Elecciones en Bolivia el 20 de octubre pasado. Evo ya fue proclamado Presidente por un nuevo mandato con todas las reglas. Ninguna de las denuncias de supuesto fraude aportó pruebas válidas. No obstante aportamos dos notas del portal Nodal*, (esta reproducida a su vez de La Epoca) que contienen opiniones con algunos matices diferentes.

Bolivia acaba de llevar adelante su tercera elección general desde la fundación del Estado Plurinacional. Y Evo Morales también acaba de enfrentar sub cuarta participación en las elecciones más difíciles desde 2005, cuando por vez primera se anotó, con el más amplio protagonismo de los movimientos sociales, un histórico triunfo.

Hoy, Morales, está por conquistar otro triunfo histórico, en condiciones difíciles, gracias a la lealtad del voto de las poblaciones del área rural dispersa, que son los que le dan la posibilidad de ampliar su ventaja que tenía al conocerse el primer boletín del Tribunal Supremo Electoral (TSE). Y, ni que decir, de la votación favorable que logró en Argentina (un 82 a favor), que es el país donde más población migrante de bolivianos y bolivianas existe en el exterior.

Todos sabían que las elecciones de este domingo 20 de octubre eran las más complejas y difíciles para el líder indígena y el Proceso de Cambio. Una combinación de causas internas y externas convertían a estas elecciones como el escollo a vencer desde una perspectiva boliviana y de la relación de fuerzas en América Latina, particularmente de la región sudamericana.

Internamente Morales enfrentó una arremetida mediática desde que es presidente, pero que se elevó en intensidad desde poco antes del referéndum del 21 de febrero de 2016 y que se ha mantenido en todos estos años con el objetivo de deteriorar su imagen ante la población. Esta ofensiva opositora, lastimosamente encontró terreno fértil en el retorno a la pasividad de los movimientos sociales, denuncias de corrupción no desmontadas oportunamente y la ausencia de un trabajo político e ideológico sostenido ante la población.

Externamente, está la contraofensiva imperial en América Latina para desbaratar a los gobiernos progresistas y de izquierda, con el objetivo geopolítico estratégico de contrarrestar desde este continente la pérdida de hegemonía mundial.

Las elecciones en Bolivia se dieron en un contexto de turbulencia en la región sudamericana: sublevación popular ante las medidas neoliberales de Lenin Moreno en Ecuador y de Sebastián Piñera en Chile, y de una sublevación democrática en la Argentina contra la bancarrota económica y social provocada por Macri. En los tres casos se trata de países en los que sus gobiernos han seguido al pie de la letra los dictados del Fondo Monetario Internacional (FMI).

La diferencia de votos no ha sido mucha, pero si la suficiente para que Evo Morales sea reelecto por cuarta vez consecutiva. Sin embargo, se abre el riesgo de violencia generada desde la oposición, que a través del candidato Mesa anuncio que habría segunda vuelta.

El gobierno indígena va a tener que enfrentar un nivel de agresión interna y externa similar a las experimentadas por los gobiernos de Venezuela y Nicaragua cuyos presidentes han sido declarados como “ilegítimos” como parte de la estrategia estadounidense de desestabilización.

Como siempre, como toda revolución, el presente y futuro estará en manos de los más humildes. Evo lo volvió a decir en la noche del domingo.

La Época

Triunfo de Evo y la respuesta desestabilizadora – La Época, Bolivia