el orden establecido. En lo más concreto, por dentro de los cauces y mecanismos constitucionales vigentes no habrá salida efectiva de esta crisis, y toda iniciativa que intente hacerlo dentro de ellos, será sólo, con mucho, un aplazamiento de poca proyección temporal.

 

3. En un sistema que, más allá de las apariencias y de su indesmentible capacidad para extraer enormes riquezas desde los territorios y las mayorías trabajadoras, contiene en sí innumerables causas de fragilidad e inestabilidad potencial, una tras otra, las acciones y medidas de los distintos poderes frente a la revuelta popular de estos días, la ha venido profundizando y agravando a más no poder. En el transcurso de una semana, una aparentemente localizada convocatoria desde el movimiento estudiantil santiaguino a evadir el pasaje en el Metro santiaguino, se ha convertido en la revuelta popular más grande desde la caída de la Dictadura, con consecuencias difíciles de ponderar aún, pero que, sin duda, marca un hito de inflexión en la trayectoria histórica de nuestro país. Parece increíble que una convocatoria emanada en el contexto de las movilizaciones estudiantiles que hace meses se lleva a cabo desde los liceos emblemáticos del centro de Santiago, y en particular de un azotado Instituto Nacional que ha sufrido meses de durísima represión y violencia policial, haya decantado, en sólo días, en una declaratoria de Estado de Excepción Constitucional de Emergencia y toques de queda en varias regiones del país, generando, en la práctica, un verdadero cogobierno civil – militar totalmente impensado hasta hace una semana.

 

4. En tal inestabilización del régimen vigente en nuestro país, resulta importante atender e intentar comprender las tensiones y los conflictos internos a las elites y clases dominantes y sus distintos poderes e instancias. Una enumeración de estos actores no está de más: el Gobierno de los partidos de derechas, el alto empresariado y sus grupos económicos, las Fuerzas Armadas y policías, los medios de la prensa oligopólica y los espacios intelectuales e ideológicos del bloque dominante. A diferencia de los momentos donde el orden y la estabilidad de un sistema prevalecen, y por tanto, los intereses, posiciones y proyectos de los distintos actores tiende a confluir, o al menos no ser contradictorios, en momentos como el actual las posibles conflictividades en el seno del polo dominante tienden a acentuarse, haciendo que cada uno de esos actores tienda a velar por sus propios intereses y necesidades, a veces, tensionándolos con los del régimen en su conjunto.

 

Desde ahí hay que leer, por ejemplo, las, por decirlo de algún modo, “raras” actuaciones que se han visto desde las cúpulas militares hacia el Gobierno, o los silencios públicos de las dirigencias empresariales. El resultado, una situación de desgobierno y pérdida de unidad política de las elites. Por ahora, dichas tensiones no aparecen mucho de manera explícita en la escena pública, pero sin duda, tras y fuera de las cámaras y micrófonos, sus diferencias de posición no son menores. Es muchísimo lo que está en juego, y las elites de distinto tipo están teniendo no pocas contradicciones sobre cómo abordar este reventón social, en el marco de un Estado de Excepción que suspende la vigencia de la Constitución (que es “su” Constitución!), y produce una sensación, para nada exagerada, de un verdadero “autogolpe”, desordenado y caótico, ejecutado por los actores políticos y militares al mando de la situación en el país. Pero el pueblo no se ha dejado intimidar: en un hecho histórico pocas veces visto en la historia mundial reciente, amplias franjas sociales simplemente han desacatado las medidas del Estado de Excepción «de Emergencia» y los toques de queda decretados por la autoridad militar.

 

5. Una revuelta popular como la que se está viviendo en Chile es extraordinaria no sólo por sus magnitudes, radicalidad y combatividad, si no por el rol y lugar que ha ocupado nuestro país en el concierto mundial desde la instauración del modelo neoliberal. Es sabido: el modelo chileno ha sido puesto como una referencia de rango global, por la sistematicidad y profundidad de la instalación de un modelo ultra capitalista iniciado con la Dictadura y continuado y perfeccionado durante los gobiernos de la Concertación y luego la dupla sucesiva Bachelet – Piñera. En un momento altamente delicado para el capitalismo global, por un lado, y para la hegemonía de Estados Unidos dentro de él, por el otro, una eventual desestabilización del modelo económico chileno puede tener repercusiones insospechadas a nivel regional y mundial.

 

Por lo pronto, es de esperar las consecuencias que esto tendrá en variables como la cotización del peso chileno, los movimientos financieros y bursátiles, y el “riesgo país” que con certeza se moverá al alza. Los grandes capitales transnacionales, el Gobierno de Estados Unidos y demás actores de la escena económica y política global, en especial aquellos del espacio “occidental” hegemonizado por los poderes estadounidenses, ya están mirando con atención preferencial lo que está pasando en Chile, alumno y aliado preferencial de sus intereses. Sin menospreciar las protestas y revueltas en otros países, la que está sucediendo en nuestro país, verdadero laboratorio y “joya de la corona” del neoliberalismo a nivel mundial, puede tener una incidencia muy significativa e insospechada más allá de nuestras fronteras. Y no está de más recordar que en unas pocas semanas más se realiza en nuestro país la Cumbre APEC, y luego, la de la COP 25. Un escenario altamente favorable a la visibilidad externa de una movilización y revuelta popular como la que se está viviendo, y altamente complejo para el Gobierno y sus alianzas exteriores.

 

6. Para el movimiento social, para las organizaciones y movimientos populares, para las fuerzas políticas genuinamente progresistas y de izquierdas, una serie de desafíos de alta magnitud, cuyo abordaje puede determinar en buen grado el desarrollo de los acontecimientos en curso. Con un bloque dominante internamente tensionado y en progresiva pérdida de su unidad y cohesión, la acción del conjunto de los actores del campo popular tiene una extraordinaria oportunidad para concretar y hacer avanzar y madurar los anhelos populares desplegados en estos días. El proyectar la efervescencia social en desarrollo organizativo y convicción de que no hay vuelta atrás, la cristalización del conjunto de las demandas y anhelos mayoritarios en un programa de reivindicaciones y propuestas claras y reconocibles por el conjunto del pueblo, el desmantelar las campañas del miedo y las manipulaciones que sistemáticamente se vienen difundiendo desde la prensa dominante y visibilizarla y denunciarla como parte de los actores que atentan contra una resolución positiva de la crisis en curso, parecen como las cuestiones más urgentes.

 

Apuntar hacia el núcleo del orden y régimen vigente, hacia los pilares del modelo económico y de la Constitución y las leyes principales que rigen la vida de nuestro pueblo, como es sabido, muchas de ellas derivadas de la Dictadura con cambios no sustantivos cuando no de profundización y agravamiento antipopular, resulta como lo evidente. Es, ahora sí, un escenario desde donde se puede proyectar un proceso constituyente que decante en la convocatoria a una Asamblea Constituyente y una Nueva Constitución refundacional. Para aquello, la movilización social y popular debe tender a interpelar a lo más alto, a las máximas dirigencias políticas y la institucionalidad constituida, exigir pronunciamientos y tomas de posición ante la crisis desatada. Mostrar y convencer lo que hasta hace poco era impensado: El movimiento popular que se ha configurado, plural, multifacético, altamente combativo y convencido de lo justo de la revuelta desatada, sin representaciones que puedan contener o “negociar” salidas que no estén a la altura de la crisis, es el único actor que puede ofrecer la vuelta a una normalidad y paz social básica, y darle una salida política efectiva a los problemas ya multiplicados que aquejan a la República, irremediables bajo este orden institucional y bajo conducción de las elites hasta ahora gobernantes.

 

7. En el transcurso de redacción de estas líneas, el Presidente Piñera ha señalado que «estamos en guerra». El General Iturrieta, Jefe de zona para la Región Metropolitana, en lo público se desmarcó desautorizando lo dicho por el primer mandatario del país. Mientras se termina de escribir este texto, el cogobierno de Piñera y las autoridades militares adelantaron el toque de queda en Santiago, para las 18 horas. Similares medidas se vienen tomando, y seguramente seguirán tomando, en otras regiones del país. Pero, nuevamente, el Pueblo se ha volcado por cientos de miles a las calles, plazas y barrios del país. El Gobierno, en respuesta, postergó el toque de queda hasta las 20 horas. Numerosos sindicatos de trabajadores vienen anunciando paralizaciones, incluyendo algunos que tienen un valor estratégico inconmensurable: portuarios, mineros, transporte. Organizaciones sociales de diverso tipo están en estado de movilización permanente, y abundan las asambleas, reuniones, e iniciativas populares de mútiples formas y ámbitos de acción. Es, en los hechos, una sublevación popular ante una crisis labrada y detonada por las propias elites y clases dominantes. Sin duda, esta Historia, con letras grandes y gloriosas, seguirá escribiéndose en los días y semanas que vienen. Para el pueblo de Chile, sus organizaciones, movimientos, y voluntades genuinas de cambio y transformación, el desafío es ganar, y está todo para aquello. Claridad, luz, unidad, comprensión del momento, acciones decididas y que produzcan irreversibilidad y avance popular, construcción de demandas y propuestas, no dejarse amedrentar por la represión y militarización, ni quedarse con concesiones menores y parciales.

Que el Mundo lo sepa, que esto no tiene vuelta atrás: Nos cansamos, Chile despertó.
Desde la primavera chilena, octubre de 2019.

*Héctor Testa Ferreyra

Abogado. Investigador en temas de Nuestra América, Derecho Constitucional, y teoría política.

Octubre de 2019, un punto de inflexión en nuestra Historia. Comentarios sobre la revuelta popular en Chile